El que ahora nos preocupe tanto la desigualdad es lógico porque contrasta que tras una crisis tan dura, los más superricos aún lo sean más mientras el conjunto lleve diez años estancando o incluso peor. En mi opinión eso se debe a la respuesta de los bancos centrales contra la recesión que ha elevado enormemente el valor de la mayoría de activos y como dinero llama a dinero, quien tiene inversiones mejora mucho más que el que no las tiene. El que haya personas de mediana edad en un país rico como España más ricas que otras es algo normal tras las vicisitudes de la vida, el gran problema de la desigualdad es que desde tiempo inmemorial unos humanos han tenido mejores oportunidades que otros desde su nacimiento. Y eso no es justo porque nadie tiene la culpa de nacer en Somalia en lugar de en Suiza como no la tenía un niño por ser hijo de judío en lugar de serlo de cristiano en la Alemania de Hitler ni por nacer esclavo en lugar de patricio en tiempo de los antiguos romanos. Y digo esto porque incluso en desigualdad, en la que más cuenta, la que afecta a las oportunidades de progresar, los actuales tiempos son, aunque lejos de ser perfectos, los mejores de la Historia. Basta un dato: Hace un siglo, los países más ricos dedicaban un 1 % de su riqueza a los menores, pobres, enfermos y ancianos. Hoy gastan casi un 25%.

