Las islas Seychelles, Bahamas, Caimán,…, la mayoría de vosotros habréis escuchado recientemente el nombre de al menos una de ellas, pero por lo general no por su magnífico paisaje o por sus paradisíacas playas. Estos territorios son paraísos fiscales, que han convertido su legislación completa con el único objetivo de atraer a inversores que desean evadir, o, como ellos lo llaman “optimizar” los impuestos de sus países. Pero, ¿cuál es su historia? ¿Por qué se formaron originalmente los paraísos fiscales, cuánto dinero albergan y se podrían detener (¿o quizás se debieran detener?)?
Historia inicial
Como muchas otras prácticas más y menos gloriosas, la evasión de impuestos la iniciaron los antiguos griegos, determinados comerciantes Helénicos ya desde el año 600 dc utilizaban las islas más pequeñas del archipiélago griego para almacenar sus mercancías en tránsito. Su objetivo era evitar el 2% de impuestos sobre la importación impuestos por la República de Atenas, y, mientras que la tasa de impuestos sugiere que los movimientos del comerciante eran más doctrinales que pragmáticos, señalaba de todas formas una señal de algo nuevo en la economía mundial.
