Pau A. Monserrat, Autor en Blog del Euribor
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La culpa sigue siendo del cliente bancario ¿o no?

PiratasDebo confesar que ni soy ni pretendo ser independiente en cuanto a mis análisis, sino transparente y veraz. Ni soy capaz ni pretendo ponerme en una posición equidistante de pensamiento a la hora de hablar de entidades financieras y clientes.

Si consultamos a profesionales con experiencia en el sector financiero, jurídico o asegurador cuyos ingresos no dependen de forma directa o indirecta de la banca, como yo hago habitualmente, encontraremos un patrón claro en sus conclusiones respecto al negocio bancario: sigue siendo un verdadero despropósito, no hay apenas iniciativas de cambio y se sigue intentando y logrando aprovecharse de los clientes cautivos.

A estas alturas de la película, con un rescate a la banca nacionalizada, a la necesitada  y a la “sana” (Sareb, ayudas fiscales, etcétera) de un importe mayor a los 200.000 millones de euros (si sumamos ayudas directas, avales y demás dádivas públicas), uno le diría a los directivos de los bancos, gestores de Sareb, presidentes del Banco de España y de la CNMV:

¿Por qué no te callas?

O en términos menos del pueblo llano ‘Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra‘.

En mi día a día me sigo encontrando con clientes afectados por preferentes que defienden que el del banco no sabía que le haría perder dinero (lo cual, por ser cierto, no le quita culpabilidad por colocarla sin atender a las obligaciones que establece la MiFid y normativa al respecto), además de afectados por la contratación del extremadamente arriesgado préstamo hipotecario multidivisas que, en lugar de estar indignados con el banco, se sienten avergonzados de no haber sabido el riesgo que asumían con su contratación.

Opiniones, cada uno tiene una, pero no es opinión la tergiversación de los hechos o las ideas expresadas fruto del desconocimiento, el prejuicio o, directamente, la ignorancia. Mi opinión formada e informada, contrastada con la teoría y práctica, la explico de forma profusa en mi libro ‘La banca culpable” (podéis leer las primeras páginas para haceros una idea de mi pensamiento al respecto). Pero no soy ni el primero ni el último que emite opiniones sobre el tema.

Desgraciadamente, pese a que el cliente debería tener muy claro que la culpa es principalmente de la banca, de nuestros políticos y los politizados supervisores (Banco de España y CNMV, como nos explican con meridiana claridad los autores del nuevo libro ¿Hay derecho?), el estado de opinión mediática sigue incidiendo en la responsabilidad individual de los clientes. Mensajes como:

Los preferentistas querían ganar más intereses de lo que ofrecían los depósitos.

Los que pidieron una hipoteca podrían haberse ido de alquiler y ahora pagan por haberse arriesgado demasiado.

Estoy seguro que estas ideas han calado incluso entre los lectores de este blog; a fin de cuentas, una mentira escondida entre una verdad funciona mejor que una falsedad total.

Hasta los listos de la Comisión Europea cargaron al final contra la falta de utilidad supervisora del Banco de España, con una contundente afirmación de Durao Barroso: “Siempre que preguntábamos como estaba la banca y las cajas, la respuesta era que estaba todo perfecto y que el Banco de España era el mejor banco central del mundo”. ¿Ha cambiado la utilidad del Banco Central? En absoluto; sigue haciendo cosas tan útiles como emitir circulares sobre la concesión responsable de hipotecas, que juraría no se ha leído casi ningún director de nuestras oficinas bancarias.

En la CNMV tenemos a Elvira Rodríguez, economista adscrita al PP, independiente presidenta del supervisor que tan buen trabajo hizo cuando se colocaban obligaciones subordinadas o participaciones preferentes al cliente minorista. Hace poco se atrevió a reconocer que previsiblemente las polémicas participaciones preferentes de las cajas de ahorros no se hubiesen prohibido tampoco con la nueva normativa europea impulsada debido a la crisis. Vamos, que seguimos exactamente igual de desamparados.

En el esperpento caro para el contribuyente y conveniente para las cajas y bancos patrios (sanos y enfermos) que es la Sareb tampoco nos deja de regar con afirmaciones de su sobrepagada presidenta, como que la Sareb debe ser un “agente respetado” en el mercado, para lo que tiene que cumplir una serie de condiciones, entre las que figuran entender el mercado, tener procesos propios, hacerlos claros y visibles y ayudar a otros a entender lo que se quiere alcanzar con los activos. Eso cuando no se mete en otros fregados como el del empleo: “Hay mucha gente joven en España que se ha ido a trabajar fuera. Desde mi punto de vista, esto no es algo negativo. Ayuda mucho a España, porque ayuda a la sociedad a abrirse. Necesitamos aprender idiomas y viajar más de lo que lo hacemos, necesitamos entender otras culturas“. Le recomiendo que sea ella la que se vaya a ofrecer sus servicios al extranjero (a poder ser no con un sueldo que paguemos todos los españoles,ni de forma directa ni indirecta).

Aparte de los voceros bancarios mencionados, siento ser tan crudo pero es lo que pienso (eso sí es opinión personal), tenemos otros muy peligrosos, dado que sus informes se utilizan el los Tribunales para defender lo indefendible: por ejemplo el CESCO. Cuendo responde a sus críticos, se llena de brea y plumas: “El Cesco siempre defiende y defenderá los intereses de los consumidores, pero no de los listillos que especularon a ser más listos que los demás, que quisieron comprar duros a cuatro pesetas mientras los demás los comprábamos por cinco, que si hubieran ganado en la especulación no hubieran repartido el premio, pero ahora quieren repartir la pérdida a contribuyentes, depositarios, accionistas de entidades del FROB, empleados de estas entidades en curso de irse a la calle por un ERE, a todos los españoles en general, no a la banca, porque no hay banqueros – distintos de contribuyentes y empleados- en la banca del FROB“.

Me temo que no estamos ganando la batalla a la banca ni en materia de dinero (que nos está desangrando como contribuyentes) ni en materia de opinión pública (al menos no del todo). Sin embargo, antes que tarde, las víctimas serán reconocidas y los culpables, señalados. Lo del dinero ya me temo que será una batalla más complicada de ganar, pero eso es otra historia, de rescates.

Escrito por Pau A. Monserrat el 10 de julio de 2014 con 53 comentarios
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Podemos, ¿podemos?

CapturaEl recién nacido partido ‘Podemos‘ acaba de dar una lección a propios y ajenos de como con pocos medios económicos y la ayuda vía tertulias de determinados medios de comunicación, se puede dar un susto, y de los fuertes, a los partidos grandes y aparentemente consolidados.

Antes de nada, como es público, decir que mi apoyo en materia de medidas económicas, al menos en la parte de la banca, se la dí al Partido X. Dicho está, para que los malpensados que crean que uno no puede analizar realidades económicas objetivamente. Podemos, podemos.

Este artículo va a ser lo menos político posible y lo más económico factible. Siempre que me sea posible diferenciar dos realidades muy imbricadas. Estoy encantado de que el bipartidismo en España haga aguas, por muy peligroso que sea la disgregación del voto; el peligro estriba en que los partidos hagan mal su trabajo y no lleguen a alianzas en pro del bien del ciudadano. Pero dado que los dos mayoritarios llegaron a acuerdos nefastos para el bolsillo del contribuyente, como la reforma de la Constitución o el vergonzoso rescate bancario (nefasto para el contribuyente), prefiero el riesgo a que se hagan las cosas mal, a la certeza.

Dejada clara mi posición de partida, para evitar ataques innecesarios a mi persona o ideas, lo cual tampoco es que me parezca mal, que de todo se aprende, voy a hacer una advertencia previa y explicación posterior de la alerta: cuidado con las promesas electorales, con las medidas que pone cada partido en sus programas. No vayan a cometer los partidos nuevos el mismo pecado que hemos castigado los votantes de los vetustos compañeros mayores: prometer lo que no se va a poder cumplir.

Dado que ‘Podemos’ ha sido la revelación de las elecciones europeas, le ha tocado sufrir el látigo de mi mente económica perversa. Ninguna animadversión tengo por esta agrupación de activistas y votantes con ganas de cambiar el mundo que nos ha tocado vivir. Pero la popularidad tiene un precio; en este caso, aguantar el escrutinio de un humilde economista de provincias.

Muchos otros medios ya han hecho lo propio, así que trataré de ser lo más original y fiel a mis conocimientos posible, además de centrarme en las soluciones mágicas, dejando las terrenales para que cada uno los estudie en el programa con tranquilidad. Por tanto, repito, criticaré las que menos sentido o posibilidad de ser implementadas tienen, a mi criterio, no las más acertadas, que las habrá.

Reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales y de la edad de jubilación a 60 años, como mecanismos para redistribuir equitativamente el trabajo y la riqueza, favoreciendo la conciliación familiar.”

Vamos a ver ¿podemos?

Básicamente, no. Encontrad un economista y experto en el sistema de pensiones, cuyo sistema es el de reparto (pagamos los trabajadores actuales a los pensionistas actuales), que diga que podemos rebajar la edad de jubilación y cómo, y que tenga datos creíbles, claro, y seré el primero en alegrarme y desdecirme. Uno defenderá que este cambio va a ser posible por el rejuvenecimiento de la población, la creación de trabajo extraordinaria o algún escenario futuro imaginado. Pero, de momento, no debemos.

La jornada laboral de 35 horas suena muy bien. O de 25, prometería yo luchar por ella. Sin embargo, esta sí que es una medida inútil, siento ser tan sincero. Estamos con un paro del 25,3% EPA y la propuesta es que trabajemos todos menos horas. Suena muy buena idea, pero sin ningún sentido hasta que no tengamos una economía competitiva, con empresas que produzcan bienes y servicios de alto valor, de mano de obra cualificada y cuyo valor añadido puede competir con el mundo. Vamos, que nos quedan unas décadas de hacer las cosas muy bien en materia productiva y educativa, para después aplicar este tipo de medidas. No hay trabajo bien remunerado y, para que lo haya, tendremos que tener en el país empresarios y trabajadores muy cualificados. Reducir la jornada laboral antes de ello sería dispararse en el pié. Al final lo que acabaría ocurriendo es que el trabajo en negro sería aún más alto. El mercado mal regulado sin tener en cuenta los incentivos perversos, acaba encontrando soluciones; soluciones peores que el problema que bien intencionadamente se quiere solucionar. ¿Podemos?, ahora no podemos.

Eliminación de las empresas de trabajo temporal. Absurdo. Una buena normativa y práctica en materia de empresas de colocación hace más transparente el mercado laboral y eso beneficia a los trabajadores, especialmente los que menos contactos y formación tienen. Es la típica miopía del buen rollo: como lo ideal sería que cualquier trabajador encontrara por sí solo trabajo (y bien remunerado), me quito de encima los intermediarios que consiguen trabajo, menos bien remunerado. ¿Podemos?, podemos. Pero no debemos.

Auditoría ciudadana de la deuda pública y privada para delimitar qué partes de éstas pueden ser consideradas ilegítimas para tomar medidas contra los responsables y declarar su impago.”

A simple vista suena bien, igual que derogar el artículo 135 de la Constitución inconstitucional (para mi, claro). En los detalles está el demonio; España es un país que sigue gastando mucho más de lo que ingresa, además de tener una deuda pública muy alta (que el rescate financiero ha ayudado a rematar). Si decidimos no pagar según  qué deudas, sin el acuerdo de los países acreedores, simplemente se nos corta el grifo (y probablemente se acaba el euro). Un país que gasta más o menos lo que ingresa, puede plantearse dejar de pagar unilateralmente deudas. Uno que no es capaz de producir más de lo que gasta, no. ¿Está ‘Podemos’ dispuesto a poner en peligro todo el Estado del Bienestar para “asegurar” el Estado del Bienestar. Lo dudo; es una propuesta que agrada a todos, pero las quitas han de estar debidamente negociadas, en la situación española actual. Ni ‘Podemos’ ni nadie puede plantear hoy en día un impago de la “deuda ilegítima”, que por otro lado, imagino que es un término que concretarán los “auditores”. ¿Pueden? Si acaban con el déficit español y asumen sus consecuencias. No creo que puedan, pero suerte.

Podría seguir y lo haré si el contenido despierta el interés de los amables lectores (para bien o para mal), pero terminaré con una breve reflexión:

Las arenas políticas huelen mal. Hay muchos cadáveres enterrados en ellas y muchos de los gladiadores veteranos hace años que no se duchan. Me encanta que salten al ruedo nuevos contendientes, cuyas ideas están aportando frescura al combate. Pero no me gusta en absoluto que en los programas new age se propongan cosas muy bonitas, sin valorar la posibilidad de conseguirlos, el tiempo que puede llevar y las consecuencias de dichas medidas. De hecho, votar acaba siendo un acto de fe, normalmente en base a las emociones que nos inspira un augusto líder. Las decisiones basadas solo en la razón no son posibles en un escenario de información imperfecta como es la decisión del voto (tengamos en cuenta que hasta que un partido no aplica las medidas, lo que anuncia es meramente literatura); pero tampoco es deseable que el ciudadano vote basándose en sentimientos, si estos sentimientos no van acompañados de información y formación suficientes.

Esperemos que el ‘Podemos’ de ‘Podemos’ no acabe como el ‘Yes we can‘ de Obama. El trabajo en la arena nos lo dirá.

Escrito por Pau A. Monserrat el 27 de mayo de 2014 con 163 comentarios
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Economía insensible

toni2Que vivimos una época crítica en materia económica no es un misterio para nadie. Que además de la crisis económica y financiera, nos encontramos con una crisis de valores y de confianza en el sistema, creo que tampoco.

Cuando un partido político engaña a sus votantes, aplicando medidas que no plasmó en su programa electoral, a sabiendas de que las aplicaría, cuando un banco o caja se aprovecha de la confianza e ignorancia de sus clientes para captar recursos vía participaciones preferentes, cuando una empresa vulnera el derecho de huelga de sus trabajadores, se está comprometiendo la confianza de los ciudadanos y demás agentes económicos. El coste de la desconfianza es muy elevado y medible en dinero, como algún día revelerán los estudios sobre el impacto en la banca de que sus clientes presentes y futuros hayamos dejado de confiar en sus empleados y directivos, por ejemplo.

Hay un concepto para referirse a las consecuencias negativas de no ser una persona o empresa de la que poder confiar: los problemas de compromiso, término acuñado por el economista Robert H. Frank en su obra ‘Passions within reason‘. Este concepto, que dudo se haya explicado en la gran mayoría de clases sufridas por los futuros economistas insensibles (o mejor dicho, insensibilizados), se refiere a la importancia de nuestros sentimientos para enviar mensajes al resto de individuos y hacernos personas en las que confiar. El egoísmo intrínseco al Homo economicus, con el que trabaja gran parte de la economía, simplificación y caricatura del ser humano real que nos permite aplicar la matemática a nuestros modelos de forma más intensa, haría de él una persona de la que desconfiar plenamente. Este tipo de personas jamás lograrían el amor de su pareja, si es que lograra una. Y difícilmente encontraría socios para iniciar un proyecto empresarial, ni clientes que confiaran en su asesoramiento.

Los sentimientos son básicos para el desarrollo de una sociedad y, sin embargo, no se analizan en la carrera de economía. Pensar como un economista se ha intentado limitar a tener una visión analítica, matemática, de la realidad. He estudiado matemáticas, econometría, modelos económicos y un sinfín de disciplinas interesantes para modelar el pensamiento, pero inútiles para muchas de las realidades con las que un economista ha de trabajar y dar soluciones. De psicología, ni una hora,  por poner un ejemplo.

Educar economistas insensibles tiene consecuencias, graves consecuencias para el equilibrio y justicia social. Nos han vendido las bondades de los mercados perfectos, del egoísmo como motor de cambio y de prosperidad mundial. Conceptos que nuestro sentido común discutía, pero que las matemáticas parecían poder amparar, un espejismo fascinante, un equilibrio mental cautivador, pero una patraña. Cuando el ciudadano empieza a ver  que la realidad no tiene nada que ver con las estadísticas que se le muestran, empieza a desconfiar de los economistas. Ciertamente la culpa no siempre es del economista, muchas veces es el político, el vocero sindicalista o de la patronal, el que distorsiona las conclusiones. Pero el economista insensible que le da herramientas para engañar, buena parte de culpa tiene.

Una economía que tiene en cuenta los sentimientos, al igual que ocurre con los individuos, es una economía más inteligente. Un Spock sería un ser incapaz de evolucionar, en ausencia de sentimientos, un ser menos evolucionado que el sensible humano; ciertamente en nuestros sentimientos puede estar el germen de la autodestrucción, pero también de lo contrario.

La distinción entre razón y sentimientos es una ficción absurda y contraproducente, que crea personas desequilibradas y con mayor tendencia a sufrir y hacer sufrir dolencias mentales a los que las tratan. Una economía matemática es tan absurda como una economía emocional pura; ¿cuántos economistas insensibles y, por tanto, desequilibrados, han formado nuestras universidades?

La alegría, aflicción, ira, miedo, sorpresa, repugnancia, amor, culpabilidad, vergüenza, desconcierto, orgullo, envidia o celos nos hacen humanos. Seres humanos. Sentimientos que, en mayor o menor grado, compartimos con los animales, no me cansaré de repetirlo. Aprovecho, amigo lector, para hacer una reflexión sobre el tema: si has estado en contacto con animales y sigues pensando que no tienen sentimientos como el amor o la aflicción, tienes un problema. Un problema para captar los sentimientos, una distorsión que te afecta en tu trato con los demás y que te convendría analizar y tratar. Dicho está.

Nuestra economía debe cambiar, debemos aprovechar las herramientas técnicas que la economía ha desarrollado, pero introducir al ser humano real en sus disquisiciones. Pasemos de la economía insensible a la economía inteligente, por el bien de todos.

Imagen original de Toni Salom.

Escrito por Pau A. Monserrat el 21 de mayo de 2014 con 59 comentarios
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¿Me concederán la hipoteca? Facebook te lo dirá

shutterstock_94364473 400El análisis de riesgo consiste, en esencia, en estudiar nuestra situación laboral, económica y familiar en el pasado y en el momento actual, para tratar de estimar si seremos capaces de devolver el dinero prestado en el futuro.

Si de préstamos hipotecarios estamos hablando, el análisis es, cuanto menos, un arte, ya que hay que hacer una estimación a décadas vista. Profesionalmente conozco varios softwares de gestión de riesgo usados por las oficinas de diferentes bancos y cajas; los de hace una década y los que se usan hoy en día. Confieso que no puedo entender como una entidad financiera aprueba operaciones con un sistema tan mediocre; me explico, generalizando en base a mi experiencia, aceptando que pueda existir alguna entidad con mejores sistemas de análisis de riesgo, si bien debe ser más la excepción que la regla:

Los datos que se usan

Los bancos piden básicamente la misma información a los solicitantes de financiación hipotecaria: contrato laboral en vigor, últimas nóminas, vida laboral, última declaración del IRPF, justificantes de pago de otros préstamos y créditos, nota simple de las propiedades de los solicitantes y unos cuantos documentos acreditativos de la capacidad económica de los clientes y posibles avalistas o hipotecantes no deudores.

¿A alguien le han pedido un curriculum vitae y los justificantes de formación, sean títulos académicos o de otro tipo? Si alguien contesta afirmativamente, debe ser de los pocos, yo no conozco un solo caso de ello. No deja de ser curioso que al prestamista no le importe saber la formación que tenemos, cuando es una información muy útil para pronosticar nuestra capacidad de generar ingresos futuros.

Ya no hablemos de las redes sociales, sea nuestro Facebook, Twitter o LinkedIn, o nuestra participación en blogs o portales online. Para la banca patria, exagerando menos de lo que pueda parecer, Internet es mundo desconocido que aún no tienen muy claro si hay que explorar. A estas alturas de la película.

Si la documentación que se usa es básica, peor es el formato en que múltiples entidades la han aceptado: fotocopias. No hace falta ser un genio para saber que si no se verifican con los originales, la posibilidad de que se coloquen falsificaciones es elevada. No hace falta ser un genio, pero así ha sido durante el espejismo inmobiliario: cualquiera podía ser gerente de una inmobiliaria o de un broker hipotecario y entregar copias de los expedientes de sus clientes a los bancos, sin que estos hicieran la más mínima tarea de comprobación. Hay excepciones, pero son eso, las excepciones.

Quién introduce los datos

Si la calidad de la información usada es cuestionable, no digamos la formación en materia de análisis de riesgos del personal de oficina o de los centros hipotecarios (que analizaban los expedientes entregados por las inmobiliarias e intermediarios varios). No pretendo generalizar tampoco en este apartado, en las oficinas hay grandes expertos financieros. Pero la mayoría de veces no tienen ni los incentivos, ni el tiempo ni la formación específica para el trabajo de analizar expedientes.

Y si encima subcontratan con empleados sin experiencia de las gestorías, como he visto en centros hipotecarios de bancos nada pequeños, ni hablemos. Si les cuesta calcular los ingresos anuales netos de un trabajador, con los datos del IRPF, no hablemos de analizar los ingresos de un autónomo, por ejemplo. La cantidad de datos falsos o erróneos que se han introducido en los sistemas informáticos de riesgo da miedo. No me imagino lo que pasaría si un día el Banco de España hace el trabajo por el que le pagamos e inicia una verdadera auditoría en esta materia. Rodarían muchas cabezas. Pero tranquilos, no lo harán, que llevarse bien con la banca tiene premio.

El sistema informático en sí

En muchas ocasiones he dicho y escrito que los scorings son tan certeros como el Maestro Cheriff. Es increíble que con el estado de la tecnología actual, junto con la ingente información real que manejan las entidades financieras, los programas informáticos para evaluar el riesgo de una operación sean tan limitados. Hasta la usabilidad de estos se parece más al MS-DOS que a los programas actuales. Si a esta tecnología ancestral se le añaden datos erróneos o inexactos, no hace falta ser un genio para predecir lo que van a acertar; el rescate financiero que todos pagamos nos da una idea. Lo que nos podríamos haber ahorrado con bancos que hubieran concedido préstamos hipotecarios a promotores y familias con algo de criterio y prudencia.

El futuro

El futuro deseable son prestamistas que sepan analizar el riesgo, concediendo crédito con tipos ajustados al perfil económico, familiar y psicológico de cada prestatario. Los bancos actuales con el equipo humano del que disponen, dudo que aprendan mucho a hacer este tipo de trabajo. Desde luego, las últimas declaraciones de directivos bancarios me hace temer lo evidente: no han aprendido nada.

Nos guste o no, lo sepamos controlar y gestionar o no, Internet dispone ya de la máxima información posible sobre nuestra personalidad y comportamiento. Solo revisando las diferentes redes sociales de un solicitante de crédito, sus fotos de perfil y contenido que comparte, con la ayuda de psicólogos y profesionales expertos en el análisis de conducta, estoy seguro que se puede evaluar la propensión a devolver las deudas de uno con muchas probabilidades de acertar.

Si a todo ello le sumamos la información que Google y demás buscadores tienen de nosotros, el análisis acaba siendo realmente inquietante. Si además fuera posible proporcionar a un prestamista los movimientos bancarios, pagos online, etcétera de los últimos 10 años, ¿alguien cree que no podría acertar tanto en el precio como en la cantidad que nos puede prestar, un sistema de procesamiento de la información potente?

Sería una buena noticia para los buenos pagadores y una fatal para los que lo son menos. Evidentemente chocaría con la protección de datos, pero veremos en qué queda en una década, todo este control jurídico. El peligro que veo no es tanto por que sea posible analizar una empresa o persona física al milímetro en relación a su actitud como prestatario, que beneficiará a los mejores pagadores, sino en que haya un mercado competitivo de prestamistas, para que los precios del dinero sean competitivos y se ajusten a cada perfil.

Desde luego, un sistema de información tal en manos de los bancos actuales sería un desastre: prestarían muy caro a los buenos pagadores y no dejarían ni un euro a los que presentan dudas al respecto. El futuro del crédito, seguramente, pase por la entrada de nuevos competidores a la banca tradicional: un Banco Facebook, Banco Google o PayPal, por no mencionar las posibilidades que una tecnología tal daría a el préstamo entre personas y empresas, sin intermediarios.

¿Matrix llegará al negocio bancario?

Yo creo que sí, otros dirán que soy un alucinado. En todo caso, la información personal y profesional de cada uno fluye en las redes. ¿Lo controlas o te controla?

Pau A. Monserrat es autor del libro ‘La banca culpable’.

Escrito por Pau A. Monserrat el 7 de mayo de 2014 con 76 comentarios
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El futuro del trabajo

superEn un escenario económico de paro al 26% según la EPA, juntar los términos ‘futuro’ y ‘trabajo’ puede incluso molestar; a fin de cuentas, los millones de personas que quieren trabajar no pueden esperar mucho más a un futuro que nunca parece llegar. No voy a escribir sobre cuándo el mercado laboral va a empezar a generar empleo de forma perceptible y sostenida, ya que mi conocimiento no versa en esta materia económica. Más bien de hacia donde nos lleva y qué podemos hacer para estar preparados.

Si tomamos la media de predicciones del paro, del panel de experto Funcas (a marzo de este año), concluiremos que para este 2014 cerraremos con un 25,4% de desempleo y con un 24,2% en el 2015. Pese a que solemos no creernos las predicciones en economía, no es menos cierto que hay instituciones que aciertan de forma consistente en el tiempo. En el caso del paro, AFI y CEPREDE son los que más cerca de la diana han dado según ESADE. Analistas Financieros Internacionales (AFI) predice un paro del 25,7% en 2014, mientras que el Centro de Predicción Económica (CEPREDE-UAM) es menos negativa para el 2014, pronosticando un paro EPA del 25,3%, y un punto menos en el 2015.

Una primera apreciación, después de una primera lectura, es que no hay un futuro próximo para los que quieren volver a trabajar. Sin embargo, este artículo no pretende deprimir aún más al lector, muy al contrario. Trata sobre qué tipo de empleo debemos esperar y cómo prepararnos para obtenerlo.

¿Qué podemos extraer de los datos del empleo de la EPA?

Con los últimos datos del último trimestre del 2013, en relación a cómo se reparte el menguado empleo que genera nuestra economía, varias son las tendencias que podemos destacar.

Lo primero es saber cuánta gente se supone que trabaja en nuestro país. Según la encuesta, 16.758.200 personas tienen empleo, sea por cuenta propia o ajena.

Durante el trimestre baja el empleo a tiempo completo, con una reducción en el último trimestre de 218.100 personas. Si tomamos el total de gente que trabaja todas las horas que la ley permite al día, tenemos 14.019.100 trabajadores que dedican toda su jornada laboral a una empresa (83,66% del total).

Los trabajadores que se supone trabajan a tiempo parcial aumentan en 153.100 personas, dejando el total de empleados que no cobran una jornada completa en 2.739.100 (13,34% del total).

Ya podemos empezar a sacar alguna conclusión de cómo se está comportando el mercado laboral actual y hacer alguna protección futura. Sube con fuerza la contratación temporal, en detrimento de los empleados que trabajan todas las horas legales de la semana (40 horas, en general). Dadas las características de nuestras empresas y empresarios, tiene algún sentido que suban los empleados que trabajan solo un porcentaje de la jornada en empresas grandes, pero no en medianas y pequeñas, acostumbradas a hacer trabajar al máximo a los empleados que ya tienen en plantilla. Con la reforma laboral y resto de modificaciones legislativas relacionadas, se dificulta la acción inspectora de los contratos a tiempo parcial, ya que no hay una obligación de marcar las franjas horarias semanales del trabajador. No hay que ser un lince, conociendo el “empresario” tipo español, para deducir que hay muchos trabajadores que se ven obligados a trabajar parte de su jornada laboral en negro. Evidentemente es una opinión, pero os aseguro que parte de mi conocimiento práctico.

Recomiendo, por ejemplo, que los inspectores de trabajo se pasen por las oficinas de los bancos por la tarde, sector que conozco bien. Ya me dirán cuántos empleados trabajan sin cobrar esas horas (en este caso se trataría de trabajadores a tiempo completo que trabajan más de lo permitido, otra práctica demasiado habitual en la realidad laboral patria). Os sorprenderíais.

El número total de autónomos se reduce en 51.500 personas en el cuarto trimestre de 2013, quedando el total de trabajadores por cuenta propia en 3.013.000 almas. Vale la pena desagregar las cifras de este colectivo al que se le atribuye el emprendimiento en nuestro país. Autónomos que tengan trabajadores a su cargo hay 875.700 y sin trabajadores a su cargo 1.999.800, siendo el resto miembros de cooperativas o autónomos por la ayuda familiar (137.500). Por tanto, casi un 18% de los que trabajan en España son autónomos (trabajadores por cuenta propia). Si nos fijamos en los que no tienen empleados, cuya mayoría son autónomos como forma de autoempleo, hablamos de un colectivo que representa el 10,3% del total de gente con ocupación. ATA ha detectado que en febrero de 2014 ya hay más de 48.692 autónomos (en este caso inscritos en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) respecto al mismo mes de 2013 y pronostica un cierre de 2014 con más de 3.100.000 trabajadores por cuenta propia.

Por su lado, el número de asalariados baja en 10.400 personas en el trimestre analizado, quedando el total de trabajadores por cuenta ajena en 13.737.300, un 82% del total. De estos, los que tienen contrato indefinido aumentan en 45.600 y los de contrato temporal disminuyen en 56.000 individuos. En números absolutos hay 10.450.800 fijos (62,36% del total) y 3.286.500 temporales (19,6%).

Si bien la crisis se está cebando tanto con los trabajadores por cuenta ajena como propia, tengamos muy en mente que ya un 10% de los que trabajan son autónomos sin empleados a su cargo, lo más similar a un trabajador que se busca la vida en este grupo.

Puede que el lector se haya cansado ya de tanto número, pero este trabajo tiene sentido para sacar ahora conclusiones:

Actualmente la base de trabajadores con una mayor protección, a los que realmente los sindicatos representan y defienden sus derechos, son los indefinidos y funcionarios, que según la EPA suman 10.450.800, el 62,36% del sistema. Y de esta cifra podríamos descontar los que trabajan fijos a tiempo parcial, por las razones que explicaremos más adelante.

Por otro lado tenemos a una serie de colectivos cuya precariedad, inestabilidad o flexibilidad (según se mire) es mucho mayor: temporales, gente que trabaja a tiempo parcial y autónomos sin trabajadores (que los que tienen trabajadores también, pero supondremos que les va algo mejor el negocio); de los que trabajan a tiempo parcial hay indefinidos y temporales, pero no es demasiado simplificar pensar que en cualquiera de los casos su situación puede ser bastante precaria, al generar unos ingresos menores y tener menos capacidad de presión. Estamos hablando de 8.025.400 personas, el 48% aproximadamente.

Casi la mitad de los que trabajan en España están sometidos, de una forma u otra, a una precariedad-flexibilidad muy importante. Mientras que la otra mitad aún goza de unos derechos, digamos, importantes. Con más demanda de empleo que oferta, esta situación no es sostenible.

Me encantaría equivocarme, pero el futuro del empleo es muchos más autónomos, autónomos dependientes (y falsos autónomos) y menos indefinidos. Para enfrentarnos a un mundo mucho más competitivo, solo cambiando de mentalidad y asumiendo una formación continua y en constante cambio para ser muy empleables, estaremos preparados para el devenir.

Y de los agentes sociales, les guste o no, necesitamos mucha más presión para mejorar el marco jurídico del autónomo, en detrimento del contrato laboral indefinido (este cambio ya lo obligará el mercado, me temo).

Tiempos de empresarios serán los que nos toquen vivir. De empresarios inteligentes, formados y trabajadores, pero empresarios al fin y al cabo.

Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes. Lao Tsé.

Imagen cortesía de Ideatiza.

Escrito por Pau A. Monserrat el 3 de abril de 2014 con 76 comentarios
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¿Bitcoin en quiebra?

bitcoinEn los últimos días ha aparecido en los medios de comunicación una noticia inquietante, preocupante y que puede llevar a engaño al lector no demasiado familiarizado con la naturaleza de la moneda digital privada Bitcoin.  De hecho, creo que puedo afirmar que la mayoría de economistas no somos capaces de entender en profundidad esta moneda etérea, como podéis comprobar en la entrevista que he colgado en iAhorro. Warren Buffett nos recomendará no invertir en lo que no entendamos, con lo que la advertencia ya está hecha.

Podríamos concluir, sin más disquisiciones, que no hay que arriesgar dinero en este invento tan extraño. Si no lo podemos perder, desde luego que no. Pero si estamos dispuestos a arriesgar, no hay tanta diferencia con otras inversiones tecnológicas de alto riesgo. Por otra parte, no entender el Bitcoin no es tan preocupante como puede parecer. ¿Acaso realmente uno entiende el funcionamiento del dinero fiduciario hoy en día? Básicamente, el dinero tiene valor porque hay leyes que obligan a aceptarlo como pago de una deuda. Detrás del valor de una divisa, está la fortaleza del país que la emite. Y su capacidad bélica, pese a que solemos obviar esta desagradable realidad.

¿Puede la voluntad de millones de usuarios de una moneda digital, sea el Bitcoin u otro protocolo más avanzado que acabe surgiendo, respaldar con su poder colectivo esta forma de intercambio de bienes y servicios?

Puede. No rivalizar con el poder militar de los Estados, pero sí ser un poder alternativo y complementario. Suena a ciencia ficción, es cierto, pero ¿cuántos progresos no han sonado igual antes de implantarse?

¿Estamos ante una burbuja?

Puede. Evidentemente, si de repente el sistema se desmorona por la falta de confianza, con golpes como la quiebra de Mt. Gox, una de las mayores empresas de intercambio de bitcoins con sede en Japón, la gente empezará a cambiar monedas virtuales por monedas legales y el precio se hundirá. Igualmente, un ataque al propio sistema, que acabara comprometiendo la seguridad de la moneda, acabaría con ella.

¿Y qué diantres es un bitcoin?

Veamos primero si somos capaces de definir esta moneda:

Es una moneda que no requiere de bancos u otros intermediarios, ya que se puede trasmitir de persona a persona. Sin embargo, para hacer intercambios con monedas legales, debemos usar casas de cambio. Y llegamos al primer gran riesgo, que tengamos almacenados bitcoins en una de estas casas de cambio (véase Mt. Gox y quiebre); una empresa quiebra y nuestro dinero en la nube queda bloqueado, a la espera de que una ley de quiebra decida cómo se liquidan. No hay un fondo de garantía, ni una institución que proteja la inversión. Peor aún, no hay un garante de la solvencia de las casas de cambio, ni  la propia Fundación Bitcoin, la entidad que reúne a la mayoría de operadores que emplean esta moneda virtual.

Es un sistema criptográfico que no tiene nada que envidiar a los programas  usados por militares y gobiernos que emplean esta moneda virtual. Eso es lo que nos dicen los defensores de la moneda digital. Pero para que nos lo podamos creer, alguna institución de reconocido prestigio e independencia lo debería verificar. A fin de cuentas, una cosa es la libertad y otro el libertinaje, también en el uso de monedas experimentales privadas.

Es de código abierto y, se supone, nadie puede controlarlo. Una vez más, solo un experto informático puede asegurarnos que el sistema no puede ser alterado sin que los usuarios lo sepan.

Usar el sistema no tiene coste, a no ser que voluntariamente lo asumamos para acelerar las transacciones. Evidentemente, no está libre de impuestos, pese a que su control tributario diste de ser completo.

El dinero privado, que está fuera del control y, por tanto, de la supervisión, regulación y garantía de Estados y Bancos Centrales, se puede almacenar en monederos virtuales online, que conllevan un peligro evidente, como ha demostrado la quiebra de Mt. Gox, pero también se pueden almacenar “en frío“, en un dispositivo no conectado a la Red.

Lo que se ha creado puede ser o no ser dinero,  en función de la confianza de los usuarios particulares y empresas en su validez como medio de pago de bienes y servicios; su valor, en todo caso, parte de la utilidad del propio sistema en crear alternativas a las manipuladas monedas legales para, por ejemplo, evitar la hiperinflación (a cambio de asumir una hipervolatilidad, en estos momentos iniciales del proyecto) o saltarse los bloqueos de capitales estatales o corralitos de los bancos comerciales (a riesgo de sufrir corralitos de las casas de cambio).

Desde luego, si no eres capaz de entender con cierta profundidad lo que has leído, te recomiendo ni plantearte invertir en bitcoins.

¿Estamos ante la quiebra del bitcoin?

En absoluto, lo que ha quebrado es una empresa privada que funciona de forma similar a un banco comercial, Mt. Gox, con base en Japón y cuya quiebra se regula por la ley nacional.

El sistema, al menos de momento, está intacto. Y la confianza, la verdadera clave del dinero, no se ha derrumbado. Evidentemente, ya hay personas que han perdido dinero legal, que invirtieron en dinero privado, no solo por la brutal caída de valor en ciertos momentos del tiempo, como el que compró a 1209 dólares el bitcoin y los ha de vender a 135 dólares, sino los que confiaron sus monederos virtuales a Mt. Gox. En todo caso, hay puntos preocupantes en el diseño de la moneda, desde su número finito de unidades, fijado en 21 millones de bitcoins, a la falta de una normativa específica, o la ausencia de supervisión de la solvencia de las casas de cambio. Por otra parte, el sistema deberá demostrarse seguro a los ataques legales y menos legales de los Estados, que dudo quieran un competidor en sus políticas monetarias.

De momento, yo no tengo bitcoins. Pero estaré muy atento a su evolución.

Escrito por Pau A. Monserrat el 4 de marzo de 2014 con 85 comentarios
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