El blog del Euribor
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La semana en los mercados

Viernes de puente en el que voy a ahorrar en palabras y ser más prolijo en imágenes. Vamos a intercalar gráficos de todo tipo. Por ejemplo, este nos anticipa problemas para la economía de la Eurozona

Que han provocado que las previsiones de crecimiento hayan ido reduciéndose a lo largo de este año y para el siguiente

Sin embargo, lo cierto es que la Europa comunitaria nunca ha tenido una tasa de paro tan baja

Vamos a seguir con otro positivo, la Tasa de Morosidad en España

Ahora vamos con uno curioso, cómo la preocupación por la inmigración se “disparó” antes del voto del Bréxit y luego se “desinfló”

Lo que nos lleva a los duros efectos para la economía británica que se prevén tras el Bréxit

En cuanto a la actualidad de los mercados, diciembre, como indica la estadística, empezó con fuertes subidas bursátiles el lunes al calor de la tregua arancelaria china/USA y de la presentación de un nuevo presupuesto por parte del gobierno italiano pero el martes volvieron los fantasmas de un Bréxit sin acuerdo (o al menos esa fue la excusa) y las caídas fueron violentas. Nos quedamos sin tiempo y cada vez será más difícil maquillar este pésimo 2018 ya que, como se puede apreciar aquí, hasta el 90% de todas las clases de activos están en rentabilidad negativa en el año (según estos datos recopilados por Deutsche Bank es el récord absoluto desde el año 1901).

Y en cuanto a la actualidad política, destacar el batacazo de la encuesta del CIS para las elecciones andaluzas:

Y para finalizar, un artículo muy interesante con un test y unos datos que demuestran que no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor… ni mucho menos

Por qué el mundo va mejor de lo que crees y no te das cuenta

Más links.

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Escrito por Droblo el 7 de diciembre de 2018 con 12 comentarios

El nuevo Monopoly es más real que nunca

Por aquí somos muy fans del Monopoly (o el “palé” para los que tenemos más añitos), básicamente porque puede ayudar a los más jóvenes a entender algunos conceptos económicos, como hipotecas, quiebra, propiedad de bienes, gestión del dinero, impuestos… y la lección más importante, que la banca siempre gana.

Hace años comentábamos las similitudes entre el juego y la vida real

  • El banco siempre tiene la sartén por el mango.
  • Si quieres un préstamo tienes que hipotecar tus propiedades a un tipo de interés elevado.
  • La especulación está a la orden del día.
  • El dinero llama al dinero.
  • No hay piedad entre los competidores.
  • La suerte cumple su papel, como en cualquier negocio.
  • Crear grupos de poder es una buena estrategia para competir.
  • Si corres mucho puedes ir a la cárcel (en el juego: si sacas dobles tres veces seguidas; en la vida real: ya se sabe).
  • Cobrando los 200 € que nos dan cada vez que pasamos por la casilla de salida (en la vida real esto equivaldría a la nómina mensual) nunca nos haremos ricos.
  • Si le debes a la Banca o a otro jugador más dinero del que puedes obtener de tus posesiones, se te declara en bancarrota y estás eliminado de la partida. Como la vida misma.
  • El jugador más rico gana.

Pero faltaba algo, que han arreglado en la nueva versión… se trata de la edición para tramposos.

 

El Monopoly Cheaters Edition, o Monopoly edición Rodrigo Rato, como podría llamarse en España modifica en varios aspectos su jugabilidad para hacerlo diferente al resto.

El juego base es prácticamente lo mismo de siempre: lanzar dados, mover la ficha, hacer lo que pase en la casilla. Y en teoría, el juego puede seguir jugándose como un Monopoly tradicional. Pero luego después de descubrir que el 50% de los jugadores tratan de hacer trampa mientras juega Monopoly, sus creadores decidieron tomar esta actitud y convertirlos en una mecánica de juego.

Para ello, han creado un grupo de cinco cartas que son colocadas al azar en la partida y que determinan qué reglas pueden romperse.

Cada juego cuenta con un set diferente de estas cartas. A veces puede ser “Roba dinero del banco”. Otra vez “cobra más dinero cuando pasas por la casilla inicial”. Otras aun más alocadas, te permiten colocar piezas de hotel en casillas donde aun no se permite o quitarle un hotel a un rival.

La gracia está en que todas estas trampas tienen su riesgo: si te pillan en cualquiera de estas actividades, el jugador no solo recibe un castigo en dinero sino que además, se va a la cárcel y con unas esposas que el juego trae y que le impedirán moverse con libertad hasta su nuevo turno.

Así que sabiendo que este es un juego de tramposos, todos los jugadores están alerta y cada persona asume un rol fiscalizador que busca precisamente castigar al que quiere hacer trampa, y el tramposo realmente tendrá que ser muy hábil para lograr su cometido.

Como véis, más real que nunca…

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Escrito por Carlos Lopez el 5 de diciembre de 2018 con 35 comentarios

El precio de las mentiras

Según estudios, la mentira es algo subyacente a la naturaleza humana. Los niños aprenden a mentir alrededor de los tres años de vida, conforme se van dando cuenta de que pueden ocultar sus pensamientos a los demás, de modo que, a los cinco o seis años, el 90% de los niños son capaces de mentir. Tanto es así, que a un psicólogo le preocuparía tanto ese 10% que no ha aprendido a mentir a esa edad, que un niño que lo hace de manera indiscriminada.

Por tanto, está claro que todos nos alejamos de la verdad. Hemos aprendido a engañar desde que éramos niños pequeños y racionalizamos las mentiras que nos benefician. Decimos pequeñas mentiras a diario con tal de que los demás se sientan bien. El asunto se complica cuando esa persona miente en el desempeño de su vida pública como político. En ese ámbito, es más tentador mentir. Las mentiras empiezan a repetirse y pueden tener un efecto persistente, incluso si ya fueron desacreditadas. Igualmente, se cumple el hecho de que es más fácil urdir una mentira cuando tu interlocutor es una comunidad de varios miles (o millones) de votantes desconectados entre sí, que si es una sola persona, o varias con conexión directa entre ellos.

Es por eso que la irrupción de los medios de comunicación, tan masivos y tan impersonales, hayan tenido, como uno de sus efectos principales, el aumento espectacular de las mentiras que estos profesionales de la política son capaces de lanzar. Otro de sus efectos es la posibilidad de que esas mentiras se hagan más evidentes conforme se confronta la información disponible, aunque los efectos sobre el político mentiroso no se ajusten al calibre de las mentiras.

Un ejemplo de esto ha sido durante la campaña de las elecciones andaluzas, cuando los candidatos hicieron públicos sus bienes, y la principal aspirante declaró que dispone de 80,69 euros en su cuenta corriente, además de una vivienda de 14.212 euros de valor catastral y un depósito bancario de 30.000. Es evidente que con esta declaración se produce un acercamiento a las clases bajas y medias, en el sentido “pertenencia” a esas clases. Al fin y al cabo, no es sino una treta más como besar bebés, tomarse una tapa en el bar del pueblo o hacer la compra en el mercadillo. En un país donde, según los datos de Eurostat, alrededor de un 15,6% de los hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes, no hay nada más humanizador, que acerque tanto al político de turno a la potencial masa de votantes, que ese contador casi al rojo en la cuenta corriente.

Pero también podría ser entendido como algo contraproducente: ¿qué clase de administrador puede ser una persona que, con el sueldo que tiene asignado sólo puede hacer alarde de su pobreza? Por otra parte, ¿no demuestra esto que los políticos son capaces de mentir absolutamente en todo con tal de conseguir el escaño? ¿y no es esa la prueba de que serían también capaces de mentir, no solo a los votantes, sino a los periódicos, a sus compañeros de profesión y hasta a un mismo juez, con tal de conservar lo alcanzado? Sobre todo, recordando el análisis realizado por “El Mundo”, en el que se muestra que alrededor de dos terceras partes de las declaraciones de bienes de los Diputados del Congreso estaban incompletas o mal rellenadas.

El fenómeno de la mentira está muy extendido en el ámbito de los negocios, de tal modo que se asocia a un empresario de éxito la capacidad para engañar y desconcertar a sus rivales. Sin embargo, el mercado tiene suficientes medios para controlar a los mentirosos:

Por un lado, el empresario necesita el favor del mercado para triunfar: clientes, acreedores, accionistas y proveedores. La pérdida de confianza destruye al empresario al momento. El político no necesita el favor del “mercado”, es decir, de la gente, tan sólo de su partido, mientras éste siga confiando en él, podrá seguir optando a cargos públicos.

Por otro lado está el tema de la responsabilidad. Un empresario siempre ha de ser responsable de sus acciones. Si vende artículos defectuosos o engañosos, tarde o temprano, pagará tal abuso. Incluso si hace una línea de productos que no gusta al mercado, lo tendrá que retirar. El político no sigue esta norma. De hecho, sólo el poder de la opinión pública puede provocar la dimisión de un político, siendo frecuentes los casos en los que, si un político realiza mal su trabajo, si no trasciende a la opinión pública, la medida que se toma suele ser el ascenso a una plaza menos expuesta y sin recorrido de futuro, léase Senado.

Es un hecho que todo hombre se mueve por incentivos. La vocación del buen político es “servir a la gente” según la opinión popular, pero los incentivos para dedicarse a la política son el beneficio personal. Incluso el que por vocación se dedica a la política no suele triunfar, ya que el corporativismo del sector y la búsqueda de intereses personales lo expulsan. El buen político, el que triunfa, es porque sabe negociar bien con relación a los intereses de su partido y/o Gobierno, lo cual no tiene por qué coincidir con una mejora de las condiciones de vida de la sociedad.

Por tanto, ¿cuánto es capaz de mentir un político? Todo aquello que se le permita. Si las consecuencias de sus actos no trascienden, si no existen mecanismos que exijan responsabilidades de una manera rápida y efectiva, la gratuidad de sus mentiras provocará que éstas sean cada vez más grandes.

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Escrito por Manuel González el 4 de diciembre de 2018 con 64 comentarios

La contaminación no es sólo industrial

La ecología es una ciencia muy discutida porque se ha ideologizado mucho y de hecho, hay partidos políticos que la utilizan como su primer argumento como por ejemplos Los Verdes de Alemania que según las encuestas son, a día de hoy, los segundos en intención de voto allí. Por supuesto me refiero a la tercera definición que da la R.A.E. del término ecología: “Defensa y protección de la naturaleza y del medio ambiente”. Y claro, ¿quién no va a estar de acuerdo con eso? El problema surge con las prioridades ya que es indudable que gran parte de las comodidades actuales han llegado a costa de empeorar nuestro entorno natural, empezando por lo más básico: nuestro veloz aumento numérico. Somos una especie depredadora que ha ido modificando con su crecimiento todo el planeta llegando esa influencia incluso al clima.

Sin querer entrar en polémicas sobre la acción directa del ser humano sobre el clima, es evidente que muchas de las actividades que practicamos, como por ejemplo quemar hidrocarburos, no son buenas para el planeta pero pocos querrían prescindir de calefacciones, productos que vienen en camiones, aviones etc. Incluso ahora que parecemos concienciados hacia el coche eléctrico, su impacto ecológico tampoco es neutro ni mucho menos, tanto por la necesidad de extraer metales y traerlos desde muy lejos como por el problema del reciclaje de algunos componentes. Todos queremos vivir mejor y además nos cuesta mucho renunciar a comodidades una vez que nos hemos acostumbrado a ellas. La cada vez mayor conciencia ecológica en Europa no ha variado eso: podemos prescindir de bolsas de plástico, reciclar nuestras basuras, pagar impuestos “ecológicos”, seguramente renunciemos sin demasiados problemas a nuestros coches de combustión pero todo eso no parece que sea suficiente ni a nivel local (ni limitando el tráfico desaparece la insalubridad del aire en muchas de nuestras ciudades por ejemplo) ni para frenar el aumento poblacional global y la falta de esa misma conciencia en otros países.

Tradicionalmente siempre hemos pensado que es la actividad industrial la que desde siempre más problemas ha causado al medio ambiente y ésta va a más por el desarrollo de nuevas potencias económicas como China y la India y el aumento del consumo que ello ha supuesto. A mayor crecimiento económico, mayor desgaste ecológico. Eso hasta ahora ha sido cierto, ¿seremos capaces de variar eso, sabremos conjugar nuestra calidad de vida material con la calidad ambiental? En teoría, si no fuéramos cortoplacistas deberíamos ser capaces puesto que un planeta sano es la mejor garantía de una mejor existencia para el hombre. Pero es que además, más allá del tema industrial y energético, hay un frente en el que el ecologismo está insistiendo y en el que no le falta razón como es el de la alimentación. Aparte de lo que ya sabemos sobre que el consumo de carne (y hay consenso en que deberíamos reducirlo) implica más gasto de recursos, especialmente hídricos, que el de vegetales o de que deberíamos preferir productos de cercanía tanto por ser más saludables como por la reducción de lo que llaman la “huella ecológica” que supone el transporte hasta nuestra mesa, se está empezando a insistir en la reducción de las granjas de engorde por su efecto en el cambio climático. Y es que no es nuevo que uno de los gases que más daño hacen a la capa de ozono (contra la que se actuó desde la comunidad internacional con éxito ya que se sabe que se está reduciendo) es el metano, gas que en gran parte sale de las enormes ganaderías vacuna –sobre todo- y ovina que existen por nuestros hábitos alimenticios.

La cría de animales para la producción de carne y lácteos supone un 16,5% de la emisión global de gases de efecto invernadero. Recomiendo que veáis este Modelo de Evaluación Ambiental de la Ganadería Mundialelaborado por la FAO en el que por ejemplo comparan el desempeño de diferentes productos expresando las emisiones por kilo de proteína lo que genera esta imagen:

Pero también hablan de otros muchos efectos adversos para el medio ambiente de tantos animales. Y es que el sector ganadero es responsable, además de un tercio de las emisiones antropogénicas de metano, de dos tercios de las de óxido nitroso, dos potentes gases de efecto invernadero que atrapan más calor que el dióxido de carbono. Además, se atribuye hasta un 60% de toda la pérdida de biodiversidad  a cambios en el uso de la tierra derivados de la cría de animales ya que hasta el 80% de toda la tierra agrícola se dedica a la ganadería o al cultivo de su forraje.

Lo peor de todo esto es que sabiendo del impacto ecológico de esto, incluso conociendo que la mayoría de nutricionistas recomiendan que consumamos menos carne, lo cierto es que, al menos en Europa, la mayor parte de la cría industrial de animales y los cultivos usados para engordar los animales así criados hasta su matanza, son subsidiados por nuestros gobiernos. Como dice Paul Gilging (ex CEO de Greenpeace International) “Al sostener prácticas contaminantes, los países están literalmente pagando a las empresas para que dificulten el cumplimiento de las metas de emisiones fijadas por el acuerdo de París de 2015 sobre el clima”. Aunque qué podemos decir en España cuando subvencionamos una actividad tan contaminante como la del carbón…

Más allá de discusiones, incluso entre los propios científicos, sobre la incidencia o no de determinadas actividades y la irresponsabilidad de viejas erróneas e hiperbólicas predicciones apocalípticas que tanto daño pedagógico han hecho (hasta el punto de que muchos ya no se toman en serio riesgos ciertos) la necesidad de cuidar mejor nuestro entorno debe estar fuera de toda duda y sería absurdo que la economía, como ciencia social, no lo tuviera en cuenta. Subsidiar actividades que nos perjudican es un sinsentido… también económico.

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Escrito por Droblo el 3 de diciembre de 2018 con 43 comentarios

La semana en los mercados

Cuando se calcula una probabilidad tendemos a ignorar que el pasado no importa; jugando al parchís pensamos que si nos salen dos veces 6, es más difícil que salga otra vez seis que otro número cuando las probabilidades, 1 entre 6, son las mismas haya salido antes un 2 o un 6… y claro, por eso a todos nos ha pasado que en ese juego nos han eliminado alguna vez por ese motivo. Eso dice la matemática pero nuestra percepción subjetiva sigue empeñada en creer que si algo se repite varias veces seguidas, lo siguiente será distinto. Eso pasa mucho con la bolsa, las probabilidades de que suba o que baje son del 50% pero cuando durante algunas sesiones consecutivas el resultado es negativo, como pasa en el casino cuando se repite el color rojo, cuanto más tiempo dure, más convencidos estamos de que el siguiente será alcista/negro. Y esta percepción se convierte en realidad muchas veces porque la bolsa no la mueve el azar como muchos creen sino por decisiones humanas basadas en creencias e intuiciones y los factores psicológicos son tan importantes que los datos macro reciben una interpretación diferente –es algo empíricamente demostrable- dependiendo del estado de ánimo que ese día se haya instalado en los mercados.

Este es uno de los motivos por los que en tendencias bajistas los rebotes –cuando tocan- son muy poderosos pero las tendencias alcistas suelen ir acompañadas de una muy baja volatilidad. Estos años en Wall Street se han roto récord anteriores de baja volatilidad y como lo humano es acostumbrarse y encontrar como habitual lo que sucede en el pasado más reciente, lo que ocurrió en Octubre pilló por sorpresa y desprevenidos a la mayoría. Cuando se deja de tener clara la tendencia aparecen las dudas y en la mayoría de casos un aumento de volatilidad conduce a caídas y la llegada de la tranquilidad se traduce en subidas. Aunque parece que este mes acabará en ligero positivo, seguimos siguen sin recuperarse los niveles de finales de septiembre, acaba un noviembre que ha intentado recuperarse de un octubre que ha roto muchos meses de tranquilidad y de tendencia alcista en Wall Street y en el que se han comportado mejor las más sobrevendidas bolsas eurozoneras que las norteamericanas pero que sigue dejando muchas dudas. Quedan menos de 20 sesiones para acabar un año malo bursátilmente y que se puede considerar pésimo porque cientos de miles de accionistas de valores líderes están acumulando pérdidas que rozan lo catastrófico como en el caso de BBVA (ronda el -30% en 2018) en España o de Deutsche Bank (que pierde casi la mitad de su valor en estos 11 meses) en Alemania.

El caso es que el mal comportamiento de los bancos cotizados es casi universal, incluso en los EUA, cuyos índices siguen sin alejarse demasiado de máximos históricos, el sectorial bancario es el de peor comportamiento del principal índice mundial: el S&P500 por lo que aunque sea cierto que los tipos de interés ultrabajos de la Eurozona, las incógnitas del Bréxit, la confrontación política del nuevo gobierno italiano con la UE, el bajo crecimiento económico del trimestre pasado en la Eurozona, la inestabilidad en algunos mercados emergentes a los que están expuestos etc. no ayudan a las perspectivas de nuestras entidades financieras, hay algo mucho más profundo que afecta a la banca en todo el mundo y que desmiente el razonamiento, para mi erróneo, de que todo se resolverá cuando el BCE suba los tipos de interés. La FED lo lleva haciendo mucho tiempo y en los EUA tampoco son capaces de seguir al resto del mercado.

Hay quien achaca esta situación a la excesiva regulación y a las necesidades obligatorias de capital que hoy son más elevadas que antes de 2007 y puede que esté influyendo (aunque yo estoy de acuerdo, hay que evitar en todo lo posible una nueva crisis financiera y esas son medidas que ayudarán -cuando ocurra, que ocurrirá- a que les sea más fácil sobrellevarla, aunque sigo dudando que sean suficientes) pero es evidente que hay algo más. El negocio bancario tradicional está resultando deficitario en economías desarrolladas donde los márgenes son más estrechos, el crecimiento del crédito está contenido y la banca por internet compite con tarifas de comisiones mucho más bajas. Que BBVA dependa tanto de México o Santander de Brasil ejemplifican muy bien que sólo en economías emergentes los márgenes compensan estructuras tan enormes. Y eso implica también a toda la banca europea y norteamericana: la banca minorista tradicional ya no es rentable y el cierre de sucursales, la reducción de personal (ambas medidas anunciadas eta semana por CaixaBank sin ir más lejos) e incluso la suspensión –o reducción- del dividendo a los accionistas parece que seguirán siendo comunes en el futuro. Y eso sin tener en cuenta el miedo a que aparezcan nuevos actores en el mercado financiero como las grandes tecnológicas. Esto explicaría su mal comportamiento bursátil (que tanto está influyendo en el Ibex donde esos valores pesan tanto) aunque quizás en algunos casos sea excesivo. Mi opinión es que 2019 tampoco será fácil para ellos pero que en las sesiones que quedan se pueden ver rebotes –por maquillaje- interesantes.

Este fin de semana hay dos acontecimientos políticos, el G-20 en Argentina donde no se esperan grandes cosas pero podría haber alguna sorpresa y, en el ámbito local, las elecciones andaluzas tras las que no parece haber ninguna duda sobre quién seguirá gobernando y creo que quien más se la juega es el PP porque si quedara por detrás de Ciudadanos tras la debacle de las autonómicas catalanas –aún con mandato de Rajoy- dejaría muy tocado el liderazgo de Casado pero no debería haber consecuencias para el lunes en el Ibex, que creo está asumiendo que habrá generales el próximo año con unos resultados pocos claros pase lo que pase el domingo en Andalucía. Y enlazando con la actualidad de los mercados, semana de recuperación bursátil al calor de un posible acuerdo de Bréxit (que de todas formas no se vota hasta el 11 de diciembre en el Parlamento británico) y una relajación de las tensiones Italia/UE aunque yo lo achacaría más a la sobreventa alcanzada y a la estacionalidad favorable, si bien el impulso final vino, y hacía tiempo que se echaba de menos su “ayuda”, de la FED. Y es que el miércoles por la tarde Powell afirmó algo obvio pero que parece que hacía falta que alguien de su poder dijera: que la caída del crudo alivia las tensiones inflacionistas, dejando la puerta abierta a menos subidas de tipos en los EUA. Como imagen, la última cifra que ha ofrecido el Banco de España acerca del coste del saneamiento de las cajas de ahorros (y bancos que eran propiedad de ellas) intervenidas por el estado: 42.621 millones de dinero público y 22.332 proporcionados por el propio sector financiero. Cifras duras de digerir.

Links.

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Escrito por Droblo el 30 de noviembre de 2018 con 38 comentarios

China y su cambio de modelo económico

Para los inversores centrados en las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, puede resultar sorprendente que China registrara un déficit por cuenta corriente en los nueve meses de 2018, el primero desde 1993. El déficit de 12.800 millones de dólares es solo de alrededor del 0,1% del PIB pero marca el éxito de Pekín al reequilibrar la dependencia de su economía de las exportaciones. Hace apenas una década, el superávit de China alcanzó su punto máximo de 420.000 millones de dólares, es decir, el 9% del PIB.

Sin embargo, no hay que esperar que el déficit de la cuenta corriente chino apacigüe a la visión de Trump.

El superávit comercial de China, una medida más restringida que excluye los ingresos por inversiones, sigue siendo enorme. El superávit comercial con Estados Unidos se sitúa en unos 350.000 millones de dólares (un superávit de 390.000 millones de dólares en bienes y un déficit de 40.000 millones de dólares en servicios).

Por el contrario, China tiene un déficit del 3-4% del PIB con el resto del mundo, especialmente frente a los exportadores de petróleo y las economías asiáticas. Los aranceles comerciales de Estados Unidos y un acuerdo que reduzca las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos podrían reducir la balanza comercial y poner parte de la carga del ajuste sobre los socios comerciales de China.

Las autoridades chinas han fomentado las importaciones y el turismo saliente, y el turismo ha provocado un creciente déficit de servicios. China también ha estimulado el consumo y la inversión con políticas monetarias y fiscales expansivas.

La población de China está envejeciendo, y la fuerza laboral y el ahorro interno alcanzaron su punto máximo hace varios años, reduciendo la brecha entre el ahorro y la inversión.

El aumento de los precios del petróleo ha impulsado la factura de las importaciones de China (un aumento de los precios del petróleo de 10 dólares por barril aumenta las importaciones en unos 36.000 millones de dólares, es decir, 25 puntos básicos del PIB).

A pesar de su reciente depreciación, el tipo de cambio efectivo real de la moneda china ha caído sólo un 7% desde su máximo en 2015 y se mantiene un 33% por encima de su nivel en 2007.

Por primera vez en un cuarto de siglo, China se ha convertido en un importador de capital, un cambio significativo en el patrón global de ahorros y flujos de capital. Hace tan sólo cinco años, China inyectaba entre 300.000 y 400.000 millones de dólares anuales en los mercados mundiales.

Los mercados de capital de China, cada vez más abiertos, también están contribuyendo. El país atrajo 86.000 millones de dólares en entradas de bonos extranjeros y 30.000 millones de dólares en inversiones de capital en los últimos 12 meses. China se lleva ahora la mayor parte de las entradas de cartera asiática, una tendencia que probablemente se acelerará con la inclusión de los bonos chinos en los índices de los mercados mundiales de bonos y acciones.

El giro de 180 grados -desde el exportador neto de capital hasta el importador- podría presionar a los mercados mundiales de bonos, en particular a los mercados de bonos en moneda local de bajo rendimiento de Asia.

Es probable que el Banco Popular de China (PBOC) también acelere su migración a un régimen cambiario más flexible. El yuan funcionaría más como un estabilizador automático para compensar los choques externos. Es probable que el PBOC dé prioridad a la independencia de la política monetaria para centrarse en los mandatos económicos nacionales.

Sin embargo, dada la inelasticidad de la demanda china de petróleo y productos básicos, la cuenta corriente de China podría seguir siendo deficitaria en 2019. A su vez, otros cambios estructurales y los ajustes de los tipos de cambio de Pekín podrían afectar a las economías asiáticas estrechamente integradas con China, en particular Taiwán, Corea del Sur y los miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN).

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Escrito por Marc Fortuño el 29 de noviembre de 2018 con 13 comentarios



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