Con esto de la TDT y la necesidad de tantas cadenas de emitir durante 24 horas no sólo repiten muchos programas, también compran producciones extranjeras realmente curiosas. He descubierto cómo han conseguido convertir en algo atractivo para el televidente –al menos para algunos- temas a priori aburridos como las vicisitudes de un negocio de tatuajes, de unos pescadores de langostinos e incluso las aventuras de unos agentes de embargo. Sin embargo, entre tanta “rareza” yo también me he sorprendido viendo de vez en cuando alguno y he disfrutado de él. Uno de los programas que suelo ver y que empecé a hacerlo como alternativa a los anuncios de los Simpsons mientras comía, es “Control de Aduanas”, un documental australiano que muestra el trabajo de los agentes de aduanas, desde la detención de ilegales –tanto de personas que trabajan en el país como pesqueros malayos que entran dentro de los límites fronterizos- a la detección de productos prohibidos que transportan los viajeros que llegan al aeropuerto pasando por los que los intentan introducir por correo. A veces algún turista lleva un pasaporte falso o un visado engañoso, otras intenta introducir un arma o comida que se considerada un peligro biológico pero la mayor parte de los casos están relacionados con las drogas. Droga que viaja en imaginativos compartimentos secretos de la vestimenta, del equipaje y hasta en el interior del viajero así como oculta en cuadros, lámparas, botones y todo tipo de objetos.
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