No está e
l horno para bollos en el seno de la televisión pública, y no es para menos. El cierre de Canal 9, aparte de la cola que traerá por el tema laboral y por sus connotaciones políticas, y la amenaza de lo mismo que planea sobre el canal asturiano, despiertan temores en el resto de las televisiones autonómicas, todas tan endeudadas, todas tan politizadas…
Desde 1982, se comenzó la implantación de las televisiones autonómicas con el objetivo de promover cultura, lengua propia y realidad social de la comunidad, teniendo a su favor la proximidad con su audiencia (como propósito no está mal hasta que alguien confundió “audiencia” por “electorado”). Así, con una vocación de servicio público, buscan potenciar la realidad cultural de la comunidad actuando como agente dinamizador de la autonomía. Por otro lado, se buscaba la creación de una incipiente industria audiovisual capaz de crear producción que pudiera competir con los canales nacionales. Es este punto en el que se han obtenido los resultados más dispares; sólo la TV3 catalana, seguida en menor medida por la ETB vasca y el Canal 9 valenciano han logrado cierto éxito a la hora de exportar producto a la televisión nacional (o incluso internacional en algún excepcional caso). Aun así, de las casi 200 productoras de televisión, muchas han nacido y desarrollado de la mano de la televisión autonómica de su comunidad y se pretende que vayan madurando hasta crear un tejido industrial audiovisuales independiente del canal autonómico correspondiente. Es así que la media de la producción propia de las televisiones autonómicas según la Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómicos (en PDF) es del 43% de su programación, suponiendo un 76% de sus costes.



