El blog del Euribor
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La rana, la inflación y el frigopie

Dice la fábula que Si echamos una rana en una olla con agua hirviendo esta salta inmediatamente hacia fuera y consigue escapar. En cambio si ponemos una olla con agua a temperatura ambiente y echamos una rana esta se queda tan pancha. Si a continuación empezamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona sino que se va acomodando a la temperatura hasta que pierde el sentido y, finalmente, muere achicharrada.

Esta fábula la podríamos trasladar a la economía de muchas maneras, desde recortes hasta subidas de impuestos pero quizás la que mejor la representaría sería la inflación, esa que subiendo la temperatura poco a poco, acaba derritiendo nuestros helados.

El otro día, en la cuenta de Twitter de “Yo fui a la EGB” publicaron este tuit.

en los que por menos de 1.000 pts. (6€) te podías comprar toda la carta de helados.

A raiz de aquello, Marcos Antón (un gran tuitero) publicó lo siguiente

La inflación explicada con el Frigo pie

Quizás la mejor manera de demostrar (en verano) que la inflación es un monstruo que se come tus ahorros… y tus frigopies.

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Escrito por Carlos Lopez el 14 de agosto de 2018 con 22 comentarios

No impact man

Este es el nombre de un interesante documental de 2009 que se elaboró a partir de la experiencia de una familia norteamericana –los Beavan- que elige cambiar radicalmente –y de forma pública, apareciendo en los medios para hablar de su experiencia- su modo de vida para intentar deteriorar lo menos posible el medio ambiente. Un escritor, su mujer, su pequeña hija y su perro viviendo en Nueva York y reduciendo al mínimo la basura que generan durante 1 año. Teniendo en cuenta que el norteamericano medio genera 726 kilos de basura al año ¿es posible? Los procesos que siguieron y que fueron aplicando progresivamente (por ejemplo no eliminaron la electricidad hasta casi el 6º mes) fueron básicamente los siguientes:

  • Dejaron de usar transportes que producen carbono, es decir, abandonaron los taxis, los aviones, el metro, los ascensores… y los cambiaron por bicicletas, patinetes, escaleras (y viven en un noveno piso).
  • Se deshicieron del televisor.
  • Empezaron a comprar en mercados de productores para así obtener productos sin embalajes ya que la mayor parte de la basura son envoltorios pero es evidente que no es fácil para los tenderos el renunciar al plástico al presentar sus géneros.
  • Compraron lombrices para que convirtieran con rapidez la basura orgánica en abono que puede volver a la tierra (lo que les provocó una invasión de moscas cuando llegó el calor que les hizo desistir de ello).
  • La 3ª mayor fuente de basura en los vertederos son los pañales desechables, así que los adquieren de tela con cubre-pañales de lana para la hija.
  • Dejaron de comer en restaurantes.
  • Adquirían sólo la comida que se hubiera obtenido en un radio de 400 kms. a la redonda (lo que provoca un problema con los productos elaborados con trigo o con el café –y la mujer se considera adicta- pero es importante ya que el transporte genera mucho carbono), renunciaron a la carne (su crianza aumenta los gases invernadero) y al pescado y decidieron consumir sólo productos de temporada.          (hago un inciso sobre el término “orgánico” ya que me pareció interesante la crítica de un granjero que prefería renunciar a esa etiqueta porque eso le obligaba a no usar antibióticos con sus vacas cuando enferman y claro, convertía muchos pequeños problemas nimios de salud en mortales)
  • Optaron por comprar huevos sueltos reutilizando hueveras.
  • Compraron leche en envase reutilizable y bebieron agua en vasos y botellas de cristal.
  • Usaron bicarbonato sódico en envase reciclable para la higiene dental, retirando los cosméticos de la esposa.
  • Intentaron comprar siempre al peso para no fomentar los paquetes y envoltorios (especialmente difícil con las cuchillas de afeitar)
  • Cancelaron suscripciones a revistas y solicitaron que no mandaran publicidad por correo en formato de papel.
  • Usaron trapos de ropa vieja para limpiar y no de papel y dejaron de utilizar papel higiénico (quizás es lo que les hizo más famosos para los medios). Todo para salvaguardar los árboles que son los que limpian la atmósfera del carbono.
  • Eliminaron la mayoría de los productos de limpieza habituales y los cambiaron por los creados por ellos con vinagre blanco, bicarbonato de sodio, jabón de castilla y bórax -reutilizando antiguos envases de plástico para su almacenaje y uso- incluso para la higiene personal.
  • A la hora de comprar siguieron el mantra: “reducir, rehusar, reciclar” lo que implicó que la esposa, una gran consumidora de ropa y accesorios, ahorrara mucho dinero.
  • Lavaron la ropa dejándola en remojo en la bañera con jabón y caminando sobre ella –como un juego con la hija también- como alternativa a la lavadora eléctrica.
  • Usaron un panel de energía solar para tener electricidad con la que cargar el portátil.
  • Refrigeradores naturales (cerámica y agua) para conservar los alimentos -una vez eliminada la nevera- pero que no funcionaron.

La mujer nunca se mostró tan convencida como él, se nota que no es su proyecto sino el de su marido y se queja más y hace más excepciones y al tener un trabajo de oficina se “aprovecha” de todas las ventajas que ésta ofrece (como el beber agua con hielo por ejemplo) con lo que en teoría su vivencia fue menos dura y apenas le sirvió para aprender a cocinar mínimamente. Se aprecian en general algunas faltas al espíritu del proyecto (aparte de las que se suponen) como el usar agua corriente, el uso del horno, el carrito de plástico del bebe o el caucho de las ruedas de las bicicletas pero lo cierto es que es muy radical. Y es intencionado ese extremismo ya que así les sirve para decidir qué pueden o no aguantar y así decidir, una vez pasado el año, qué mantener o no en su vida futura. Según dicen, están contentos, no sólo por el impacto mediático –él fue acusado de hacer todo esto para promocionar su libro- de “hacer algo por salvar el planeta” y de “concienciación sobre el problema”, también se ven con mejor salud (incluida una rebaja en el peso), aprovechando más los días (al no haber electricidad en casa salen más) y siendo mejores padres –más tiempo dedicado a la niña- tras la experiencia.

Las reflexiones las dejo a los espectadores (o a los lectores si no lo veis), se puede pensar que este documental muestra que se puede vivir con menos y haciendo menos daño al entorno o se puede pensar que es una excepción que confirma la regla o simplemente que no merece la pena el sacrificio… O simplemente nos puede servir a todos para pensar unos minutos en nuestro propio consumo y en la forma de vida consumista que estamos llevando. Yo soy pesimista, creo que la sociedad jamás decidirá voluntariamente renunciar a vivir con una calidad “material” menor –imbuido ese concepto por el contexto social desde la infancia- por el bien “abstracto” del planeta. Y aunque con el actual sistema, un menor consumo significará más paro está bien que de vez en cuando nos recuerden que debemos cuidar el sitio donde vivimos.

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Escrito por Droblo el 13 de agosto de 2018 con 18 comentarios

La semana en los mercados

Siempre que desconecto unos días de los mercados, antes de apagar el ordenador hago un “imprimir pantalla” de la página donde cotizan todos los activos que sigo y así, al volver, comparo. Tras una semana fuera una vez más lo que me encontré es, básicamente, un Wall Street más alto y unas bolsas europeas más bajas. Es lo típico los últimos años y lo cierto es que las cifras de la economía norteamericana reflejan una fortaleza y un dinamismo que no vemos en nuestro continente. Por ejemplo, me sorprendió que en Nueva York se estén construyendo a día de hoy varios rascacielos nuevos, ¿quién iba a pensar que no estaba ya todo hecho allí?

Lo que ocurre es que una cosa es la macro y otra la micro e incluso dentro de los datos macro hay que ser muy cautelosos. Por ejemplo, es cierto que la tasa de paro en los EUA es bajísima pero también lo es que muchos trabajos allí ni siquiera tienen seguro médico por lo que la comparación no es para nada exacta. Pero incluso aunque todo lo comparáramos igual, lo cierto es que para un habitante de la Europa del Estado del Bienestar, los EUA, por mucho que las cifras digan que son el país más poderoso de la Tierra y que su economía va muy bien, no son un lugar agradable para vivir. No hace falta irse al extremo de las noticias que dicen que hay personas que sufren accidentes que no llaman a una ambulancia para no tener que abonarlas ya que son muy caras, basta con el día a día.

En los EUA los trenes no funcionan bien, el metro tampoco, la mayoría de las calles de Nueva York ni siquiera tienen contenedores (los restaurantes dejan sus malolientes restos de comida en bolsas de basura en las aceras, un camión las recoge y a la mañana siguiente toda la calle apesta porque no pasa un camión que limpie con un chorro de agua), el reciclaje no se aprecia en ninguna parte… En España tenemos un sistema de transportes en Madrid y Barcelona, por ejemplo, que funciona muy bien aunque eso sí, es muy deficitario, como lo es la sanidad, como lo es la limpieza de las calles y todos los servicios municipales (de hecho, raro es el ayuntamiento que no está hiper endeudado) y como tenemos la sensación de que todo es gratis (aunque nos cuesta una pasta en impuestos que además no es suficiente para cuadrar las cuentas) quizás no lo valoramos lo que debiéramos.

Allí tienen las mayores empresas, las mejores tiendas, los restaurantes más exclusivos, como experiencia para un turista es inolvidable y seguramente sea lógico que Wall Street lleve años comportándose mejor que las bolsas de la Eurozona pero para la vida cotidiana de alguien acostumbrado a todo lo que disfrutamos en España, es muy difícil acostumbrarse a aquello. Y no entro a valorar qué es mejor o qué es peor, sólo digo que si nos gusta lo que tenemos, deberíamos valorarlo mucho más y pensar en cómo podemos conservarlo debiendo el dinero que debemos. O hacemos viable el estado del bienestar actual (y dejan de engañar a los votantes con promesas de más servicios y pagas) o lo perderemos. Y entonces sí que lo echaremos de menos. Por último, constaté que lo “hispano” no deja de crecer, barrios que la última vez que estuve estaban llenos de indios y pakistaníes hoy lo están de ecuatorianos y peruanos. Especialmente en Queens –el más extenso de todos los distritos-, donde casi todos los carteles están en español, se puede comprobar cómo la multiculturalidad es, seguramente, el futuro pero que no es tan fácil integrar diferentes culturas ya que si hay un número suficiente de personas de la misma lengua y origen, se tienden a concentrar sin mezclarse demasiado con los demás.

En cuanto a los mercados, dos noticias de estas dos últimas semanas por destacar: el que Apple valga más de un billón de $ (como 200 mil millones de € más que todo el Ibex) y que Europa haya confirmado lo que ya dije cuando ocurrió: que la solución dada al Popular fue la menos costosa (y, aunque entiendo el enfado de sus accionistas, la más justa ya que el coste ha recaído en quien voluntariamente decidió invertir en aquel banco y no en todos los españoles como en otros casos). Un volumen muy bajo es la escasa novedad –por otra parte previsible por las fechas- de unos mercados que se mueven muy poco y conservan el optimismo y el buen tono ignorando todos los riesgos, siendo el más reciente la amenaza iraní de bloquear el estrecho de Ormuz si le impiden vender su crudo (algo que de nuevo perjudicaría más a Europa que a los EUA) por culpa de las sanciones de Trump. Y el precio del crudo, a pesar de ello, estos días ha caído… De momento la palabra del verano en el mundo financiero es calma salvo en casos muy concretos como Turquía donde la lira se sigue hundiendo. Personalmente sigo esperando la tormenta. Y ojo a Tesla, las declaraciones de Musk diciendo que sacará la compañía de bolsa han disparado su precio pero parece evidente que es un farol en una empresa tan endeudada y sin flujos de caja positivos. Respecto a la imagen de hoy, se comenta por sí sola:

 

Links.

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Escrito por Droblo el 10 de agosto de 2018 con 34 comentarios

Las inversiones éticas

Ya sea el medio ambiente o los derechos humanos, cada vez más personas se interesan en que ocurre finalmente con el dinero que invierten.

Si bien la idea de definir una “inversión ética” está llena de dificultades -lo que una persona puede llamar ético, la otra no, sin embargo existe un gran y creciente conjunto de inversiones clasificadas como Inversión Socialmente Responsable (ISR).

Para algunos, puede ser suficiente llamar a una inversión socialmente responsable si evita apoyar a las compañías tabacaleras o a los fabricantes de armas. Sin embargo, para un número creciente de inversores, la ISR es más que simplemente excluir a las compañías “no éticas”.

Para estos inversores, la ISR debe cumplir un conjunto de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (por su iniciales en inglés ESG) y el año pasado totalizaron más de 11 billones (trillones americanos) de dólares.

Así que a la hora de establecer una nota o rating a una empresa, también se añade su clasificación “ESG” para valorar, además de sus variables económicas otras que pueden interesar al inversor como son:

  • Medioambiental: ¿Cuál es la huella de carbono de la empresa?
  • Social – ¿cómo se tratan los trabajadores y las cadenas de suministro?
  • Gobernanza – ¿Cómo de transparente y responsable es el régimen de gestión de la empresa?

Tener en cuenta estos puntos va más allá del postureo y buenismo ya que los productos de renta fija de las empresas y sectores con altas calificaciones ESG tienen mejores ratios riesgo-rentabilidad

Una investigación realizada por Hermes Investment Management reveló que las empresas con características ambientales o sociales favorables han superado en promedio a las empresas con características negativas en estas áreas.

Dicho de otra manera, las empresas buenas suelen ser buenas en todo.

La tendencia hacia la inversión sostenible parece probable que continúe, ya que los beneficios de utilizar criterios ESG en las decisiones de inversión se conocen más ampliamente.

Sin embargo, para algunos inversores, incluso la inversión de ESG no logra ir lo suficientemente lejos en su misión de utilizar el dinero para hacer el bien.

Para este segmento pequeño pero creciente del mercado, la inversión ética significa invertir con impacto.

Esto significa respaldar intencionadamente empresas y activos que tengan un resultado social o medioambiental positivo como parte de sus modelos de negocio, y medir esos resultados tan estrechamente como los beneficios financieros.

El término fue utilizado por primera vez por la Fundación Rockefeller hace una década para referirse a las soluciones basadas en el mercado a los problemas sociales, y los primeros impulsores en este espacio fueron las personas y organizaciones de alto valor neto intrínsecamente vinculadas a las preocupaciones éticas.

Por ejemplo, John K. Coors, bisnieto del fundador de Coors Brewing, Adolph Coors, encabeza un vehículo de capital privado para promover el desarrollo económico en África. La iniciativa “One Thousand & One Voices” (1K1V) está invirtiendo 300 millones de dólares en pequeñas y medianas empresas del África subsahariana.

Poco a poco, además del EBITA o el PER los inversores se interesan por otros indicadores no económicos como puede ser el impacto que las empresas tienen sobre el medio ambiente y la sociedad.

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Escrito por Carlos Lopez el 9 de agosto de 2018 con 22 comentarios

Cuando un tercio de los trabajadores tengan que cambiar de empleo

España fue el primer país en introducir la matriculación obligatoria a los coches y la primera matrícula la encontramos en Palma de Mallorca en el año 1900, concretamente la PM-1 y el coche era el “Clement” que ves en esa foto tan borrosa.

Respecto al primer coche fabricado en nuestro país es bastante difícil encontrarlo ya que por entonces la definición de “coche” no era muy clara, los había de tres ruedas, de vapor… así que puestos por decantarnos por uno lo haríamos por uno que se fabricó en Barcelona en el año 1890 de la mano del industrial Francesc Bonet.

Desde entonces el sector de automoción ha crecido mucho en España y actualmente es el “motor” de nuestra actividad industrial ya que representa el 10% del PIB (incluyendo distribución y actividades anexas) y el 19% del total de las exportaciones españolas. La industria genera 300.000 empleos directos y 2 millones de puestos de trabajo ligados al sector.

Joe Kaeser es el jefe de una de las empresas más grandes de Alemania (Siemens) y recientemente ha advertido casi un tercio de los puestos de trabajo del sector del automóvil podrían perderse a medida que la transición de los motores de combustión a los coches eléctricos tenga lugar durante la próxima década, en lo que será “una de las transformaciones más importantes de todos los tiempos”.

Según Kaeser, esta reducción drástica del empleo ha ocurrido en las tres primeras revoluciones industriales, aunque afortunadamente aportaron un mayor crecimiento a la economía que desembocó en nuevos empleos que ayudó a que más personas salieran de la pobreza y tuvieron una vida mejor. Por otro lado, corresponde a los gobiernos y a las empresas encontrar una solución a los desafíos que los avances tecnológicos crearían, incluyendo el reciclaje de los trabajadores cuyas habilidades ya no serían relevantes.

El impacto social y económico de la digitalización va a ser enorme. La parte menos eficiente de la cadena de valor, el intermediario, será eliminada. Desafortunadamente, la parte menos eficiente de la cadena de valor son los seres humanos.

Comercios, telecomunicaciones, banca, motor… no hay ninguna industria que esté a salvo de esta cuarta revolución insudtrial y seguramente las estimaciones dadas para la industria automovilística sean válidas para el resto, probablemente un tercio de los trabajadores mundiales tengan que cambiar, no solo de trabajo si no que también de empleo haciendo algo completamente nuevo y en lo que deberán ser más competitivos.

Es el precio del progreso y esperemos salga bien.

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Escrito por Carlos Lopez el 8 de agosto de 2018 con 14 comentarios

La fortuna del Rey emérito

Triste anda nuestro emérito rey Juan Carlos. El de las contradicciones sorprendentes. El que ascendió al poder de la mano de un dictador, para promover el cambio político hacia la democracia, el mismo que ha abdicado, pero que sigue con una activa agenda de entrevistas y de viajes casi tanto como la de su hijo.

El caso es que nuestro hombre, que nunca parece haber sido muy dado a seguir a rajatabla lo que su estatus y cargo determina, de ahí posiblemente su fama de “campechano”, parece haber sido objeto de nuevos achaques en su cuerpo de rey, castigado por años de lesiones esquiando, cazando y, según las malas lenguas, esquivando a su propia guardia para poder demostrar al mundo que era un auténtico Borbón: mujeriego y conquistador.

Poco importa eso, el tema es que, en el invierno de sus años, una sospecha (y llamarlo sospecha es seguramente un eufemismo) atormenta su descanso: que a lo largo de sus largos años de reinado se ha ido construyendo un entramado empresarial, basado en su propia figura de rey y oculto a ojos mal pensantes, que podrían creer que se está lucrando a costa de España. Pero mejor ir por partes.

La andadura del entonces Príncipe de España (que ni de Asturias pudo ser durante aquellos tiempos), comenzó de la mano de Franco, que puesto a perpetuar su legado más allá de su muerte, pensó en retornar al país a la senda de los países que son buenos, se portan bien y tienen un rey como Dios manda. Y ahí entró “Juanito” a escena (que a Don Juan ni en fotografía le quería Franco), bajo la tutela del dictador, se llevó a cabo su educación, su boda, y prácticamente toda su vida.

Por eso, quizás se pueda entender que, entre las primeras cosas que hizo cuando asumió su cargo de sucesor, fuese alentar y promover una Ley para la Reforma Política, a pesar de haber jurado con su cargo, unos meses antes, acatar los Principios del Movimiento Nacional. Y así, una vez libre de las cargas de una jefatura de Estado participativa y beligerante como la de su anterior, pasar a un discreto segundo plano que le permitiera, por qué no, satisfacer su hobby: ser por fin un hombre de negocios, que el monopoly está bien, pero tiene sus limitaciones.

Y así, con la bendición de un país, agradecido por haber sido el padre de la democracia, con una Casa Real que permitía y daba cobertura para hacer y deshacer lo que uno quisiera, a nivel de negocios, de mujeres, de contactos, o de lo que haga falta y con una iniciativa y un hambre a prueba de dictadores, el flamante y campechano Rey de España se lanzó al mundo.

A partir de ese momento, los españoles hemos sido testigos de sus innumerables viajes por todo el mundo y de la exquisita relación que mantiene con las monarquías de Kuwait, Bahrein, Marruecos, Qatar, Abu Dhabi, sin olvidar Omán o Arabia Saudita. Y es de esos viajes, y de esas relaciones de donde se le supone al Rey emérito su supuesta fortuna.

El economista Roberto Centeno, ex consejero delegado de Campsa, aseguró hace unos años que Juan Carlos se encargó personalmente durante los primeros años de su reinado de intermediar entre los países árabes y España en la compra de petróleo, siempre con comisiones de por medio. Dichas comisiones podían ascender a uno o dos dólares por cada barril adquirido.

En 2012, el periódico New York Times calculó su fortuna en 1.800 millones de euros, lo cual no está mal, teniendo en cuenta que la asignación de la Casa Real se establecía en aquella época en 8,3 millones de euros al año. De igual manera estimaba que el origen de tal fortuna se debía a su condición de embajador económico español.  Sus “grandes dotes diplomáticas”, unido a su cargo, le permitían entablar y estar presente en todas las negociaciones a nivel político, que tenían después su resultado en forma de contratos millonarios para las empresas españolas.

De este modo, el papel del Rey fue durante muchos años el de “conseguidor”, a cambio del cual, lo lógico (desde alguna perspectiva que no va en consonancia con el papel de Jefe de Estado) era cobrar una comisión. Y es por eso que la fortuna del Rey no tardó en aparecer en “listas de fortunas” de distintas publicaciones económicas, tales como la revista Eurobusiness, ya desaparecida, y el anuario Forbes.

Con respecto a ésta última, en noviembre de 2013, Forbes empezó a no incluir en la lista de las 100 personalidades más ricas de España al Rey Juan Carlos, porque, según la revista, “su riqueza continúa siendo una incógnita”. La explicación es que la Casa Real siempre se ha negado a desvelar la cuantía de la fortuna del monarca con el argumento de que su patrimonio personal es un asunto privado, al margen que argumentan que, en los cálculos de las cifras, se confundieron los bienes públicos propiedad de Patrimonio Nacional con propiedades privativas del Rey.

Sin embargo, la figura y los presuntos negocios del veterano monarca han aparecido en repetidas ocasiones de forma velada en muchas de las operaciones anticorrupción más famosas. Así, por ejemplo, en el marco de la Operación Gürtel salió a la luz la cuenta “Soleado”, una cuenta opaca en Suiza gestionada por el bróker suizo Arturo Fasana en la que Francisco Correa ocultaba el dinero de la red de corrupción. En esta cuenta el monarca presuntamente tiene guardados unos 200 millones, junto con personas como los Albertos, Javier de la Rosa, los Pujol o dirigentes del Partido Popular.

Aparecieron igualmente vínculos con Juan Antonio Roca, cerebro del caso Malaya, según los cuales el monarca habría realizado inversiones en la República Dominicana utilizando los cauces de la organización delictiva.

Y así hasta llegar a la princesa alemana despechada (se puede anteponer un “presunta” a las tres palabras anteriores), que declaró la existencia de 30 millones de euros logrados tras un acuerdo con la petrolera Lukoil, así como la de varias cuentas y propiedades, a nombre de testaferros, en cuentas de paraísos fiscales.

Si a esto le unimos la política de ocultación llevada a cabo por la propia Casa Real, así como la de imagen de la figura del Rey, en connivencia con los Gobiernos de los distintos partidos que han ocupado el poder desde la instauración de la democracia, la polémica está servida.

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Escrito por Manuel González el 7 de agosto de 2018 con 38 comentarios



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