A comienzo de esta crisis, allá por el año 2008 el desaparecido medio online Soitu escribió un interesante artículo sobre la historia que todos hemos escuchado acerca de inversores de Wall Street que se tiraban desde sus ventanas. No se por qué pero el suicido tiene algo de «romántico» y adorna muy bien cualquier historia, veamos cuál era la realidad:
La leyenda urbana sobre la ola de suicidios parece haber surgido casi instantáneamente. Al día siguiente del Jueves Negro, el New York Times informaba de que se estaban propagando muchos rumores «brutales y falsos» por todo el país, entre otros, que 11 especuladores se habían suicidado, y que se había formado un corro alrededor de un edificio de Wall Street porque la gente confundió a un operario con un especulador preparándose para saltar. Ese mismo día, Will Rogers bromeó diciendo que «había que hacer cola para conseguir una ventana por la que tirarse»; y Eddie Cantor difundió enseguida el chiste de que los recepcionistas de hotel preguntaban a los clientes si querían la habitación «para dormir o para tirarse». Para mediados de noviembre, el jefe de los médicos forenses de Nueva York intentó acabar con el rumor anunciando públicamente que, entre el 15 de octubre y el 13 de noviembre, había habido menos suicidios que en el mismo periodo del año anterior. (Hasta Winston Churchill –que era también un importante inversor en bolsa— puede haber contribuido a la difusión del rumor: estaba en Nueva York durante el crack y, en un artículo del Daily Telegraph de diciembre de 1929, afirmaba recordar cómo «un caballero había caído quince pisos quedando hecho trizas» tras arrojarse desde la ventana del hotel que estaba justo debajo de la suya.)
Como veis, no era para tanto. Hoy vamos a hablar de los grandes crash bursátiles y de las lecciones que podemos sacar de ellos. Aunque nos pueda parecer algo nuevo, muchas de las complejas herramientas financieras que utilizamos hoy en día llevan circulando durante más de medio siglo, proporcionando innumerables beneficios para los inversores que saben cómo utilizar adecuadamente. Sin embargo, la mera existencia de contratos monetarios diseñados para gestionar la incertidumbre y el riesgo no siempre da lugar a la prosperidad económica. Con frecuencia, a lo largo de la historia, el mercado ha calculado mal la forma óptima de utilizar estos productos financieros. En un mundo perfecto, la humanidad aprendería de estos errores para que situaciones perjudiciales no vuelvan a ocurrir de nuevo en el futuro. Lamentablemente, la gente no ha podido obtener perspectivas cruciales de algunas de las peores crisis de la historia.
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