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Paraísos fiscales.

Paraísos fiscales. 4Este artículo es un estracto del libro «Treasure Islands: Tax Havens and the Men Who Stole the World«

Los paraísos fiscales nos rodean. Más de la mitad del comercio mundial, pasa, al menos sobre el papel, por paraísos fiscales. Más de la mitad de los activos bancarios y un tercio de la inversión extranjera directa de las empresas multinacionales se desvían a los paraísos fiscales. En algunos sectores de los medios mundiales ha surgido la impresión, a partir de varias denuncias iniciales de paraísos fiscales por parte de los líderes mundiales en 2008 y 2009, de que el sistema de los paraísos fiscales se ha desmantelado, o al menos tranquilizado. De hecho, ha ocurrido justo lo contrario. El sistema de los paraísos fiscales goza de muy buena salud, y está creciendo rápidamente.

No es una coincidencia que Londres, que en su día fue la capital del mayor imperio que el mundo ha conocido, sea el centro de la parte más importante del sistema de paraísos fiscales del mundo. La red de paraísos fiscales de la ciudad consta de tres partes principales. Dos anillos interiores, las dependencias de la corona británica de Jersey, Guernsey y la Isla de Man, y sus territorios de ultramar, como las Islas Caimán, están fundamentalmente bajo el control de Gran Bretaña, y combinan finanzas de paraísos fiscales futuristas con políticas medievales. El anillo exterior está integrado por una mayor variedad de paraísos fiscales, como Hong Kong, que se encuentran fuera del control directo de Gran Bretaña pero con las que mantiene vínculos fuertes.

Esta red de paraísos fiscales satélites revela ciertas cosas. En primer lugar, proporciona a la ciudad un verdadero alcance mundial. Los paraísos fiscales británicos diseminados por todas las zonas horarias del mundo atraen y capturan capital móvil internacional que fluye hacia y desde jurisdicciones cercanas, del mismo modo que la tela de araña captura a los insectos que pasan por ella. Gran parte del dinero que atraen estos lugares, y los negocios que lo gestionan, se canaliza posteriormente hacia Londres.

En segundo lugar, la tela de araña británica posibilita que la ciudad participe en negocios que podrían estar prohibidos en Gran Bretaña, manteniendo la distancia suficiente que permite a los financieros londinenses una negación plausible respecto a comportamientos ilícitos. Mucha (aunque no toda) la actividad financiera que se lleva a cabo en estos lugares incumple leyes y elude otras en otros sitios.

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Se buscan compradores de deuda

Se buscan compradores de deuda 8Hay muchos motivos para la desconfianza, no por España en sí, especialmente porque todos los que mandan en el mundo económico y político en la €zona en mayor o menor medida nos han engañado alguna vez durante estos años, por ejemplo alabando la solvencia de Grecia o vendiéndonos unos stress test a la banca tan tramposos que dieron por buenos a unos bancos irlandeses que han tenido que ser nacionalizados por culpa de unos agujeros que por supuesto ya tenían en el momento del examen. Nadie ha dimitido, nadie se ha responsabilizado, prácticamente los mismos que nos han metido en este lío y que hemos visto cómo se equivocaban una y otra vez, siguen en sus puestos exigiendo a la población más y más sacrificios para resolver lo que ellos decían que no era un problema. En general la población europea está respondiendo, aceptando la política de austeridad y recortes sociales emprendida por los gobiernos pero algunos países, entre ellos España, se encuentran –a pesar de ello- con problemas para poder colocar sus emisiones de deuda pública. ¿Por qué?  En un «La semana en los mercados» del 30 de abril del pasado año decía:

Tendemos a creer que los mercados financieros son una entelequia pero en realidad son la suma de millones de voluntades humanas, si hace un mes un gestor de un fondo de pensiones francés decidió comprar un bono griego al 7% porque se creyó las palabras de Trichet sobre la fortaleza griega y hoy está recibiendo una sonora bronca de su jefe que le achaca –como buen jefe, siempre a toro pasado- haberlo hecho, difícilmente mañana comprará deuda española por mucho que Salgado diga –y con razón- que “España no es Grecia”, como mucho invertirá en bonos franceses y si acaso alemanes…y ese proceso está ocurriendo a nivel global: se prima la seguridad sobre la rentabilidad y eso nos perjudica.

Bien, imaginemos que ese gestor francés –por cierto, el país que más deuda pública nos compra- aquel 30 de abril, y a pesar de la mala experiencia griega, hubiera decidido comprar un bono español a 10 años. Habría recibido un 4.05% de rentabilidad de algo que hoy está –y gracias a los últimos días no está peor- en torno al 5.20%, es decir, ha empeorado un 28%. Si se hubiera cubierto con futuros también estaría perdiendo puesto que éstos siguen al bund alemán y aquel día el diferencial bono-bund estaba en 100 puntos (aquí podéis ver su evolución: Diferencial bono español-Bund alemán el último año) …hoy en 203, es decir, ha empeorado un 103%. Eso sí, habría podido mitigar las pérdidas comprando unos seguros contra una posible quiebra de España, unos CDS. Aquel día cotizaban a 158…hoy están a 265 (hace pocos días tocaron 359), esto es, un 67% más altos. Claro, egoístamente queremos que nos compren nuestra deuda pública, con argumentos muy lógicos podemos defender la solvencia de España, el exceso de riesgo que nos achacan, el que no deberíamos pagar tanto por encima de Alemania, que nuestra deuda pública respecto al PIB está por debajo de la media europea…pero es que todo eso ya lo podíamos haber argumentado hace 9 meses y todo el que nos hizo caso está perdiendo dinero. Es más, aquel que compró CDS –que tan caros e irracionales nos parecían entonces- de España es el que hizo mejor negocio.

Cuando en bolsa un inversor compra una acción, y baja, y vuelve a comprarla, y vuelve a bajar y pasan los meses y no para de perder dinero, al final deja de invertir en ella. Eso no nos tiene por qué afectar pero si los que compran nuestra deuda pública cada vez que lo hacen pierden, al final dejan de interesarse por ella y eso sí es un enorme problema. Nosotros, como el resto de países del mundo, necesitamos –en clara competencia con ellos- colocar nuestras emisiones, entre otras cosas para poder devolver lo que en su día nos prestaron. Esto es fundamental, porque en el momento que no podamos afrontar un pago, pocos querrán invertir aquí, incluidos los españoles. Por fortuna no es el caso pero es importante ver lo peligrosa que es la dinámica en la que nos estamos metiendo: emitimos y emitimos y decepcionamos a todo aquel que nos financia porque cada nueva subasta sube la rentabilidad y sus posiciones entran en pérdidas porque si las quisieran deshacer perderían dinero. No es desde luego una buena estrategia de márketing. Veamos la evolución de la rentabilidad de nuestra deuda a 10 años y de la prima de los CDS de España a 5 años:

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