Os aseguro que es pura indignación lo que me lleva a volver a llamar la atención sobre esta tragedia que azota a las familias españolas trabajadoras y sacrificadas: quedarse sin casa por no poder pagar la hipoteca, pese a hacer todos los esfuerzos posibles para ello.
Hay muchas soluciones para parar esta sangría hipotecaria, multitud de ellas óptimas económica y socialmente hablando. No se trata de azuzar el riesgo moral premiando a los que han asumido demasiado riesgo hipotecario y perjudicando a los que se han decantado por vías más prudentes de conseguir un techo para vivir, como el alquiler. Tampoco pretendo que los acreedores que han hecho bien su trabajo, algunas entidades financieras, pierdan el dinero de sus préstamos hipotecarios. Incluso defendiendo estos dos postulados, no premiar el riesgo excesivo ni perjudicar al acreedor de buena fe, hay soluciones para evitar una situación que afecta tanto a la justicia social como al buen funcionamiento de la economía.



