Hay personas a quienes el trabajo les desborda. Tienen muchísimo trabajo y pasan horas y horas en la oficina y aún así, no acaban con todo lo que tienen que hacer. Al final, mucha de esta gente, cansada ya de estar tantas horas en el puesto de trabajo, opta por llevarse el trabajo a casa.
Una cosa es que esto sea algo puntual, hay un pico de trabajo, o bien tenemos que entregar un importante proyecto dentro de poco tiempo… Lo malo es cuando esto se convierte en una costumbre. Aquí deberíamos plantearnos alguna cosa: o bien no aprovechamos bien nuestras horas en el trabajo, o bien realmente tenemos tanto trabajo que con una sola persona para realizarlo, no es suficiente.
Por otra parte, también hay personas que son adictas al trabajo. Su vida gira en torno a su trabajo. Por suerte, es una adicción que se puede tratar.
Las nuevas tecnologías también han propiciado que nos llevemos trabajo a casa. A casa y a cualquier parte. Personalmente tengo una amiga que es adicta a su Blackberry: estamos tomando algo y suena un pitido, lo mira y si no es importante, lo deja, pero como sea importante, se pone a contestar: «espera, es solo un momentito» ¿No os ha pasado nunca? Esto me recuerda a esos tiempos en los que no existía el teléfono móvil y conseguías quedar con la gente por el fijo. En cambio ahora, parece que para quedar necesitas una media de 3 llamadas al móvil y unos 10 whatsapp…