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Buttonwood

¿Qué veis raro en esta foto de una tienda de brújulas?. Miradla atentamente.

Buttonwood 3

Si os fijáis bien, todas deberían señalar al Norte pero cada una lo hace para un lado. Una posible explicación de lo que ocurre es que las brújulas tienen campo magnético y podrían interferir entre ellas. Esto me recuerda, de alguna manera, a lo que ocurre actualmente con las divisas, cada una gira para el lado que quiere e interfieren entre si. Carecemos de un punto de referencia universal que nos indique el valor real de cada una, cual es el Norte.

El otro día, el presidente del Banco Mundial escribió en el Financial Times un artículo acerca de la necesidad de regresar al patrón oro como base de cambio de las monedas. La idea básica es tener un punto de referencia sobre el que valorar las monedas.

Intentando entender mejor la raiz de los problemas, me topé con un interesante artículo del «The Economist» de Mayo de 2009 (un pelín largo, pero muy didáctico), titulado Brettonwood. Esto es lo que nos cuenta.

Todos los sistemas monetarios y económicos consisten en una lucha entre los «prestados», que favorecen la inflación, y los «prestadores», que están dispuestos a mantener el poder adquisitivo de la divisa. En democracia, esto es una batalla fluida. Los prestadores (en adelante, para simplificar les llamaremos bancos) tienen el poder y, por lo tanto, la atención de la élite política; los prestados suelen tener los votos.

Los bancos han impuesto periódicamente anclas monetarias en un intento de vencer al lobby de los prestados. Estas anclas son ideales en tiempos prósperos pero presentan dificultades durante épocas de recesión. El patrón oro no sobrevivió a la depresión. Para las naciones con escasez de oro, lo «correcto» era aumentar los tipos de interés para volver a revalorizar el oro; la austeridad que ello impuso al resto de la economía fue políticamene inaceptable.

La era de Bretton Woods sustituyó al patrón oro por el patrón dólar (a pesar del teórico vínculo de la divisa americana a los lingotes). El sistema funcionó bien durante más de dos décadas, ayudado por el boom económico de la posguerra, especialmente en Alemania y Japón, que empezaron el período con tipos de cambio subvalorados. Se desmoronó porque América se negó a pagar el precio nacional de cargar con el peso del sistema.

Cuando Bretton Woods fracasó, no fue inmediatamente obvio lo que le iba a sustituir. Los países europeos, concretamente, mantuvieron el deseo de establecer tipos de cambio fijos. Sin embargo, prevalecieron finalmente los tipos fluctuantes, en especial, para las principales divisas respecto al dólar: el yen y el marco alemán.

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Piedra mascota

Piedra mascota 6En abril de 1975, Gary Dahl estaba en un bar escuchando como sus amigos se quejaban de sus mascotas y esto le dio la idea para la «mascota perfecta», una roca, ya que esta no necesita ser alimentada, ni que la saquen de paseo o la bañen o la peinen, no se muere, ni enferma ni es desobediente... Vamos, la mascota perfecta.

Una vez pasada la resaca, Gary pensó que la idea podía ir en serio, y se puso a redactar un «manual de instrucciones» de una roca mascota. Estaba lleno de juegos de palabras, guiños y chistes en referencia a lo absurdo y gracioso que tiene el tratar a una piedra como una mascota real.

Las primeras «Rocas mascotas» fueron simples piedras grises que compró a 1 centavo cada una en una tienda de material de construcción. Se comercializó como se hace con los animales domésticos, en cajas de cartón a medida, con la paja y los agujeros de respiración para el «animal». También se incluía un manual de 32 páginas titulado «El cuidado y el entrenamiento de su piedra mascota», con instrucciones sobre cómo criar y cuidar correctamente de una nueva piedra mascota.

El producto se vendió a 3.95$, la moda duró unos seis meses, y fue uno de los regalos estrella de la temporada de diciembre de 1975. Durante su corto plazo, la «Roca mascota» hizo millonario a Dahl.

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Lecciones económicas de Bob Esponja.

¿Quién vive en una piña en el fondo del mar?

Tenía que ocurrir. Ya habíamos sacado lecciones económicas de Homer Simpson, Futurama, South Park y Padre de familia, así que era cuestión de tiempo que hablásemos por aquí de una de las mejores series de dibujos animados, Bob Esponja.

¿Qué podemos aprender aprender de la pandilla de la ciudad acuática Fondo de Bikini? ¿Que lecciones podemos sacar de una Cangreburguer? ¿Podrá Calamardo enseñarnos algo de economía o será el Señor Cangrejo el que lo haga?. Esto es lo que contaban en otro día los de AOL. No cambien de canal, más consejos trás la publi.

Bob Esponja tiene la integridad que todo emprendedor y trabajador deberían imitar.

Lecciones económicas de Bob Esponja. 8Cuando el Señor Cangrejo, en un episodio llamado «Cambio de turno», dice a sus empleados que el Crustáceo Crujiente estará abierto a partir de entonces 24 horas al día, Bob Esponja empieza a temblar. En el episodio «Solo un mordisco», cuando Calamardo se cuela en el Crustáceo Crujiente durante la noche para comer en secreto algunas cangreburgers, encuentra a Bob Esponja y le pregunta qué hace ahí. «Siempre vengo a las 3 de la mañana», responde Bob Esponja. «Es el momento en el que cuento las semillas de sésamo».

Es increíble la ética profesional de Bob Esponja, su capacidad para trabajar con lo que tiene y obtener lo mejor de cada situación. Como veremos adelante, el trabajo no debe controlar nuestra vida, pero debemos hacerlo lo mejor posible (siempre y cuando te paguen puntualmente, como hace el Señor Cangrejo)

No te alejes de tus competencias principales.

Lecciones económicas de Bob Esponja. 9En «La esponja crujiente», un crítico gastronómico alaba a Bob Esponja por ser una de las dos razones para visitar el Crustáceo Crujiente (siendo las cangreburgers la primera razón). El señor Cangrejo está entusiasmado con la idea de promocionar a Bob Esponja como otra razón para visitar su restaurante. Tan encantado, de hecho, que se pasa, cambiando el nombre del restaurante a Esponja Crujiente y haciendo que su siempre descontento empleado Calamardo lleve un traje de Bob Esponja. Bob Esponja, entretanto, tiene que conducir un tren Bob Esponja fuera del restaurante. De hecho, se ignora la principal razón de ser del restaurante, la comida. Y justo como sería de esperar en la vida real, los clientes se ponen enfermos después de ingerir la comida.

Otro ejemplo de este tipo es el episodio en el que Perla, la hija del señor Cangrejo, quiere cambiar el menú y la estrategia de marketing del Crustáceo Crujiente para estar a la última, Bob Esponja se siente totalmente incómodo con la situación porque se aleja de la estrategia “principal”. Finalmente, Perla se va del restaurante, que vuelve a la normalidad. ¿Lección? «Zapatero a tus zapatos,» (esto no va con segundas)

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