La reciente reforma laboral tiene defensores y detractores, como es habitual en normativas que afectan de diferente forma a los agentes económicos. Sin embargo, si una normativa es acertada debería obtener un cierto consenso entre los expertos sobre el tema. Lo primero en que hay bastante consenso es que esta reforma laboral no creará empleo. Despedir más barato o de forma más sencilla no parece que sea una forma de crear empleo, más bien lo contrario.
Primar los convenios de empresa sobre los de rango superior es algo muy peligroso, dado que el poder de negociación de los empleados con los propietarios de empresa no está equilibrado. Está claro que los sindicatos mayoritarios no representan a gran parte de trabajadores, a los parados ni a los autónomos dependientes o no. También opino que se han convertido en organizaciones burocratizadas que dejan el riesgo de perder el empleo en las manos de sus delegados sindicales, que en las pequeñas empresas arriesgan mucho a cambio de casi nada. Sin embargo, dejar la negociación colectiva en manos de la patronal es un desacierto de impredecibles consecuencias.
Para generar empleo hay que acabar de una vez por todas con la dualidad existente, con empleados antiguos con derechos fuertes y desempleados y trabajadores sin apenas protección. Peor el camino es igualar subiendo derechos de unos y bajando el de otros, de una forma equilibrada. Lo que hace la reforma es, simplemente, reducir los derechos de los trabajadores indefinidos sin aumentar en nada los de los temporales y precarios. Así cualquier elimina dualidades, a la baja.


