Acabamos una semana bastante tranquila en el blog, con algunas reincorporaciones (bievenido, Copero) y algunas ausencias ilustres (Maño ¿dónde andas?) con mercados alcistas y con la mayor quiebra inmobiliaria de EEUU. El Lunes Oriol nos intentó explicar que significan y que implican los concursos de acreedores que tanto se ven ahora, con moraleja para aquellos que se han pasado estos años.
Ha llegado el momento en que todas las “ventajas” de pasar el coche (y demás gastos) por la empresa dejan de serlo. Los que obraron bien y rescataron los beneficios de sus empresas, contabilizando solamente los gastos que tocaban, y pagaron el IVA del Cayenne comprándolo como particulares (a su nombre), podrán seguir paseándolo, la ley les protege por haber obrado bien, pero algunos de los que lo dedujeron como inversión (y posterior gasto vía amortizaciones) para la empresa, ahorrándose dicho importe del impuesto de sociedades y además se dedujeron el IVA, defraudándonos a todos, van a tener que empezar a pensar a quitar las Visa de empresa de sus carteras para hacer hueco al bonobús, ya que todos los bienes de la empresa entran al concurso.
Entre los comentarios más destacados, me quedo con este que nos replantea el término «Jóven».
# 39 , Johnny
13 de Abril de 2009, a las 10:51.Un dato, # 33 , Luis (bueno,más bien para cotizalia jeje)
Que se siga llamando «jovenes» a gente de 34 años, tiene tarea.
Eso si que es un problema, que de base,llamamos a las cosas lo que no es.
Con 34 años eres un persona hecha y derecha, es mas, hace como 10 años que deberías serlo como poco. NO eres joven con 34 años , pero seguimos viviendo en los mundos de yupi.
Y lo dice uno que tiene 25 y que se da cuenta de lo viejo que es cuando ve que Matrix tiene 10 años o que Kurt Cobain palmó ya hace 15.
Si seguimos considerando jovenes a gente que debería ser adulta , mal seguiremos.
El Martes, Droblo nos contó la relación que hay entre Obama y la confianza con el sector turístico español, con esta frase de vital importancia.
la clave para los próximos meses en la economía real está en que los que tienen trabajo piensen que no lo van a perder, se crean que lo peor ha pasado y gasten
El comentario más votado ponía en duda el tan publicitado «Plan E» y a su vez proponía algunas buenas medidas para la crisis.
El escritorio de Dov Moran está lleno de carcasas de móviles. Moran ya ha conseguido un gran avance: inventar las ahora omnipresentes memorias USB. Pero sueña con otro avance: quiere separar «el cerebro» del «cuerpo» de varios dispositivos que controlan nuestras vidas, para permitirnos llevar aparatos pequeños que se puedan enchufar a cualquier cosa, desde teléfonos o cámaras hasta ordenadores. Moran vendió su negocio de memorias USB a SanDisk por 1.600 millones de dólares, creando un próspero grupo tecnológico cerca de su oficina. Esta vez quiere establecer un negocio israelí que dure, desafiando a los gigantes de la industria de los móviles y las cámaras de fotos.
En los EUA el ahorro es mínimo y el consumo es vital para la economía y para que los consumidores gasten deben tener sensación de riqueza. Eso nadie lo ignora y menos que nadie Obama y su equipo económico. Los dos pilares de la supuesta riqueza del norteamericano medio son la impresión de que su propiedad inmobiliaria se revaloriza y que sus inversiones en bolsa suben (tanto las directas como las indirectas ya que el futuro de sus fondos de pensiones privados muchas veces está ligado al factor bursátil) y tras el varapalo de ambas variables los últimos meses es vital que al menos dejen de tener la sensación de ser cada día más pobres.
¿Os acordáis cuando en España aun no éramos todos ricos, y las familias se quedaban los viernes por la noche junto al televisor viendo a Mayra Gomez Kemp (los mayores recordaran a Kiko Ledgard) presentando en TVE el mítico concurso Un, Dos, Tres, creado en 1972 por Narciso Ibáñez Serrador (Chicho)?. Chicho vio que sólo existían tres tipos de concursos en TV, los de conocimientos, los de habilidad física y los de habilidad psicológica, y decidió mezclarlas, dando lugar a un espacio que bautizó como «Un, dos, tres…». El nombre hace referencia a esas tres partes diferenciadas del programa.