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Invertir según la edad

Desde nuestro nacimiento hasta nuestra finalización de los estudios solemos ser unidades deficitarias, y gracias a la financiación de los padres podemos sobrevivir, aunque normalmente en la etapa universitaria, muchos de los jóvenes suelen buscar un empleo para financiar tanto sus estudios y conseguir algo de independencia paterna. Al finalizar los estudios y consiguiendo un empleo, nos convertimos en unidades con superávit y asumimos una capacidad para ahorrar. Sin embargo, cuando decidimos formar una familia y adquirir una vivienda, volvemos a ser unidades deficitarias debido a que solemos firmar una hipoteca para adquirir nuestro hogar y un préstamo para comprar el coche. Si las cosas van marchando bien y no hay contratiempos por el camino, poco a poco volvemos a ser unidades con superávit hasta que los hijos van a la universidad y de nuevo volvemos a incurrir en déficits. Una vez conseguimos echar nuestros hijos de casa, volvemos a recuperar nuestra capacidad para ingresar más de lo que gastamos muy probablemente hasta la jubilación porque durante esa etapa, iremos consumiendo parte de nuestros ahorros para complementar nuestra pensión.

Como podemos observar, a lo largo de nuestra vida nuestra capacidad para ahorrar se va viendo alterada en las diferentes fases hasta llegar a nuestra vejez. Es por ello, que describiremos por edades, cuáles son los instrumentos de inversión que se suelen utilizar en cada uno de los diferentes periodos.

De los 25 años hasta los 35 años

Normalmente a los 25 años uno ya ha finalizado los estudios universitarios y ya tiene su primer empleo, digo normalmente pero con los tiempos que corren, con subidas de tasas universitarias y con el elevado desempleo es una tarea muy ardua. El primer empleo no suele ser el mejor del mundo, ni el más retribuido por lo que nuestros ingresos son bastante reducidos. No obstante, la  juventud es la etapa que tenemos menor o incluso una nula aversión al riesgo debido a que confluyen dos factores: Por un lado, tenemos toda la vida por delante por lo que uno puede permitirse arriesgarse, tropezar, levantarse y volver a caer, por otro lado, los ingresos son relativamente bajos, por lo que contra menos se tiene, menos se puede perder.

Los instrumentos favoritos para este tramo de edad serán las acciones y como hemos dicho que es el grupo que menor aversión al riesgo soporta, el peso de los chicharros suele ser el mayor de todos los tramos de edad, siempre en busca de “ese pelotazo” que aporte grandes beneficios.

Desde los 35 años hasta los 45 años

En esta etapa de nuestra vida nuestra prioridad suele ser atender a los pagos de nuestra hipoteca, afrontar las letras del coche y que a nuestro hijos no les falte de nada. Por este motivo, nuestra capacidad para ahorrar queda muy limitada. A pesar de esto, para los que tienen capacidad de ahorrar, es habitual la contratación de un fondo de inversión, planes de pensiones o bien tener una cartera de inversiones, altamente ponderada en acciones para obtener un plus de rentabilidad en los ahorros.

De los 45 años hasta los 55 años

En este tramo de edad, las personas son altamente productivas y del mismo modo que son los que más ganan, también son los que más consumen. Normalmente la aversión al riesgo sigue siendo baja, por lo que las acciones suelen ser el instrumento financiero más negociado para este tramo de edad.

Hay ciertas correlaciones entre las burbujas financieras y el peso que supone este tramo de edad, debido a que una mayor capacidad de ingreso, promueve una mayor capacidad para endeudarse y los volúmenes de negociación de la Bolsa se ven incrementados. Un dato curioso es que Japón desde los años 1970 hasta 1995, el tramo de edad comprendido entre los 45 años hasta los 55 años ascendió un 85%. Dado el potencial de este parte de la sociedad, se entiende que la década de los setenta y de los ochenta, la economía japonesa entro en un fuerte auge económico. Este factor demográfico se notó en la Bolsa de Valores debido a que el Nikkei 225 ascendió un 500% desde 1980 hasta 1990. Luego ya sabemos lo que pasó, explotó la burbuja inmobiliaria y la Bolsa de Tokio lleva dos décadas perdida.

De los 55 años hasta los 65 años

A los 55 años normalmente los padres ya han enseñado la puesta de salida de casa a los hijos y ven como sus hijos ya están independizados. En ese momento su capacidad de ahorro crece y viendo que se acerca la jubilación va apareciendo una aversión al riesgo, por lo que el apartado de renta fija va ganando peso en su cartera de inversiones y la renta variable va reduciendo su peso paulatinamente.

Más allá de los 65 años…

Una vez se llega a la jubilación y toca descansar de una vida laboral intensa, el Estado nos ingresa una pensión que por supuesto no es suficiente para hacer frente a los gastos mes a mes y por lo tanto empezamos a desinvertir. De este modo, suelen vender acciones, obligaciones o bien proceder a rescates parciales de su plan de pensiones. Los jubilados tienen una aversión al riesgo muy elevada y no quieren sobresaltos en sus inversiones pero para aquellos que quieran seguir obteniendo una rentabilidad a los ahorros, seguirán optando por instrumentos de renta fija pero de un corto vencimiento o bien productos bancarios como los “plazo fijo” para premiar la seguridad antes que la rentabilidad.

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