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La regulación bancaria ¿Por qué falla?

bank-regulationLos diferentes riesgos que asumen los bancos (crédito, mercado, liquidez, operacional, concentración….) en el desarrollo de su actividad motivan la necesidad de que mantengan un nivel de capital mínimo que permita hacer frente a periodos de estrés financiero. Las instituciones financieras se caracterizan por tener un nivel de endeudamiento elevado con relación a otros sectores de la economía, así como por desempeñar un rol clave en el desarrollo de la economía, dado el papel que realizan de canalizar el ahorro hacia la inversión de los diferentes agentes económicos.

La necesidad de mantener la estabilidad del sistema financiero, proteger a los inversores y depositantes, la creciente sofisticación de los productos financieros, así como la conveniencia de erradicar diferencias competitivas entre los bancos a nivel internacional por las diferentes legislaciones con relación al nivel de recursos mínimos de capital propiciaron la aparición de una normativa específica en materia de adecuación de los recursos propios de una institución financiera a su nivel de riesgo. De esta forma,surgieron los Acuerdos de Basilea, Basilea I en 1988, Basilea II en el año 2004 y Basilea III 2010, que han intentado garantizar una adecuada medición, supervisión, gestión y transparencia de los riesgos asumidos por las instituciones financieras a nivel internacional.

A partir de los acuerdos de Basilea, y en base a diferentes enfoques alternativos, las entidades bancarias, a través del Risk Management, determinan el volumen de capital del que deben disponer para hacer frente a los riesgos de crédito, mercado y operacional, y otros adicionales concentración, efecto de ciclos económicos. De esta manera, dentro de la entidad financiera, el Risk Management surge como una unidad imprescindible, cada día más esencial. El Risk Managment se dedica al análisis, clasificación y cuantificación de los riesgos bancarios, para posteriormente elegir la eliminación de los mismos, la reducción a través de técnicas de cobertura vía el uso de instrumentos derivados, la posible asunción de parte del riesgo, o la cesión o transferencia a terceros a cambio de un coste fijo.

La crisis financiera iniciada en 2007 puso de manifiesto la dificultad de Basilea II para garantizar la estabilidad del sistema financiero en un entorno de severa crisis financiera, dando lugar a las recomendaciones de Basilea III. El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea y su órgano de vigilancia, el Grupo de Gobernadores y Jefes de Supervisión, publicaron en Diciembre 2010 Basilea III o BIS III. Se trata de implantar un conjunto de medidas de capital y de liquidez, con el objeto de fortalecer, de nuevo, la solvencia del sistema bancario.

Un elemento clave de Basilea III es la necesidad de mejorar la calidad y cantidad de capital de las entidades financieras. Basilea III también procede a la definición de colchones de capital o también llamados “buffers” que suponen un incremento de la cantidad de capital exigido a las entidades, con la finalidad de reducir la prociclicidad mediante la creación de un colchón de conservación de capital para hacer frente a periodos de estrés y la creación de un colchón anticíclico para evitar periodos de excesivo crecimiento del crédito que deriva en un aumento del riesgo sistémico. Estas medidas están integradas en un periodo de transición amplio durante el cual las medidas se implantarán gradualmente. Este período abarca desde el 1 de enero de 2013 hasta el 1 de enero de 2019, fecha en que el nuevo marco regulatorio deberá estar totalmente implantado.

Pero… ¿Por qué falla la regulación bancaria?

Existe a día de hoy una incorrecta identificación de los problemas que surgen en el entorno bancario y fruto de ello, se concluye que la solución siempre es la misma: “Más regulación u otro Basilea”. Si hablamos de la banca hay que recordar cómo se estructura su negocio. La actividad bancaria mantiene una estrategia financiera basada en sus plazos, captar capital a corto plazo, procedente de ahorradores con un perfil de riesgo bajo para reciclarlo en inversiones a largo plazo como las hipotecas, con un perfil de riesgo mayor. El incentivo para hacerlo es obvio: cuanto más cortos sean los vencimientos de sus pasivos y menos riesgos crean estar asumiendo sus acreedores, menores tipos de interés abonarán para financiarse y mayor margen de intermediación obtendrán, lo que supone un riesgo innato del negocio.

Asimismo, fruto de esta debilidad descrita, durante la crisis financiera incluso entidades financieras que disponían de un capital adecuado tenían que hacer frente a severos problemas de liquidez al no poder refinanciarse en los mercados a corto plazo, lo que acababa afectando a su funcionamiento normal y en algunos casos a su solvencia. La interconexión existente entre determinadas entidades y el proceso de desapalancamiento que llevó a cabo el sector contribuyeron, una vez comenzada la crisis, a aumentar sus efectos negativos sobre la estabilidad financiera y la economía en general.

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