El blog del Euribor
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La importancia de la marca comercial

La marca es uno de los más importantes atributos de cualquier empresa. Es su identificador en el mercado, capaz de representar sus valores diferenciales, de despertar interés y de atraer. Pero es un hecho que mantener su vigencia en el tiempo es un gran reto, la marca necesita de continuos retoques, actualizaciones y revisiones, lo que se conoce como restyling, un concepto en el que se incluye tanto el refresco de marca como cambios más ambiciosos y radicales.

No es nada nuevo, las empresas más exitosas siempre se han preocupado por actualizar su imagen. Algunas lo hacen de forma casi imperceptible y otras con decisiones más radicales. La novedad es que el proceso de aceleración permanente que se vive en la sociedad y los mercados ha acortado los plazos de renovación de las marcas, al menos en las enseñas que aspiran a seguir siendo relevantes. Es decir, como en todos los ámbitos, la cultura digital ha obligado a las empresas a actuar con mayor diligencia para adaptarse a unos cambios del mercado que se suceden con extraordinaria rapidez.

Son diversas las situaciones que pueden aconsejarla, si bien siempre vienen motivadas por tres tipos de factores: los propiciados por el consumidor –por ejemplo, un cambio de sus hábitos–, los que vienen impuestos por la dinámica empresarial, desde una fusión o cambio accionarial, a giros estratégicos o diversificación de la actividad y, por último, los que se refieren a una degradación de la imagen de marca actual.

A la hora, tanto de crear como de modificar una marca tenemos que tener en cuenta una serie de factores. Por un lado, es un hecho que la imagen de marca conecta con el cliente de forma visual y directa, si mantenemos nuestra imagen corporativa durante muchos años esa conexión se pierde. Sin embargo, renovando nuestra imagen conseguimos que el público se vuelva a fijar en nosotros. Esto es así porque el cliente percibe una evolución, incluso si nuestro catálogo o nuestros servicios se han mantenido fijos durante mucho tiempo. A veces simplemente cambiando la imagen de nuestra empresa conseguimos renovar el interés de nuestro público habitual sin necesidad de hacer más cambios internos en nuestro negocio. Renovando nuestra imagen llegamos al cliente de una forma más eficaz, demostrando que nuestro negocio sigue adaptándose a los cambios de mercado.

Según Pablo López, director adjunto del Foro de Marcas Renombradas de España, las razones para un cambio en la marca, aunque siempre pasan por el crecimiento de la compañía, se pueden deber a múltiples razones. Hay cambios por cuestiones legales, como cumplir con un nuevo reglamento, como el caso de la eliminación del prefijo bio en productos como Biocentury o Biomanan por parte de la Unión Europea, o para reconectar a los consumidores con una marca que había perdido relevancia. También puede ejecutarse para afrontar la internacionalización y el aterrizaje en mercados donde se necesita un nuevo nombre: Panama Jack opera como Havana Joe en Estados Unidos y México.

En otras ocasiones, la transformación se debe a un cambio o ampliación de la actividad de la compañía cuyo nombre ya no refleja con fidelidad su expansión. Es el caso de Gas Natural Fenosa que, desde no hace mucho, se llama Naturgy y que, además de expresar una diversificación y una ampliación en su producto en el mercado, ya no centrado sólo en el gas natural, trata de fomentar una imagen de conexión con un entorno más natural y comprometido con el medio ambiente.

Pero los casos más llamativos suelen ser los que tienen su origen en un lavado de imagen. Uno de los casos más recientes y llamativos fue el de la antigua Caja Madrid, que, aprovechando los procesos de fusión bancaria, de los que fue uno de los grandes protagonistas, eliminó al oso de la Comunidad de Madrid, cambió de nombre a Bankia y trató de dejar atrás su negro pasado de las “acciones preferentes” y las tarjetas “black”, para meterse de lleno en el escándalo de su salida a bolsa y las cláusulas abusivas de las hipotecas, por no hablar de las causas judiciales de sus directivos, con Rodrigo Rato a la cabeza.

A día de hoy, casi todas las entidades bancarias se hallan en pleno proceso de renovación de su imagen corporativa. Las nuevas tecnologías aplicadas a las finanzas, están propiciando demandas de servicios nuevos de los consumidores. Este hecho, que a su vez está ayudando a la irrupción de empresas conocidas como “fintech”, que están comenzando a arrebatar cuota de mercado a la banca tradicional, sobre todo en el segmento de población más joven, llámese más conectado a las nuevas tecnologías.

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Escrito por Manuel González el 16 de enero de 2019 con 7 comentarios

Guarda tu sucio dinero y dame tus datos

Siempre se ha dicho que en Internet si algo es gratis es porque el producto eres tú. Realmente esa frase es de hace 45 años y se refería a la TV (salió en el corto “Television Delivers People“) así que llevamos siendo producto prácticamente toda nuestra vida.

Basta con que abras tu cartera y mires cuántas tarjetas de fidelización tienes*.

Tras los últimos escándalos de Facebook con Cambridge Analytical que ayudaron a ganar tanto al Brexit como a Donal Trump nos damos cuenta de que esto no tiene que ver solo con dinero, también con nuestro voto e incluso con nuestra participación activa en ciertos movimientos sociales. Y también nos damos cuenta de que nuestra información vale más de lo que nos están pagando por ella.

Como poco, un cafetito. Al menos eso es lo que han pensado los dueños de “Shiru Café” una cadena con 21 tiendas en Japón, India y EEUU que ofrecen a sus clientes café, wifi y otras comodidades a cambio de los datos personales de sus clientes. No aceptan dinero, vale poco.

El modelo de negocio es bien sencillo, abren sus tiendas en zonas con clientes comercialmente atractivos y comparten su información con compañías interesadas. Las empresas pagan por poner su publicidad en la  web de la cafetería y también en comprar los datos de los estudiantes. Los sponsors son empresas grande, por ejemplo en Japón son Nissan, Microsoft, Suzuki o JP Morgan entre otros.

Además, a cambio del Wifi los clientes que permanecen conectados cómodamente en la cafetería reciben publicidad durante su navegación, lo que no sabemos es si además están recopilando datos sobre las webs que visitan y las búsquedas que realizan en Google.

En un mercado en el que las empresas están dispuestas a pagar más de 30$ simplemente por un click bien segmentado el poder tener buena información de los clientes a cambio de un café (cuyo coste en materia prima no sube de los 10 céntimos), un asiento y una conexión Wifi compartida es un auténtico chollo.

Lo más sorprendente y llamativo de esta cafetería es su honestidad ya que te guste o no su modelo de negocio al menos dan la cara y afirman sin rubor que su modelo de negocio es ese. Tus datos.

Otro caso curioso que hemos conocido recientemente es el de la promoción que lanzó Burguer King, geolocalizaba a todos los usuarios de su app móvil y cuando uno se acercaba a 200m de un Mc Donalds le envíaba una alerta ofreciéndole una hamburguesa por 1 céntimo.

Mientras tanto, los gigantes tecnológicos se siguen lucrando con nuestra información y su última batalla se centra en ver quién se mete antes en nuestro hogar a través de esos altavoces inteligentes que tienen siempre activo el micrófono y uno, que ya no sabe que pensar, empieza a ver conspiraciones donde no las hay… o sí.

*Con la tarjeta de fidelización de Ikea, a cambio de tus datos, te regalan…. un café.

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Escrito por Carlos Lopez el 15 de enero de 2019 con 10 comentarios

La caducidad de esta Europa

No creo que resulte arriesgado afirmar que si la Eurozona no se rompió en los años más duros de la última crisis fue porque el coste de la ruptura hubiera supuesto más problemas aún que el seguir tirando. Además, las políticas de BCE han acabado haciendo dependientes a todos los países de su financiación. El mejor ejemplo lo tenemos en esta imagen donde se puede apreciar que BCE es prácticamente el único comprador de deuda pública italiana:

Parece imposible que ningún país pueda salirse de la disciplina del BCE porque incluso hasta los que tengan compradores para sus bonos, deberán abonar en euros lo que hoy le deben a nuestro banco central, y todos le debemos mucho ya y va a ser así por años ya que aunque no compre más, hay mucho papel en cartera que tardará años en vencer. Visto así, parece que tenemos Eurozona para rato pero lo que está en juego ya no es sólo la Eurozona, es la propia UE. Ahora que Reino Unido se va, la evolución de la zona Euro y de la UE es más estrecha y el futuro de ambas está más ligado. El Bréxit está resultando duro, los gobiernos húngaro, polaco, italiano… están rompiendo el consenso sobre muchos temas pero el mayor problema está en Francia. Una victoria de Le Pen coincidente con un gobierno italiano de Salvini (hoy socio minoritario de gobierno pero primero en las encuestas) podría dinamitar la UE tal y como la conocemos.

La pregunta es por qué los europeos optamos por opciones populistas y nos quejamos tanto de la UE. Por supuesto uno de los motivos es la mediocridad de los actuales dirigentes políticos, el mal funcionamiento de muchas instituciones comunitarias etc. pero hay que recordar que antes de ella las cosas no iban precisamente mejor. Es como la excusa recurrente echar la culpa de la UE de errores nacionales. Francia tiene un grave problema de productividad, su economía no da para más y sin embargo, tiene un gasto social desmesurado y –aviso a los que creen a pie juntillas que el centralismo es la solución- una burocracia enorme y muy costosa… y sin embargo, piden más. Es algo inconcebible pero muy común en nuestro continente: nuestro estado del bienestar nos coloca entre los mejores países del mundo donde vivir, con niveles de justicia social muy superiores a naciones más ricas como los EUA, pero en vez de tomar las medidas necesarias para garantizar la viabilidad de la educación, sanidad, pensiones etc. públicas, hacemos lo contrario y nos empeñamos en destrozar las cuentas públicas tirando de déficit que se convierte en deuda, deuda que acabará por hacer inviable el sistema.

En España estamos igual con el tema de las pensiones que ya ha llevado a la Seguridad Social a la quiebra técnica. El sistema tal cual es, no se basa -como nos cuentan- en cobrar lo que hemos aportado durante nuestra vida laboral (eso aparte de ser falso sería un disparate financiero), se basa en que los trabajadores de hoy pagamos a los pensionistas de hoy confiando en que los trabajadores del mañana nos pagarán las pensiones a nosotros. Y no parece tan mal sistema si lo comparamos con las propuestas de algunos de fiarlo todo a la evolución bursátil pero evidentemente si la población activa se reduce y la pasiva crece, se produce un desfase y ese descuadre sólo se puede arreglar o haciendo aportar más a los trabajadores (vía cotizaciones o impuestos, algo que será insostenible en cuanto llegue la próxima crisis y suba el paro y baje la recaudación) o reduciendo el gasto en pensiones… bueno, luego está la tercera solución omnipresente siempre: tirar de más deuda, algo complicado ya para España (e Italia y Francia). Teniendo en cuenta que en esta crisis los pensionistas son el grupo asalariado que ha salido mejor parado (los que menos poder adquisitivo han perdido) y va aumentando su número y la cuantía de sus nóminas a nuevos récords mes a mes, parece lógico ajustar por ahí pero las protestas hicieron cambiar de opinión tanto a Rajoy como a Sánchez. Los votos de los jubilados son tantos que no parecen dispuestos a afrontar el problema.

No creo que haya dudas acerca de los beneficios para España de haber entrado en la UE: nada tiene que ver la España de 1986 con la de ahora. Hay más sombras respecto a la entrada en el Euro porque nos llevó a la mejor situación económica de nuestra historia pero resultó ser mentira. No obstante, muchas de las críticas al Euro son falsas: no es cierto que el Euro impulsara más los precios, los IPCs en los años 90 eran muy superiores a los de la primera década de este siglo, tampoco es que sin Euro no hubiéramos tenido crisis en 2008 porque otros países de nuestro entorno como Reino Unido vivieron la misma burbuja que nosotros aún con su propia moneda. El caso es que estamos dentro y salirnos es muy complicado y además estar dentro exige que todos los miembros nos abstengamos de determinados excesos. Para salir de la anterior crisis se han aceptado unos déficits enormes pero ahora es el momento de mejorar las cuentas públicas y en lugar de eso, las protestas –y los votos- de los indignados nos llevan por otro camino.

He leído muchas críticas a que Alemania y otros países –esos que cumplen con el déficit y están reduciendo su deuda pública- se hayan opuesto a crear un fondo de garantía de depósitos y un complemento de seguro de desempleo europeos porque “eran magníficas oportunidades para demostrar a los ciudadanos europeos que la Unión Europea piensa en ellos” pero yo les entiendo porque aportar más fondos y asumir más riesgos implica que todos los socios deben ser disciplinados con sus cuentas públicas y con la supervisión de sus entidades financieras. En 2017 Italia gastó dinero público en salvar a sus bancos cuando ya se había decidido en la UE que no se haría y ¿de qué sirvió? En 2018 ganaron las elecciones el Movimiento 5 Estrellas que hizo un pacto de gobierno con la Liga Norte que ha socavado los consensos en inmigración y ahora pretende saltarse los límites presupuestarios… y siguen salvando bancos con dinero público como el caso de Carige de este mismo año. ¿Por qué entonces arriesgarse si los socios no son de fiar? Ya no digo sólo de Alemania, ¿Por qué España –que no salvó con dinero público al Banco Popular- va a aceptar aportar dinero para un fondo que cubra a los depositantes italianos caso de que caiga alguno de sus bancos? En cuanto al seguro de desempleo, estaría fenomenal que los finlandeses aceptaran pagar el paro a los españoles pero es curioso que pretendamos eso cuando dentro de España ya hay quien se queja desde algunas autonomías de esa misma solidaridad.

En resumen, que no puede haber más Europa no porque no sería bueno (para mí sería lo óptimo: una misma fiscalidad, un mismo código penal, sindicatos transfronterizos etc.), sino porque unos países no pueden fiarse de los otros ya que los votantes tienden a optar cada vez más por los discursos populistas de beneficios a corto plazo y eso hará que sea imposible la necesaria disciplina en las cuentas públicas de cada estado miembro. Hasta Macron -que iba de gran esperanza europeísta- ha cedido a las presiones y seguramente el déficit de Francia incumpla en 2019 como lo hará el de Italia y lo mismo hasta el de España. Tres países con una calidad de servicios públicos de las mejores del mundo pero repleta de indignados que no van a ayudar a reducir la enorme deuda pública. Cuando llegue la próxima crisis esos indignados, que crecerán porque habrá más motivos, echarán la culpa a la UE y al Euro de lo que pasa en sus países y llegará el final… no sé si de la Eurozona y la UE (porque probablemente permanezca, y si es con menos países seguramente con serios conflictos diplomáticos entre miembros y exmiembros) pero desde luego sí de esta Eurozona y de esta UE. Y sospecho que el resultado no será mejor que el actual.

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Escrito por Droblo el 14 de enero de 2019 con 27 comentarios

La semana en los mercados

El gran tema que se repite en los medios desde hace semanas es el miedo a una recesión global, no dejan de publicarse avisos sobre lo terriblemente mal que irá la economía este año. Doy por hecho que nadie conoce el futuro y que pueden tener razón igual que pueden no tenerla, el problema es que puede suceder que la profecía se auto-cumpla: si la población tiene miedo a una crisis deja de consumir, eso dispara el paro y hunde la recaudación y al final sí que llegan los problemas. Por suerte este es un escenario un poco extremo pero sí que es cierto que el optimismo es mejor para la economía que el pesimismo. Eso sí, los consensos de los expertos no afectan a la economía: la mayoría no daba nada por la de los EUA en enero de 2009 y en junio de ese mismo año salió de la crisis y ha estado creciendo hasta ahora, encadenando además 99 meses seguidos creando empleo (lo cual es muy meritorio con una tasa de paro tan baja como la de los últimos años), del mismo modo en enero de 2010 (tras subir el Ibex un 30% en 2009) los expertos apuntaban a una recuperación del PIB español (hasta tuvimos una ministra que veía brotes verdes desde mayo 2009) y llegó la “inesperada” crisis griega (esa que no nos iba a afectar porque su peso dentro de la Eurozona era de menos del 3%) y aquí no empezamos a levantar cabeza hasta 2013.

Habrá una próxima crisis, eso es una verdad estadística. Otro tema es que sepamos cuándo va a ocurrir (y luego está conocer cuál será su intensidad) y los argumentos para situarla en un futuro cercano no son muy convincentes, al menos para mí ya que cuando dicen que es que hay mucha deuda resulta que la hay desde hace años, cuando se dice que el problema es la subida de tipos de la FED, lo mismo: lleva años subiéndolos… Y así con todo, al final el único motivo real por el que ha aumentado el pesimismo es la bajada bursátil. Y es curioso porque Wall Street marcó máximos históricos en Septiembre, si entonces la bolsa se equivocó porque –como ya avisamos AQUÍ– el tercer trimestre económico no fue bueno en muchos países, ¿por qué va a acertar ahora? Y más en España cuando el Ibex lleva bajando desde mayo de 2017 y seguimos creando empleo y creciendo muy por encima del IPC.

Yo le tengo mucho miedo a la próxima crisis porque creo será sistémica y por lo tanto muy dura pero no la veo inminente y mi razonamiento es el siguiente: tras la última gran recesión hemos aprendido que los bancos centrales harán todo lo que esté en su mano para impulsar la economía y eso nos llevará, a la que se detecte un enfriamiento grave, a tipos de interés aún más negativos y a mayores compras de activos, es decir, a una japanificación del mundo. Ese proceso retrasará la llegada de la próxima gran depresión pero me temo que, cuando llegue, la empeorará porque terminará con la pérdida de confianza en el sistema y seguramente hasta en el propio dinero. No es algo que vaya a pasar, en mi opinión, en unos meses y de hecho deseo de todo corazón que nunca ocurra y me equivoque.

Para ilustrar lo aparentemente exagerado que resulta el actual pesimismo podemos ver el caso de Apple, todo el follón con la caída de sus acciones se debe a un exceso de expectativas ya que un menor beneficio no parece algo tan grave, el problema es lo que descontaba la cotización de la compañía, ¿un crecimiento infinito acaso? Y claro, hay que volver a la realidad. Este es el gráfico de los ingresos de Apple desde hace diez años:

El otro día Apple dijo que en lugar de los 88 mil millones de $ de ingresos del primer trimestre de 2018 –y de la horquilla 89-93 mil millones pronosticados hasta hace unos días- en 2019 espera que sean unos 84 mil millones. Tomándolo como metáfora de la economía, esto es una desaceleración del crecimiento, un fallo en las expectativas pero para nada una recesión. Aquí vemos su última década en bolsa:

Mi teoría sobre Apple es que Jobs no miraba por los accionistas, ni siquiera estaba a favor de repartir dividendo pero su sucesor no sólo lo reparte, además estableció un programa de compra de acciones propias enorme… Esto dio mucho beneficio a muchos pero “burbujeó” el precio de la acción de tal modo que al menor revés sobre las expectativas motivado por el auge de la competencia, hace que la corrección sea muy violenta. Así que inferir de la caída de estas últimas semanas de Apple –o de la de cualquier otro valor o índice- alguna lectura sobre la llegada de una crisis económica global no parece razonable. En cuanto a la actualidad, el rally de Santa Claus no existió aunque sí el de Los Reyes, que brilló en la sesión del viernes de la semana pasada mientras en las de la actual se han consolidado los niveles alcanzados en aquella sesión, con alzas generalizadas y especial fortaleza del Ibex, por primera vez en años contento de no tener tecnológicas en su composición. La votación sobre el acuerdo del Bréxit de May en la noche del día 15 será el gran acontecimiento que generará volatilidad los próximos días. No será fácil que las bolsas se calmen hasta no dilucidar esa gran incógnita. Mientras, el crudo ya ha rebotado más de un 20% desde los mínimos de diciembre (los que entonces decían que eso significaba la llegada de una recesión global, ¿qué dirán ahora?) pero aún no está en un nivel que pueda preocupar a la economía real.

Links.-

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Escrito por Droblo el 11 de enero de 2019 con 27 comentarios

La lucha contra el cambio climático y la imposición del coche eléctrico

El Gobierno de Pedro Sánchez va a pasar a la historia como uno de los más controvertidos de la historia de la democracia española (que no es poco teniendo en cuenta que hablamos de España). Partiendo de su cuestionada forma de entrar en el Gobierno y su empeño en gobernar sin casi apoyos, se une el problema catalán y su falta de soluciones, la polémica negociación para la aprobación de los Presupuestos, la lista de ministros cuestionados y la aprobación de leyes con medidas que parecen desesperadas para tiempos desesperados.

Entre estas medidas se cuenta la esperada Ley de cambio climático y transición energética. Con la que el Gobierno espera asegurar el cumplimiento del Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y garantizar la total ausencia de emisiones de CO2 en la economía española.

Con el borrador de la Ley listo aparece la polémica. El Gobierno quiere prohibir la venta y matriculación de coches gasolina, diésel e híbridos para 2040. Y diez años después, en 2050 ningún coche de combustión pondrá circular por suelo español. Además, la ley obligará que todos los municipios con más de 50.000 habitantes tengan que contar con “zonas de bajas emisiones” en menos de cinco años y planea establecer impuestos nuevos al transporte de mercancías.

Por otro lado, se pretende dar un “decidido” impulso a las energías renovables con la intención de instalar un mínimo de 3.000 megavatios de potencia al año. Y falta que hace, porque uno de los puntos en los que la implantación del coche eléctrico puede fracasar es, precisamente, la falta de oferta eléctrica a un precio lo suficientemente asequible para hacer frente a la demanda esperada.

Así las cosas, los principales problemas a los que se enfrenta el naciente sector del coche eléctrico se podrían resumir en:

  1. Insuficiente generación eléctrica. En España hay aproximadamente 30 millones de coches en circulación. Si sustituimos todos ellos por eléctricos y durante la noche se tienen que cargar todos para tener la batería llena al día siguiente a una media de 3 KW aproximadamente, necesitaremos una capacidad de generación eléctrica nocturna de 90.000 MW. Viendo el consumo eléctrico a día de hoy mismo, se aprecia que por la noche estamos en torno a 20.000 MW y por el día hay picos cercanos a los 33.000 MW. Lejos de las necesidades que se crearían con la implantación del nuevo vehículo.

Sin embargo, hay que decir que la capacidad de generación de España, lejos de ser baja, está sobredimensionada, con capacidad de generar casi 100.000 MW. Por otro lado, no todos los coches tienen que cargarse por la noche, sobre todo si las baterías aumentan su autonomía. Pero suponiendo que un tercio de los coches se carguen cada noche, la demanda nocturna subiría en 30.000 MW, lo que, sumado al consumo habitual de 20.000 MW nos daría un total de 50.000-60.000 MW. En horario nocturno, lo que imposibilita el uso de energía fotovoltaica.

  1. Esto nos lleva al siguiente problema, el del coste de la electricidad. Puesto que la demanda subiría exponencialmente durante la noche, la red eléctrica necesita más producción, almacenamiento para acumular durante el día los picos de algunas renovables (como la solar) con todos los problemas técnicos que esto conlleva, y eso sin entrar en los cargadores rápidos, que pueden duplicar o incluso triplicar la potencia requerida para la carga. Esto nos puede empujar a revitalizar la producción de energía eléctrica resucitando las centrales térmicas, que proporcionarían estabilidad al sistema eléctrico. Igualmente, seguiríamos hablando de mayores costes de producción y de precios de la energía eléctrica sin duda más altos. Por no hablar de que el objetivo de no emisión de CO2 se vería comprometido. Si además partimos de una de las tarifas eléctricas más caras de Europa…
  2. El problema de las baterías. Al margen de que la capacidad de producción de las mismas es aún bastante limitada, una fuerte demanda de coches eléctricos podría llegar a colapsar la producción, encareciendo notablemente el producto. Al margen de que, con la tecnología de hoy en día, las baterías conllevan un coste medioambiental importante, no sólo a la hora de reciclarlas, sino en el mismo momento de producirlas. En otras palabras, el consumo energético directo sí que será más verde (incluso aunque aumente la producción eléctrica por combustibles fósiles debido a la mayor demanda) pero la contaminación por el desecho de baterías antiguas puede ser muy importante.
  3. Pero la recarga de los coches eléctricos conlleva otro problema importante, que es el de la insuficiencia de los puntos de recarga. Ahora mismo estamos acostumbrados a recargar en las gasolineras, con una red abundante y eficiente (se llena el depósito en pocos minutos, cosa que da una autonomía de 800-1000 Km). Con el coche eléctrico la autonomía es menor y las recargas son lentas. El que no tenga punto de recarga en el garaje de su casa puede tener problemas a la hora de encontrarlo. Podremos llegar a encontrarnos con auténticas peleas por recargar la batería de estos vehículos. Sin contar con el problema de que, si se agota la batería en un atasco, por ejemplo, ¿qué podremos hacer con el vehículo, más allá de llamar a la grúa?
  4. Por último, queda el tema impositivo. El impuesto especial de hidrocarburos recauda en España alrededor de 11.000 millones de euros al año, a lo que hay que añadir el IVA que nos cobran por llenar el depósito. La desaparición de este impuesto añadiría entre uno y dos puntos del PIB al déficit. La solución se podría tener si se optase por un nuevo impuesto a la electricidad, pero sería injusto para aquellos que no tienen vehículo. Otra opción sería incrementar el impuesto de circulación, del que ahora mismo estos vehículos están exentos.

Por tanto, podría pensarse que el plan del Gobierno para acabar con los vehículos de combustión es más una declaración de “cómo me gustaría que fuese” que un “así lo vamos a hacer”. Política muy acorde con nuestra clase política, que prefiere los grandes titulares para las bonitas fotos antes que encarar el problema y aportar soluciones viables.

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Escrito por Manuel González el 10 de enero de 2019 con 31 comentarios

Sentimiento económico de nuestros lectores

El pasado 14 de Noviembre publicamos por aquí un artículo titulado “La crisis más anunciada de la historia” en la que, pese a que los indicadores económicos actuales son bastante buenos, muchos eran los medios, bancos y organismos que nos están aguando la fiesta poniendo fecha a la próxima crisis.

Lo que  si que es preocupante es la tendencia de “voy a prever una crisis muy gorda para que así luego no me digan que no avisé” que acaba llegando al sentimiento de los ciudadanos, que somos sobretodo, consumidores y buenos pagadores de impuestos.

Los dos últimos años han sido bastante buenos para los lectores de este blog, los mejores de la última década y eso debería ser suficiente para mostrarnos optimistas a la par que cautos. Realmente lo normal, al menos desde mediados del siglo XX, es estar en largas etapas de crecimiento con algunas crisis entre medias y no al revés.

Degraciadamente el mensaje de “que viene una crisis” parece que está calando entre vosotros y nos encontramos en el año menos optimistas desde que venimos realizando la encuesta. Sólo el 13% de los lectores creen que el 2019 será mejor que el 2018. El 43% piensan que será peor, cifra similar a cuando estábamos en lo peor de la crisis.

En los indicadores económicos tampoco estáis especialmente optimistas ya que sólo el 38% pensáis que bajará el paro y los bajistas en bolsa marcan su máximo en el registro histórico (un 36% cree que bajará frente a un 21% de alcistas) algo normal visto el final de año tan desastroso que tuvo los mercados. Se salva la vivienda en la que un 67% opina que seguirá subiendo.

En cuanto al Euribor no hay sorpresas y la mayoría cree que se situará a final de año entre el 0 y el 0.5%

Respecto a lo más negativo del año repite el conflicto catalán, con los políticos y la corrupción repitiendo podium. Por último la noticia económica del año tenemos como ganadora a la guerra comercial de Trump que quizás sea la principal responsable de este sentimiento tan negativo que tenemos para el 2019. Destaca el poco interés que han tenido las impactantes caídas bursátiles y de las criptomonedas, quizás porque es algo de lo que los medios hablan mucho pero en donde los lectores no tienen sus ahorros.

Nos quedará por ver si estamos ante una profecía autocumplida y ese pesimismo nos hará entrar en el círculo vicioso de dejar de consumir e invertir en proyectos a largo plazo o si finalmente, como ocurre casi siempre, nadie acierta en sus pronósticos y tenemos un 2019 mejor que el 2018.

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Escrito por Carlos Lopez el 9 de enero de 2019 con 8 comentarios



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