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¿Qué son los bonos variables?

Entre los diferentes activos de renta fija, probablemente los más conocidos son las letras emitidas a descuento, cuyo cupón es implícito y nos lo entregan al final de la vida del activo y los bonos normales que se emiten en un plazo determinado y un cupón fijo para el bono. Sin embargo, existen los llamados bonos variables cuyas peculiaridades lo hacen interesante tanto para inversores como para empresas emisoras.

Para empezar, los bonos variables, que en la literatura anglosajona se denominan floating rate notes o simplemente floaters, son bonos que no pagan un cupón fijo, sino variable. Estos curiosos activos, que pertenecen al mercado de renta fija, pero tienen cupón variable, se emiten a un tipo de interés que sólo está fijado en términos de diferencial o spread con vinculada a una referencia. Es decir, se fija un margen sobre un nivel de interés que es una media general de los tipos de interés que usan para préstamos los principales bancos de la zona euro (entre sí), como es el Euribor o bien el Libor, fijado en Londres y es muy común para operaciones internacionales. En realidad, su comportamiento es casi como el de un bono a corto plazo, porque la evolución de su rentabilidad va ligada a la de los tipos de interés a corto plazo. Un ejemplo de estos bonos podría ser un bono a tres años de cupón variable indiciado al Euribor, con un «spread » de 50 puntos básicos. Lo que esto quiere decir es que el cupón que pagará el bono será el tipo de interés del mercado interbancario en euros más un 0,5 por ciento.

La lógica de realizar emisiones de este tipo no es la de confundir al inversor, sino la de protegerse de fuertes variaciones en los tipos de interés, pero manteniendo un vencimiento a largo plazo. Los floaters no se amortizan hasta que no vencen, por lo que el emisor puede disponer de los fondos al plazo que le interesa, pero tiene que aceptar un coste desconocido a la emisión para incitar a los inversores a entrar en un bono a medio plazo. La alternativa, que sería emitir bonos a corto plazo e ir renovando las emisiones, presenta el riesgo de que no se conoce cómo serán las condiciones de liquidez del mercado en el momento en que un bono a corto plazo venza y haya que renovarlo. A cambio de la seguridad de la renovación, hay que pagar una prima sobre los tipos de mercado.

El cupón variable se suele fijar cada tres o seis meses y se toma el nivel de interés del índice acordado en el momento de fijarlo, se suma el margen acordado y ese sería el cupón a pagar durante los siguientes tres o seis meses, y así sucesivamente hasta que llega el vencimiento de esta deuda. El nivel del cupón suele ser más bajo que si el cupón fuera fijo, por eso les gusta a las empresas, aunque también puede interesarles si piensan que el nivel de intereses a nivel general están bajando.

Los riesgos de una inversión en bonos a tipo flotante provienen más de las condiciones del cálculo de los cupones (que se haga un día concreto, o con la media de unos días) que de la propia evolución de los tipos. Estas emisiones se suelen valorar en términos de «yield spread» o diferencial de rendimientos, y la propia evolución de este diferencial, en los mercados en que está desarrollado, proporciona información útil sobre la aversión al riesgo de interés del conjunto del mercado, que suele ir de la mano de la inflación y de la propia variabilidad de los tipos de interés.

Un tipo especial de bonos a tipo variable que están creciendo en popularidad en los países anglosajones, son los llamados index linked bonds, o bonos indiciados a la inflación. Estos bonos pagan un cupón fijo, pero el principal que se devuelve es variable, dependiendo la cantidad a devolver del índice que mide la inflación. La lógica de estas emisiones es mantener el poder adquisitiva de los bonos. Asimismo, la coexistencia de estos bonos con los bonos normales sin indiciar a la inflación nos da una idea de cuál es la tasa de inflación que los participantes en los mercados esperan a cada uno de los plazos.

Finalmente, hay que advertir que los bonos indiciados a la inflación no tienen nada que ver con los tipos de interés reales, es decir, el tipo de interés actual a un plazo menos la inflación registrada hoy. Teóricamente, la inflación presente no presupone que la inflación futura será exactamente la actual, por lo que la mezcla (tan habitual) de comparar rentabilidades actuales a diez años con inflaciones actuales es un ejercicio erróneo que suele establecerse como un elemento de confusión.

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