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Los emergentes y el Euro

Si con tipos altos se montó una burbuja como la que estalló en 2007, ¿qué se puede estar formando tras tantos años de tipos ultrabajos, incluso negativos? Pues lo único claro es que hay una burbuja de deuda pública. Ésta ha crecido muchísimo durante estos años sólo que la política monetaria ultraexpansiva de los bancos centrales ha conseguido que, además de no hacer peligrar la solvencia de los estados, el coste en intereses se mantenga muy contenido. Como además el precio de las materias primas ha bajado –incluso a pesar del rebote del crudo de los últimos dos años- y la globalización ha reducido costes, la inflación que tanto se temía apenas ha aparecido… salvo en el precio de algunos activos.

Sin embargo, allí donde el banco central no tiene una moneda que ofrezca confianza –es decir, la mayoría de emergentes- incluso con unos niveles de deuda pública muy inferiores, sí que ha aparecido la inflación y un alto coste en intereses a pagar por los estados para evitar caer en la bancarrota. Tener deuda externa en una moneda que no es la tuya cuando la tuya se devalúa una y otra vez, es muy peligroso, incluso para Venezuela que tiene enormes ingresos en dólares. La crisis de los países emergentes, que se está contagiando gravemente a economías de tamaño respetable como Turquía, Indonesia o Argentina

(Un inciso: estamos viendo en directo cómo ante las dificultades argentinas nadie en el mundo es capaz de ayudarles excepto el FMI pero todos sabemos que a cambio de esos fondos perderán gran parte de su independencia económica y el FMI dictará sus propias políticas. Y aun así, recurren a él porque no hay nadie más. Dentro de unos años, cuando el FMI reclame los fondos seguro hay muchas voces diciendo que explotan a Argentina y criticándolos… la solución contra eso es sencilla: no pedirles dinero. El FMI es un prestador de último recurso, son los países los que acuden a él y saben lo que significa acudir a él. Nadie está siendo engañado aquí, a mi no me gusta el FMI pero es como si a una persona le dicen que No todos los bancos cuando pide un crédito de emergencia para poder pagar la hipoteca y no perder su casa y de repente sale uno y le dice: “yo te lo doy, pero a cambio yo te hago un presupuesto de tus ingresos y gastos que debes cumplir” ¿Es culpa del FMI o del que ha llegado a una situación tan lamentable que ha perdido toda su solvencia ante otros prestadores y sobre todo, es tanto lo que pide el FMI a cambio de asumir ese gran riesgo, acaso es mejor que preste el dinero China a cambio de las materias primas o las infraestructuras como hemos comentado aquí alguna vez?)

y está afectando a otras tan importantes como Sudáfrica, Brasil y la India… es quizás el aspecto más negativo de este año si bien hay bastante confianza en que no se traduzca en una crisis global. No obstante, es fácil establecer paralelismos: ¿qué han hecho estos países que no haya hecho por ejemplo Japón, muchísimo más endeudado y que disfruta de tipos de interés bajísimos y un amplio estado del bienestar gracias a un Banco central que lo compra todo (¡su balance ya es mayor que el propio PIB del país!) con la promesa de un dinero que en realidad no existe? Sí, Japón es un país mucho más confiable que cualquiera de los emergentes pero ¿lo suficiente como para que nos creamos que todos los yenes que hay en circulación representan una riqueza real cuando todo el país se sostiene con dinero que se trae del futuro vía deuda gracias, básicamente, a un solo comprador: el Bank of Japan?

De momento sí aunque todos sabemos que la confianza puede romperse en cualquier momento y hay razones objetivas para detectar un enrome riesgo en un castillo de naipes como este. Es decir, la crisis de los emergentes ocurre por razones económicas lógicas pero por esas mismas razones deberían caer también países desarrollados. La única diferencia es la confianza, no los fundamentos. En Junio del año pasado Argentina emitió un bono a 100 años recomendado por HSBC, Citibank, Santander y Nomura y encontró compradores, incluso institucionales, en todo el mundo. Seguro que entonces confiaban en el país como para arriesgarse a un siglo vista… pero unos meses después ya no. Incluso con la economía global en crecimiento, la complacencia general en activos de riesgo y un sistema financiero inundado de liquidez… el dinero sigue siendo voluble.

Por eso la política –y la geopolítica- es tan importante en economía, estamos en un mundo dominado por las políticas monetarias que, por más que se afirme la independencia de los bancos centrales, al final están al servicio de la política de gasto público del político de turno y que a su vez funcionan únicamente por el prestigio y la confianza que esos países muestran ante el mundo. El propio Estados Unidos, ¿qué sería de él con unas cuentas públicas tan lamentables si no fuera por la confianza en el dólar y la FED? ¿Y qué decir de Italia? Me sorprende que haya tanta eurofobia allí cuando por sus números sin el paraguas del BCE y el Euro tendría tantos problemas o más que Turquía. Por eso el Euro, con todas las críticas que se le puedan hacer, está siendo un salvavidas y el BCE están evitando que sus miembros con peores cifras, incluido España, sufran una suerte similar a la turca. Draghi acabó en el verano de 2012 con la desconfianza hacia los miembros de la Eurozona porque luchar contra el BCE (que es también el banco central de Alemania) era una batalla perdida.

No soy un gran defensor del Euro porque su balance ha sido positivo pero su bonancible influencia está muy limitada sin una mayor unión política y cohesión económica y fiscal entre sus miembros pero la “solución” dada a la actual crisis y los altos niveles de endeudamiento público, hacen inevitable para sus miembros más débiles el defenderlo. Sin la confianza que da el BCE y el Euro como divisa, acabaríamos con los mismos problemas de inflación, pérdida de valor de nuestras neopesestas, neoliras, neoescudos etc. y dificultades para abonar los intereses de nuestros bonos emitidos en Euros… y la única solución que nos quedaría sería el FMI. Y si nos quejamos de las condiciones que los propios socios de la Eurozona le pusieron a Grecia para prestarle fondos, no quiero ni pensar en las exigencias que pondrían éstos.

Por eso creo que la crisis actual de los países emergentes debería hacernos reflexionar sobre las políticas que estamos aplicando en los países desarrollados ya que tanta deuda pública nos lleva a una dependencia enorme de una política monetaria que no es la panacea ya que sólo funciona por una confianza que como ha venido puede irse ya que en muchos casos no está basada en el potencial de un país concreto sino en una divisa y un banco central que nos son, en el caso de España, en gran medida ajenos.

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Escrito por Droblo el 24 de septiembre de 2018 con 30 comentarios

La semana en los mercados

Hay quien cree que la mejor forma de invertir en bolsa es estar comprado siempre, hay quien cree que el momento no importa y que debe comprarse cuando el inversor tenga liquidez (incluso cada mes después de cobrar) y hay quien afina un poco más, pero muy pocos en la industria financiera –ni en los medios que les dan altavoz- dicen: “Vende ahora y espera un mejor momento para volver a comprar”. Sin embargo, yo no opino así: creo es mejor comprar en momentos en los que el mercado esté en niveles históricamente bajos y aunque no estoy en contra de mantener posiciones a largo plazo, creo que siempre hay que gestionarlas con stop-loss para cortar las pérdidas y con stop-profits (que se irán subiendo según nuestra inversión suba de precio) para asegurarnos un buen beneficio.

Y está claro que hay muchas herramientas que ayudan a la inversión, desde el análisis fundamental al técnico pero hay una que es la más sencilla de todas y es accesible sin necesidad de estudios: la estadística. ¿Por qué ignorar que durante los últimos 20 años el Ibex de media ha hecho esto?

No digo que haya que seguir cada línea como si fueran palabras sagradas pero es evidente que marca dos puntos en el año que son los ideales para vender (antes del verano) y para comprar (a comienzos del otoño), ¿Por qué no hacerle caso? Y además, hay algo sencillo: en abril sabemos si la pauta se está cumpliendo y en septiembre igual. Veamos el gráfico del Ibex de los últimos dos años:

Si os acordáis antes del verano de 2017 yo ya recomendaba vender y hablaba del referéndum catalán como uno de los principales riesgos y cuando se materializó, se marcaron mínimos anuales y de ahí se rebotó. Eso es algo que se parece mucho a lo que ocurre en 2018: llevo meses advirtiendo del alto riesgo de las cotizadas españolas en mercados emergentes pero el pesimismo no ha llegado hasta ahora por lo que podemos establecer cierto paralelismo y comprar cuando el ambiente es más negativo. Este año insistí en que en mi opinión se debía vender antes del verano, concretamente en mayo, donde además se cumple otra estadística que he explicado otras veces: que la peor etapa del ejercicio anual para la bolsa es de mayo a octubre. Y es que lo bueno que tiene la estadística es que se pueden sumar otras (por ejemplo, hay una pauta en Wall Street que dice que el periodo cercano a las elecciones de medio mandato que serán en noviembre, es alcista para la bolsa, aunque a los niveles actuales yo desconfíe mucho) para ajustarlas y dar con la mejor y como el Ibex no es un índice lo suficientemente autónomo como para moverse solo, y sigue las tendencias de otros más importantes, conviene mirar estadísticas de otras bolsas. Así pues, casi siempre vender en mayo y recomprar al comienzo del otoño es una buena opción y si se hace cada año, por mucho que en uno concreto salga mal, al cabo de 20 años saldrá bien muchas más veces. Ojo, que hablamos de vender, no de ponerse corto, hablamos de realizar beneficios no de especular apostando a más bajadas porque eso es muy peligroso ya que lo habitual es que las bolsas, aunque sólo sea por efecto inflacionario, suban durante más tiempo que bajen.

Y aún es más claro el momento para comprar que es finales de septiembre/comienzos de octubre. Por eso lo recuerdo hoy. Y con la ventaja de que para este momento del año ya sabemos cómo se ha comportado el resto del ejercicio. 2018 es ideal para esta pauta porque la estadística se está cumpliendo y nos encontramos con el Ibex en su punto más bajo y a las puertas del trimestre más rentable, con un pesimismo generalizado. La prensa salmón –uno de los mejores indicadores contrarios que existen- ha pasado de hacer portadas en agosto hablando de las gangas del verano a informar sólo de problemas en Turquía, Italia, Argentina… como si hubieran surgido por generación espontánea y no llevaran meses gestándose (y comentándose aquí). Yo no sé si la bolsa subirá o bajará pero si alguien quiere invertir en bolsa española, no hay duda que estamos entrando en el mejor momento del año para hacerlo. Y si sale bien, en 3 meses –enero- (o en 7 u 8 si esperamos a abril/mayo del 2019) se ganará más que habiendo estado invertido todo el año. Y si sale mal, que por supuesto puede ocurrir, mejor estar comprado a los niveles de este septiembre que a los que había en enero o los que se hubieran conseguido comprando un poco cada mes. Y encima todo este tiempo hemos tenido el dinero en nuestra cuenta corriente, a salvo de un crash bursátil ya que a menor tiempo invertido en un activo de riesgo… menos riesgo.

En cuanto a estos días en los mercados, lo mismo este artículo lo debería haber escrito el viernes pasado ya que ha ocurrido algo poco habitual este año: debilidad en el Nasdaq (más que lógica por la disputa comercial con China que puede encarecer la compra de componentes) y mejor comportamiento de las bolsas europeas, incluso del Ibex. Quizás la razón de esto es que la estadística, como dije antes, no se suele calcar con exactitud y lo mismo lo que yo esperaba a final de mes ya ha pasado… o quizás sea que hoy es vencimiento de futuros y opciones del tercer trimestre y haya un interés de las “manos fuertes” en mantener los niveles actuales. De nuevo hay una estadística que dice que la siguiente semana post-vencimientos suele ser negativa, por lo que las próximas sesiones podríamos ver un mínimo desde el que rebotar -o no- pero que abarataría los precios (aunque aspirar a comprar al mínimo es utópico) y yo desde luego esperaría. También hay que añadir que hoy al cierre se añadirá un factor distorsionador al principal índice bursátil del mundo, el S&P500, que hace unos cambios metodológicos en su composición entre los que destaca que el sector tecnológico perderá casi un 20% (del 25% al 20% aproximadamente) de peso respecto al total. El Brent sigue demasiado cerca de los 80$ pero parece que ese precio sigue funcionando como techo. Y por último, la próxima semana subirá tipos la FED, algo que todos esperan (y se supone que aún le queda otra subida más en 2018, de hecho la deuda USA está en máximos de rentabilidad de muchos años) por lo que no debería afectar a los mercados pero… quién sabe si servirá de excusa para algo de volatilidad

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Escrito por Droblo el 21 de septiembre de 2018 con 41 comentarios

¿Qué pasará cuando la oferta global de Bitcoin llegue a su límite?

Parte del éxito que ha disfrutado el Bitcoin se debe a que es como el oro en muchos sentidos. Al igual que el dorado metal, el Bitcoin no puede ser creado arbitrariamente. El oro debe extraerse del suelo, y el Bitcoin debe extraerse por medios digitales. Vinculado a este proceso está la estipulación establecida por los fundadores de Bitcoin de que, al igual que el oro, tiene una oferta limitada y finita.

De hecho, sólo hay 21 millones de Bitcoins que se pueden extraer en total. Una vez que los mineros hayan desbloqueado tantos Bitcoins, el suministro del planeta se agotará, a menos que se cambie el protocolo de Bitcoin para permitir un suministro mayor. Los partidarios de Bitcoin dicen que, al igual que el oro, el suministro fijo de la moneda significa que los bancos se mantienen bajo control y no se les permite emitir de forma arbitraria medios fiduciarios. Pero, ¿qué pasará cuando la oferta global de Bitcoin llegue a su límite?

Puede parecer que el grupo de personas más directamente afectado por el límite del suministro de Bitcoin serán los propios mineros de Bitcoin. Por un lado, hay detractores de la limitación de Bitcoin que dicen que los mineros se verán obligados a abandonar las recompensas que reciben por su trabajo una vez que el suministro de Bitcoin haya alcanzado los 21 millones en circulación. En este caso, es posible que estos mineros necesiten depender de las tarifas de transacción para mantener sus operaciones. Bitcoin.com señala el argumento de que los mineros encontrarán el proceso inasequible, lo que llevará a una reducción del número de mineros, a un proceso de centralización de la red Bitcoin y a numerosos efectos negativos en el sistema Bitcoin.

Este argumento supone que los honorarios de transacción por sí solos serán insuficientes para mantener a los mineros de Bitcoin financieramente solventes una vez que se haya completado el proceso minero. Por otra parte, hay razones para creer que las comisiones de transacción y los costes de explotación minera se compensarán en el futuro.

Mirando hacia el futuro por varias décadas, no es difícil imaginar que las virutas mineras se volverán pequeñas y altamente eficientes. Esto reduciría la carga impuesta a los mineros y permitiría que la minería se convirtiera en una actividad con un umbral más bajo de costo inicial. Además, las tarifas de transacción pueden aumentar, y esto podría ayudar a mantener a los mineros a flote también.

El Bitcoin ya ha visto subidas masivas de precios en los últimos meses. Aunque nadie está completamente seguro de cómo Bitcoin seguirá extendiéndose al mundo financiero en general, parece probable que una oferta limitada de la divisa pueda hacer que los precios sigan subiendo. También hay reservas de monedas inactivas que se mantienen en todo el mundo, la mayor parte de las cuales pertenece a la persona o grupo que fundó Bitcoin, Satoshi Nakamoto. Quizás esta oferta, que consiste en aproximadamente un millón de Bitcoins, se está ahorrando intencionadamente durante un tiempo en el que la oferta mundial se enfrenta a niveles crecientes de demanda.

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Escrito por Marc Fortuño el 20 de septiembre de 2018 con 50 comentarios

La historia de un adivino que compraba billetes de lotería y la ganaba

Realmente no os voy a contar la historia de un adivino que compraba billetes de lotería y la ganaba, pero casi. Si hay algo que cualquier inversor bursátil busca es esa pista que se adelante a lo que va a hacer el mercado, ese indicador adelantado que te haga ver con garantías si la bolsa va a subir o va a bajar. Muchos se dedican a escribir libros y dar conferencias sobre esto (principalmente con análisis gráfico) y yo me pregunto ¿si tan listos son, por qué no se dedican exclusivamente a invertir? ¿por qué compartir con los demás el secreto de la bolsa, cuando te lo puedes quedar tú y te forras?. Son como los adivinos que en vez de comprar la lotería se dedican a leer el futuro de los demás por unos pocos euros.

Posiblemente solo haya un inversor que haya sido capaz de descubrir esa fórmula secreta, quedársela para él  y llevarla hasta las últimas consecuencias, el otro día publicaron un interesante artículo en Microsiervos sobre James H. Simons

Su historia es una curiosa sucesión de profesiones: primero estudió en el MIT, fue profesor y publicó su doctorado en Berkeley y luego pasó a trabajar en la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) donde la contrataron para romper códigos criptográficos. De allí le echaron a finales de los 60 por estar en contra de la guerra de Vietnam; luego IBM le fichó para que intentara romper la criptografía de Lucifer, un sistema de cifrado precursor del DES.

El momento clave en su vida fue cuando decidió aplicar las matemáticas al mercado de valores. El punto de partida de Simons era que la hipótesis del mercado eficiente era incorrecta. Según esta teoría los sujetos participantes en el mercado y la información disponible tienden a producir un equilibrio y los títulos acaban teniendo «el valor que les corresponde».

Su idea negando estas hipótesis pasaba por encontrar patrones y anomalías, un santo grial que todo economista, broker y matemático ha buscado.

Aquí es donde Simons no revela mucho más excepto que encontró unas cuantas de esas anomalías, que en sí mismas no eran decisivas ni muy notables pero que acumuladas a lo largo del tiempo producían un beneficio. Todo era estadística, algo de probabilidad y aprendizaje automático

Así que fundó un hedge fund, llamado Renaissance Technologies en el que aplicar estas teorías y algunas nuevas, como por ejemplo el trading de alta frecuencia (fue uno de los pioneros) y el arbitraje automático mediante el cual los ordenadores detectan y se aprovechan de diferencias infinitesimales entre precios de los mismos activos.

Se desconoce el patrimonio de James H. Simons aunque se estima que esté por encima de los 10.000 millones de dólares que como no podía ser de otra manera en este hombre, está distribuido alrededor de varios paraísos fiscales que le están dando algunos problemas legales.

Por tanto, la bolsa hoy en día es cosa de matemáticos y científicos y si alguien, por muy mediático que sea te promete grandes rendimientos en sus cursos primero pregúntale como le va a él en sus inversiones (os enlazo al fondo de inversión de uno de los brokers españoles más famosos, que en 15 meses ha reducido el patrimonio de sus clientes a la mitad) y por qué quiere compartir contigo quizás el conocimiento más deseado y valorado por los mercados.

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Escrito por Carlos Lopez el 19 de septiembre de 2018 con 35 comentarios

El debate sobre la robotización

El debate sobre la robotización de nuestra sociedad es un tema que viene levantando ampollas desde hace un tiempo. Según un estudio de Unicredit llamado El auge de las máquinas (Rise of the machines), unido a la progresiva implantación de una mecanización cada vez más automatizada, que conlleva la progresiva e imparable pérdida de puestos de trabajo tal y como los conocemos, existe el acervo popular, influido por las novelas y películas de ciencia ficción, consistente en un futuro en el que robots androides conviven y compiten con la raza humana, a veces colaborando, a veces en guerra abierta con los que fueron sus creadores.

Esto viene unido también a la confusión que se plantea entre robotización en sí misma y la inteligencia artificial, que pueden ir de la mano o por separado. Tanto es así, que la primera se dio entre la humanidad desde la aparición de la primera máquina, mientras que la segunda es sólo en los últimos años cuando ha empezado a dar sus primeros pasos, sin que éstos se tengan que reflejar necesariamente en androides o máquinas físicas.

Así, desde principios del siglo XX, el uso de automóviles y semáforos popularizó la automatización a pie de calle. Desde entonces, el número de máquinas y procesos automáticos en nuestras vidas ha aumentado exponencialmente: las lavadoras, los cajeros automáticos, el enfoque de las lentes de una cámara de fotos, las puertas, el lavado de coches, el termostato… Y el temor inicial que en su día despertaron ha dejado paso a una sensación de rutina. La automatización es tan corriente, que ni siquiera nos percatamos cuando nos topamos con ella.

Sin embargo, la inteligencia artificial es una forma de automatización avanzada. En la programación de los dispositivos convencionales se crean reglas muy exactas con las que una máquina ejecuta tareas determinadas. La eficiencia depende del detalle y la exactitud con el que se haya programado la tarea: por ejemplo, trazar la ruta más corta entre dos destinos. La revolución de la IA consiste en que, a la hora de calcular esa ruta, se tienen en cuenta, ya no solo la distancia, sino parámetros más contextuales como la existencia de atascos, obras que puedan existir en las rutas, o las condiciones climáticas que se puedan dar. Es decir, la IA se convierte en un sistema que interactúa con el entorno y que ofrece distintas soluciones dependiendo de las circunstancias del mismo. De este modo, los sistemas de automatización inteligentes escogen el proceso más eficaz.

De este modo, es un hecho que la cantidad de robots que usan las empresas para aumentar la productividad se ha incrementado rápidamente en los últimos años, de tal modo que la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés) espera que las instalaciones de robots continuarán creciendo a tasas anuales de dos dígitos. Ello debido a que el costo para producir estas máquinas sigue bajando, sus aplicaciones son cada vez más versátiles, mientras sus capacidades siguen aumentando, y su aplicación práctica se multiplica día a día.

Sin embargo, dado que la mayor desigualdad y los lentos avances en materia de productividad pueden ser los principales desafíos económicos en el siglo XXI, el uso cada vez extendido de robots podría afectar estos dos aspectos, tanto de manera positiva como de manera negativa. Si bien los estudios sobre el impacto de los robots es algo todavía incipiente, lo cierto es que la robotización conlleva un aumento de la productividad, lo que incide sobre salarios y sobre la demanda de mano de obra. De tal modo que el aumento del uso de mecanismos automatizados supone una disminución de la oferta de empleo a los trabajadores de cualificaciones y salarios medianos y bajos. Mientras que, por el contrario, a los trabajadores cualificados, este aumento de la productividad les conlleva el pago de salarios más altos, lo que significa que la robotización aumenta aún más la desigualdad en los ingresos.

¿Cómo se podría combatir esta desigualdad creciente? Principalmente se barajan dos medidas. La primera tiene que ver con la educación y la formación de los trabajadores. Es un hecho que el avance de la robotización va a conllevar la pérdida de muchos puestos de trabajo así como de profesiones (parecido a lo que ya ocurrió con la revolución industrial a finales del siglo XIX y principios del XX), pero también supondrá la creación de puestos de trabajo y empleos que, por ahora, ni siquiera se conocen. Aun así esta medida, por sí sola no será eficiente, debido a que la acelerada progresión tecnológica provocará una obsolescencia cada vez más acelerada del empleo en sí, a medida que la especialización de los trabajadores se haga cada vez más necesaria.

La segunda, de un alcance también limitado, tiene que ver con la redistribución de la renta. Consistiría en la implantación de medidas impositivas a las empresas, en función de su grado de robotización, para conseguir fondos con los que paliar los efectos del desempleo y las bolsas de pobreza que el mismo generará. Esta medida resultará ineficaz porque una alta fiscalidad desincentivaría la investigación y el desarrollo tecnológico, sobre todo, teniendo en cuenta que las necesidades de la población desfavorecida serían mucho mayores que los ingresos que se pudieran obtener.

Por tanto, una de las medidas que se proponen tiene que ver con la propiedad de los medios de producción. Si una parte sustancial de la población obtiene sus ingresos de las rentas de capital procedentes de la propiedad de las máquinas robot, la redistribución de la renta se llevaría a cabo sin elementos distorsionadores procedentes de un estado intervencionista con una elevada fiscalidad.

Este enfoque, a pesar de ser, sobre el papel, bastante atractivo, no deja de evocar otros tiempos y otras ideologías que se verían revitalizadas. Un nuevo marxismo, que persiguiese la propiedad de los medios de producción por parte del proletariado estaría a la vuelta de la esquina, quizás la IA podría ser la que pensase por nosotros, llegado el caso.

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Escrito por Manuel González el 18 de septiembre de 2018 con 52 comentarios

10 años ya

Seguro pensáis que el título de este artículo tiene algo que ver con la caída de Lehman Brothers pero no, tiene que ver con que estos días se cumplen 10 años de mi primer artículo en esta web. A dos por semana, más de mil. Que se dice pronto.

En ellos he intentado dar mi visión de la actualidad (la puñetera crisis mayormente), he compartido mis discretos conocimientos sobre economía y mercados -siempre por supuesto desde un punto de vista totalmente subjetivo pero de forma honesta- y mis opiniones sobre diversos temas. Para mí ha sido muy positivo porque he comprobado que la mejor forma de aprender –porque siempre se aprende- de algo es escribiendo sobre ello pero no tengo tan claro que lo haya sido para todos. Y es que creo que la riqueza de este blog está en el foro y no en los artículos por lo que si mis puntos de vista –incluso si no han gustado- han servido para generar un debate, bienvenidas. Estoy convencido que es en la discusión argumentativa cuando más se aprende de cualquier tema, tanto si se participa como si se es espectador.

Hace 10 años, pocos días después de la caída de Lehman Brothers, cuando el sistema financiero global se tambaleaba, Carlos López contactó conmigo porque pensó que en su web faltaba contenido sobre bolsa, una inversión que entonces era mucho más popular. De lo que en su día hablamos a lo que acabó siendo hay un mundo, como lo hay de mis primeros artículos (largos y farragosos y centrados casi en exclusiva en los mercados –hasta hacía un resumen de los movimientos diarios a lo largo de la semana- y con varios gráficos) a los de años después, cuando los lectores demandaron tratar en mucha mayor medida los aspectos más sociales y económicos de la crisis. Juntos hemos vivido muchas cosas más allá de la volatilidad en las bolsas: el miedo a las quiebras soberanas, a la implosión de la Eurozona, al rescate total de España, a una crisis política en este país que hiciera peligrar el régimen del 78… pero sobre todo lo que más hemos compartido todos en este foro ha sido la tragedia de la crisis y la sensación, incluso para los que creen que ya ha sido superada, de que puede resurgir de alguna forma.

Y sin embargo los españoles, a pesar de la dureza de la recesión y de las altas tasas de paro alcanzadas, pueden disfrutar de una sanidad, una educación, un sistema de pensiones y transportes… en resumen, de un estado del bienestar privilegiado y que no es peor del de hace una década. Eso sí, ha sido a costa de aumentar peligrosamente la deuda pública. El resto del mundo tiene problemas similares a lo que sumar la sobrevaloración en los precios de algunos activos que recuerdan mucho al año 2007 aunque el pesimismo actual poco tiene que ver al que se respiraba en septiembre de 2008 en el mundo o en verano de 2012 en la Eurozona. En el foro también el ambiente es distinto: los hipotecas a tipo variable ya llevan más de dos años con tipos negativos cuando hace una década temían un nivel cercano al 6% y si entonces se temía una tasa del paro como a la que finalmente se llegó (y no se temían cosas que sí ocurrieron como la nacionalización y rescate de las cajas de ahorros por ejemplo) ahora las perspectivas no son tan malas. Y siendo todos 10 años más viejos, no parece mala cosa.

Eso es quizás lo más positivo de esta última década, que hemos sobrevivido a una situación muy compleja y en general tenemos menos miedo que hace 10 años. En cuanto al foro en sí, ha caído el número de participantes -e imagino de lectores- por muchos motivos: el Euribor preocupa menos, la economía está perdiendo importancia como tema principal de conversación, se pueden hacer comentarios en las noticias y no sólo en el foro del artículo principal, las redes sociales están acabando con los blogs y los foros poco a poco… Pero a mí la cantidad no me preocupa (no me preocupan ni los haters -es más, les agradezco que lean con tanto detenimiento en su afán por buscar algún fallo que echar en cara), creo que mientras haya quien busque un lugar de encuentro para hablar del artículo, del comentario de otro o de algo que no venga a cuento pero que tiene ganas de expresar, es una suerte que ese sitio exista.

Quizás mi recuerdo más positivo como articulista fue cuando di la exclusiva en estas páginas de que el nuevo Euribor plus que se estaba planeando, y al contrario de lo que todo el mundo pensaba (y la industria financiera promovía para colocar más hipotecas a tipo fijo), no iba a encarecer el índice sino todo lo contrario. Pocos me creyeron y sin embargo, cuando al final el nuevo Euribor no salió (por motivos obvios, el nuevo cálculo planeado no tenía sentido) entonces sí que muchos empezaron a decir que era porque el tipo resultante salía más bajo que el actual. Veremos qué pasa en el futuro porque el actual sistema debe cambiarse y siguen en ello…

Y lo más negativo para mí podría ser la frustración que siento con ciertos temas que, por más que se expliquen y repitan, siguen en el imaginario colectivo como que los bancos actuales deben al estado los 60 mil millones (tampoco esa cifra es cierta) del dinero que el estado se gastó en nacionalizar y sanear ciertas cajas de ahorros o que cada vez vivimos peor (cuando todos los datos indican lo contrario) o que el Euribor (algo decidido por bancos de toda Europa y que se usa sobre todo para liquidar un volumen enorme de derivados) es un índice que unos señores manipulan para fastidiar a los hipotecados a tipo variable españoles (¡y eso que lleva más de dos años en negativo!)… pero no, lo que más me fastidia –no sé exactamente por qué- es cuando alguien malinterpreta algo de mi artículo (con buena o mala intención), escriba un comentario y otro (que lo mismo ni ha leído el artículo) dé por hecho que he escrito algo que no he escrito o que opino algo que no opino.

Con todo, repito que el balance para mí es positivo, y supongo que algún día lo dejaré y confieso que lo he pensado más de una vez pero mientras se me sigan ocurriendo ideas y temas sobre los que escribir y disponga de tiempo para hacerlo, supongo que la decisión sólo dependerá de Carlos López… y de que haya lectores, claro. Lo que sería una pena es que esta página aumentara lectores y foreros por un repunte del Euribor o por una vuelta a la recesión económica y no porque gusten los artículos o la calidad de vuestros comentarios.

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Escrito por Droblo el 17 de septiembre de 2018 con 89 comentarios



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