La renovación política que no llega tiene, además de muchas causas, muchos efectos que ya se están dejando notar. Así, es curioso que en estos momentos en que la sociedad presenta una falta de fe en la política y, sobre todo, en quienes la ejercen, se estén creando nuevas formaciones en un esfuerzo por llenar el vacío de credibilidad que existe con las actuales.
No faltan las voces que alertan de que en tiempos de crisis económica, de recortes sociales, se suele dar una proliferación de partidos de extrema derecha e izquierda, como ya ocurrió en los años treinta del siglo pasado. Años en los que también se asistió a una quiebra del bipartidismo existente en casi todos los países occidentales, surgiendo con fuerza movimientos anarquistas, comunistas y fascistas. Aunque, con suerte, esperemos haber aprendido las lecciones de dichos años, ya que tales ideologías, en general, ya no nos son novedosas ni nos parecen la solución a nuestros problemas.
Y es que desde la creación de UPyD hace ya unos cuantos años, que fue el pionero, hasta el día de hoy, más de 700 nuevos partidos se han creado en los últimos tres años, hasta conformar los más de 4.000 que tenemos hoy en nuestro escenario electoral.
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