Como tener «Todo el dinero del mundo»

Como tener "Todo el dinero del mundo" 2

Jean Paul Getty apareció en el libro de los récors del año 1966 como el hombre más rico del mundo con una fortuna (ajustada a la inflación) de más de 9.000 millones de dólares. Magnate del petróleo decían que sus venas eran de acero y que por ellas corrían ríos de petróleo… pero que sus bolsillos estaban soldados como cajas fuertes. Un ejemplo de ello es que en su casa el teléfono funcionaba con monedas.

Su vida fue de lo más agitada y quizás el suceso más recordado fue cuando secuestraron a su nieto y se negó a pagar el rescate diciendo una frase cruel pero cargada de sentido común.

Tengo catorce nietos. Si entrego el rescate de uno de ellos tendré 14 nietos secuestrados

Realmente la policía no se creía que se trataba de un secuestro de verdad pero todo cambió cuando un periódico italiano recibió un paquete con una oreja dentro y una carta que reclamaba tres millones de dólares y en la que ponía «Si no pagan, la próxima vez lo devolvemos en pedacitos»

Finalmente su abuelo pagó dos millones de dólares y el resto del rescate se lo prestó a su hijo al 4% de interés.

Posteriormente matizó sus declaraciones.

La segunda razón de mi rechazo tiene una base mucho más amplia. Entiendo que acceder a las demandas de criminales y terroristas sólo garantiza el aumento y la dispersión de la ilegalidad, la violencia y otras amenazas como los secuestros aéreos y la cacería de rehenes que plaga nuestro mundo

Esta historia ha sido llevada al cine por Ridley Scott Ridley en la película titulada «Todo el dinero del mundo» que se estrena mañana (esa en la que una vez rodada se gastaron 10 millones de dólares en «borrar» al actor Kevin Spacey debido a sus escándalos sexuales).

Su primer millón lo ganó con 24 años y tras comprarse un casoplón en Malibú, el Cadillac más lujoso del mercado y los trajes más caros se arruinó. Momento en el que decidió volverse un rata.

Leer más

Cuando el «high frequency trading» se hacía con palomas mensajeras

Cuando el "high frequency trading" se hacía con palomas mensajeras 6
Esta es la carita que se le quedaron a los brokers de Wall Street durante el crash de la semana pasada.

Los informáticos son los nuevos magos de las finanzas. Los que, con sus códigos y sus algoritmos, propician que las órdenes de compra o de venta de un inversor lleguen al mercado antes que las del competidor. Y si el tiempo siempre ha sido oro, en esta época tecnológica aún lo es más. La clave ya no reside en las horas. Ni en los minutos. Ni siquiera en los segundos. El secreto del éxito está en los milisegundos. O más aún, en los nanosegundos. Es lo que tiene la denominada negociación de alta frecuencia -high frequency trading (HFT)-, que premia con suculentos beneficios a los gatillos más rápidos del Oeste financiero.

Michael Lewis en su novela «Flash boys» destripaba el oscuro negocio del HFT ese que suele ser el sospechoso habitual cuando ocurren «Flash crashs» en la bolsa como el de la semana pasada en Wall Street y que contagió al resto del mundo.

Su método de inversión es un clásico en los mercados, aprovecharse de obtener la información antes que nadie para ser el primero en anticiparse a una subida o bajada bursátil. Ahora utilizan potentes ordenadores conectados con fibra óptica directamente al NASDAQ para ganar unos nanosegundos al resto de inversores. Hace un par de siglos el HFT se realizaba mediante palomas mensajeras.

A Nathan Rotschild (de la familia de banqueros Rotschild) se le atribuye la frase «hay que comprar con el sonido de los cañones y vender con el sonido de las trompetas» así que lo importante es ser el primero en escuchar ese sonido.

Leer más

Ultracomunicados

Ultracomunicados 8En mi opinión una de las grandes noticias del año pasado fue la reaparición en la actualidad (aunque tuvo una repercusión mínima dado que las noticias de ciencia no tienen demasiada audiencia) de la Voyager 1 debido a que consiguió encender sus impulsores (algo necesario para corregir mínimamente su rumbo) 37 años después de su último uso. Por si dicha hazaña no fuera suficiente, lo hizo a 21.146 millones de kilómetros de la Tierra. Para quien no la conozca, esta sonda (que ya podemos denominar interestelar porque no volverá al Sistema Solar) es el artefacto humano que más lejos ha viajado, lo lleva haciendo desde que fue lanzada en ¡1977! y sigue alejándose a una velocidad de 17 kms. por segundo. Independientemente del hito histórico que supone algo así, es sorprendente el trabajo y la visión de futuro (teóricamente podría seguir en funcionamiento hasta 2025) que desarrollaron sus creadores hace más de 40 años. Y es inevitable hacer comparaciones sobre lo que somos capaces de hacer hoy con mucho más. Un par de datos: un Smartphone tiene 240 mil veces más memoria y nuestro ordenador de sobremesa es 10 mil veces más rápido que la computadora de la Voyager1.

¿Y para qué usamos tanta memoria y velocidad en la actualidad? Pues la inmensa mayoría en comunicarnos y entretenernos. No me meto a valorar si esto es bueno o malo pero desde luego choca que hayamos avanzado tanto tecnológicamente, que hayamos dado el decisivo paso de popularizar todos esos avances pero que el uso que le demos a todo ello no sea nuevo. Hemos sustituido el periódico, el teléfono fijo, la enciclopedia… todo es más rápido y más accesible, tanto personas como información… No hay nada nuevo, no realizamos actividades diferentes a las que haría alguien de hace un siglo que charlara en un bar con conocidos que le proporcionaran información de terceros, leyera la gaceta, escuchara la radio, se riera del último chiste de moda en el barrio y hasta quedara en tener una cita a ciegas con la vecina de uno que apenas conoce. Sí, ahora todo eso se ha expandido y facilitado, y es posible hacerlo desde casa o desde el móvil en un autobús pero en esencia es lo mismo.

Leer más

La tostadora de Thoma Thwaites

La tostadora de Thoma Thwaites 10En nuestra búsqueda por encontrar un culpable genérico de todos los males que nos afectan, el capitalismo y la globalización suele ir unidos de la mano como dos de los sospechosos habituales en provocar desigualdad, esclavismo, contaminación, corrupción e injusticia, por citar sólo unos pocos de sus devastadores efectos.

Pero a cambio, nos da tostadoras.

Actualmente por 13,95€ en menos de 24 horas puedes tener en tu casa una  «Tristar BR-1013 – Tostadora, 6 funciones ajustables, con soporte para pan, 800 W«, esto es lo que opinan un cliente.

Tostadora sencilla, con la potencia suficiente para tostar panes.
Las ranuras no son muy anchas, pero suficiente para pan de molde.
Incluye bandeja para poner encima y poder calentar pan u otros elementos.
No muy recomendado para descongelar

Realmente es algo que me sorprende, el que lleven a mi casa en menos de un día una tostadora nueva por menos de 15€.

Existe una opción anticapitalista y antiglobalización extrema que consiste en hacerte tu mismo la tostadora. Eso es lo que intentó hace unos años Thomas Twaites, fabricarse una tostadora, como las que venden en Amazon sin ayuda de nadie.

Para ello desmontó la más barata que encontró e intentó reproducir y montar cada una de sus piezas (más de 400) desde cero.

La tostadora de Thoma Thwaites 11

Para ello se puso el objetivo de hacerlo en 9 meses partiendo de cinco elementos, el acero, la mica (aislante), el plástico, cobre y níquel.

Leer más

¿Qué tienen en común Ikea, Farmville, Spotify y el Facebook?

¿Qué tienen en común Ikea, Farmville, Spotify y el Facebook? 13Este fin de semana nos dejó Ingvar Kamprad, el fundador de Ikea, esa empresa que además de vendernos muebles a buen precio nos hacía sentirnos durante unos minutos como alguien capaz de dar lecciones al presentador de bricomanía. Y es que la sensación de haber montado una mesa BJURSTA junto con sus sillas NISSE casi sin despeinarnos no tiene nombre.

Bueno, si tiene nombre y se llama efecto Ikea, al menos así es como lo llamaron los investigadores Michael I Norton, Daniel Mochon y Dan Ariely de Harvard Business School en su estudio “El efecto Ikea: cuando el trabajo lleva al amor» [PDF]

En una serie de estudios en donde los consumidores armaron cajas (con productos) de IKEA, doblaron origamis y construyeron sets de Legos, demostramos e investigamos las condiciones que rodean el término “efecto Ikea” – el incremento en la valoración de productos hechos por uno mismo. Los participantes vieron en sus creaciones *amateurs* — de productos hedonistas o utilitarios — un valor similar al valor de las creaciones de los expertos, y esperaban que otros compartieran sus opiniones. Nuestro relato sugiere que el trabajo lleva a un incremento de la valoración del producto, solo cuando éste, resultado en la completación exitósa de una tarea; pero cuando se construye algo y luego se destruye, o bien, fallan en terminarlas, el efecto IKEA se disipa.

Finalmente, mostramos que el trabajo incrementa la valoración de productos terminadas no solamente para los consumidores que profesan un interés por los proyectos tipo “házlo-tú-mismo”, sino también para aquellos que estan relativamente poco interesados.

Leer más