Hacer las cosas muy muy bien puede ser un mal negocio. Quizás uno de los mejores ejemplos es el de las bombillas. Si haces una bombilla perfecta que dure para siempre, te acabarás quedando sin clientes, si no que se lo digan a la estación de bomberos de Livermore (California) que llevan con la misma 115 años. Tiene incluso su propia web en la que la puedes ver funcionando.
Debora Katz, físico de la Academia Naval de Estados Unidos, estudió a fondo las propiedades físicas de la bombilla para ver por qué duraba tanto. Para ello, y ante la imposibilidad de estudiar la bombilla original sin apagarla, la investigadora se hizo con una réplica de la misma, también fabricada por Shelby Electric Company a finales del siglo XIX.
La bombilla de Livermore, explica Debora Katz, se diferencia de dos formas de una bombilla incandescente contemporánea. En primer lugar, su filamento es unas ocho veces más grueso que el de una bombilla actual. Y en segundo lugar, ese filamento, posiblemente hecho de carbono, es semiconductor
