Tuve un compañero de trabajo hace muchos años que era el típico manirroto que a la vez era tan generoso, sobre todo a comienzos de mes, que caía muy bien a todos. Por desgracia tuvo un grave accidente de coche que lo tuvo en el hospital durante meses y con secuelas de por vida. El caso es que mientras estaba en la UVI su esposa –que a los pocos meses le abandonó- descubrió que él tenía deudas con amigos, familiares, vecinos…varias tarjetas pasadas de límite e incluso un crédito personal que jamás le debió conceder el banco sin la firma de ella. Aunque el accidente ocurrió tras salir del bingo camino del casino (y os aseguro que la historia es real) como fue una tarde de día laborable y con la ayuda de la empresa, consiguió que se considerara su accidente como laboral y obtuvo una buena pensión de por vida. Lo último que supe de él es que fue a quejarse amargamente a su banco ya que según le llegaba la nómina éste automáticamente tapaba todos los agujeros dejándole sin efectivo para todo el mes y claro, él así “no podía vivir”.
Estos días me he acordado de él porque su situación me recuerda a la de Grecia, un país que vivía en un estado del bienestar que no se podía costear (algunos ejemplos en este link) y debido al “accidente” de la crisis global fue descubierto por la UE y por la mayoría de los propios griegos. Su deuda era mayor de la declarada al igual que su déficit y tenía unos instrumentos financieros–con la colaboración de un banco, Goldman Sachs- que le ayudaban a taparlo todo. Se le ayudó pero la situación es tan grave que si paga todas las deudas no le queda nada para sobrevivir y sucede algo claramente contradictorio: cuanto más dinero damos los contribuyentes europeos “a Grecia” peor viven los griegos. Está más que claro que con la actual situación económica y con el corsé del € Grecia no puede crecer lo bastante como para pagar sus deudas y para refinanciarlas y ganar tiempo necesitaría más fondos de la UE y el FMI pero es más factible impagar que el que eso ocurra.

