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28, Maño H20

6 de Abril de 2010, a las 9:04

Ciertamente me desconcierta la diferencia tan curiosa que se hace entre chorizo de derechas y chorizo de izquierdas. En mi ingenua concepción de la Justicia, como algo “igual” para todos, sigo creyendo que la venda que lleva en los ojos la alegoría de la Justicia (esa señora con toga griega o romana que alza una balanza, privada de visión precisamente porque una venda le cubre los ojos) debe seguir vigente ahora y por siempre. Que esa señora “Justicia” juzga hechos y comportamientos sin cambiar de opinión según la cara, el nombre o el carnet político del delincuente (de ahí por qué es ciega).

Durante siglos filósofos y juristas se han esforzado por definir el término “justicia”. Tenemos definiciones para todos los gustos y por supuesto ninguna de ellas se ha impuesto como “la madre de todas las definiciones”. Pero, puesto a elegir, me quedo con la que lanzó el jurista romano Ulpiano: “Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho”.

Y si el derecho es la Ley, escrita o no, que impone la necesidad de juzgar sin distinguir el nombre, posición o adscripción del delincuente, parece deducirse que a cada cual se le dará en función de lo que ha hecho. Sin más miramientos.

Pero parece que en la actual sociedad española nos empeñamos en aplicar distintos grados de culpabilidad sobre los mismos hechos, en función de si el chorizo es de derechas o de izquierdas. Siendo lógicamente mas grave la actuación según el opinante sea de derechas o de izquierdas y el delincuente, por supuesto, de signo contrario o propio.

Un cargo público que trinca dinero público, o acepta indebidamente dinero privado, para enriquecerse personalmente, es un CORRUPTO. Sin más. ¿Que tendrá que ver lo que diga su carnet político?

Si le pillan, le juzgan y le condenan…. Es un delincuente y, si la pena es prisión, pues a prisión.

Pero no. Aquí nos esforzamos en graduar ese comportamiento incorrecto en función del partido del que comete el delito. Si Matas es culpable, a la cárcel con él, como delincuentes fueron Barrionuevo o Roldán. Como lo podrá ser Bárcenas o el alcalde de… o el concejal de….o el diputado de…

Dicho eso, quiero recordad que buena parte de este problema se introdujo en la sociedad española desde el momento que se corrompió la Justicia mediante la politización de la judicatura.

Cuestión de la que culpo por igual a todos los partidos políticos con representación parlamentaria. Ya sea por acción o por omisión.

Que sean los políticos quienes nombran a los jueces lleva automáticamente a que muchos de éstos deban el “cargo” al apoyo de un partido concreto. Y eso es inocular un virus letal en el sistema judicial. Se hizo hace tiempo y todos quieren conservar su cuota de elección (quizás entre otras cosas porque si en el futuro me tienen que juzgar por lo que estoy trincando, mejor que me juzgue un amigo que un enemigo).

Recordad que durante muchísimos años a la judicatura se accedía solo por oposición, difícil oposición. Hasta que Felipe González inventó una cosa llamada el “cuarto turno”. Formula magistral por la que “juristas de reconocido prestigio” accedían a la carrera judicial por un atajo, ya que muchos de ellos no pudieron hacerlo previamente por la vía tradicional.

Como decía un juez, buen amigo mío, “yo no soy jurista de reconocido prestigio sino jurista de prestigio reconocido ante un Tribunal de oposiciones”. Que quien pueda explique qué abogado prestigioso, que catedrático prestigioso deja su puesto de trabajo (y sus ingresos económicos) para con 40 o 50 años de edad incorporarse como juez en un pueblo perdido de los Monegros.

Pero lo de menos es si fue Felipe González el padre de esta criatura. El PP adoptó este hijo por omisión (como tantas otras cosas) y no modificó un ápice este atajo de colocar amiguetes en la judicatura. El resto de los partidos apadrinó a esta afortunada criatura.

Ahora nos encontramos una profesión/institución desprestigiada, como casi todas las instituciones, que pronto ocupará contenidos de programas “intelectuales” del corazón.

Ahora nos quedamos en la anécdota de si el escándalo más grande de la democracia lo comete un ex presidente autonómico, un juez estrella, un presidente de las cortes con yeguas y caballos, o el concejal relojero que fue el tonto del pueblo hasta que el reloj de la corrupción funcionó.

Quizás aquel ministro que sin miramiento alguno abría la caja de los fondos reservados para trincar a manos llenas y trasladar dinero público a mafiosos de “reconocido prestigio” para privar de vida a presuntos enemigos. Asunto que solo finó 26 muertos después. Qué memoria tan selectiva tenemos. Que próspero ese concepto de igualdad, que mide por el mismo rasero a Tirios y Troyanos.

Dejad de dar vueltas sin fin en esa pista de atletismo. Dejad de perseguir sin fin la cola de la pescadilla. Sentaos un rato en la grada, bebed una bebida isotónica y contemplad el espectáculo que se desarrolla en la pista.

Si, frotaos los ojos. Lo que veis es cierto. Un estado corrupto hasta la medula mientras los espectadores, ebrios de su barra de pan y circo, apuestan por tigres del Psoe o leones del Pp.

Tigres o leones, todos sois unos campeones. Pero, puestos a ahorrar ¿por qué no ahorramos cargos públicos? Y así de paso nos ahorramos tantos disgustos económicos.

Aunque el corrupto se vista de juez, corrupto se queda.

Hoy como experimento y para dejarlo todo más organizado, no están activados los comentarios en el resumen con lo que continuamos en el artículo del día.