El mundo de las previsiones económicas sólo se ve superado en volatilidad por los propios cumplimientos de esas previsiones. De hecho, ante un acontecimiento económico, como puede ser el crecimiento del PIB de un país a lo largo de un año, podemos encontrar previsiones para todos los gustos, continuamente actualizadas y modificadas en función de los eventos que vayan ocurriendo, para dar con un resultado final que puede no corresponder a ninguno de los escenarios previstos.
Es por eso que, a pesar de los grandes avances acaecidos en tecnologías de la información, en capacidad de trabajo con grandes volúmenes de datos, en las técnicas de recogida de datos, etc. Lo cierto es que las previsiones económicas se hayan todavía sujetas a un componente de aleatoriedad nada despreciable.
Un ejemplo lo estamos viendo con las previsiones de crecimiento para le economía española en este año. Tras los avances de las distintas entidades y organizaciones, que cifraban el crecimiento en una continuación claramente alcista pero moderando la cifra del año anterior, nos encontramos con revisiones al alza o a la baja casi cada día dependiendo en muchas ocasiones de cómo evolucione algún asunto que, en principio puede parecer tan alejado de la economía como de nuestro país.




Millones de personas en todo el mundo viven sin bancos. Sin embargo, en países de nuestro entorno, la mayor parte lo hacen porque han quedado excluidas del sistema financiero por vivir en zonas rurales y de escasa población (exclusión por razones geográficas) o por tener unos niveles de renta muy bajos (exclusión por razones económicas).