Resumen del día

Recordando artículos: Hace 6 meses: La historia se repite Hace 1 año: Cambios Hace 2 años: Comité de actividades antiamericanas Hace 3 años: Anticipándonos al dato. El dato del día: En 2007, los 5 mejores gestores de Hedge Funds del mundo ganaron más que la suma de todos los sueldos de los 500 CEOs de … Leer más

Deflación

Hace casi 20 meses que contaba que estábamos en desinflación, corrigiendo una situación anterior de precios altos excesiva, pero que se hacía difícil saber lo que podía pasar. Parece que tras tanto tiempo seguimos en la misma situación, ni se ha disparado la inflación (a pesar de toda la liquidez inyectada el bajo consumo impide fuertes subidas de precios) ni hemos llegado a la deflación, simplemente nos mantenemos en unos históricamente bajos niveles de inflación. Pero el gran riesgo sigue siendo que son posibles a corto plazo tanto una deflación que hundiría aun más la economía y podría hacer impagables las deudas como una inflación que se coma los ahorros de los que han escapado de la burbuja crediticia y que encarecerá mucho los futuros préstamos. Y tampoco está descartada la estanflación, donde se mezcla el estancamiento (falta de crecimiento económico) con la inflación (subida de precios), algo que por ejemplo está ocurriendo puntualmente en Grecia (con un IPC interanual superior al 5% y un PIB cercano al -4%). Hoy nos centraremos en la deflación.

Se considera como deflación “buena” la que se origina por un descenso de los precios -como el de productos electrónicos- por la innovación tecnológica y los avances en la productividad. La mala se da cuando la disminución de los precios viene dada por mayor desempleo y la caída de la riqueza (deterioro salarial, valor más bajo de la propiedades, aumento de las deudas…), al estilo japonés de los 90 y de la actualidad (lleva 17 meses seguidos de ipc a la baja). En su variante más extrema, el valor de los bienes cae en picado hasta ser menor que su costo en un intento desesperado por generar ventas, lo que recuerda las escenas de la Gran Depresión en las que se veía tirar la leche para mantener los precios a la par que millones de personas pasaban hambre. Si esto se hiciera realidad muchas de las actuales deudas serán impagables, y varios países no podrían hacer frente a sus pagos. Es con diferencia el peor escenario posible. Este gráfico que compara el total de la deuda (privada+pública) con el porcentaje respecto al PIB en los EUA lo explica muy bien: De 1929 a 1933, todo el mundo estaba tratando de pagar la deuda y el ratio deuda / PIB se disparó por la bajada del PIB y la deflación. Durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, hubo endeudamiento masivo, pero el PIB –y la inflación- crecieron tan rápidamente que la carga de la deuda terminó reduciéndose:

Deflación 4

Para evitar esa mezcla de recesión+deflación que hace imposible pagar las deudas, y que incluso algunos creen está relacionado con el envejecimiento de la poblaciónBernanke, gran teórico de la Gran Depresión, inundó de liquidez a la banca. El problema es que, tras años de explosión crediticia, los bancos cada vez prestan menos dinero a pesar de toda la liquidez que se les facilita, esto limita el poder de la FED –y del BCE- para frenar la deflación:

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La semana en los mercados.

El mundo económico, incluidos los “siempreoptimistas” bancos centrales y políticos, parecen convencidos que el final del 2010 será peor que el primer semestre y que está habiendo, cuando menos, una “desaceleración de la recuperación” ahora que sabemos que oficialmente la recesión en los EUA acabó hace 15 meses. Me quedo con las palabras de K. Rogoff, execonomista jefe del FMI;

No hay varitas mágicas. Se tardó más de una década en cavar el hoyo actual, y salir de él también llevará tiempo, una recuperación lenta y prolongada con un paro constante y sostenido es la norma tras las crisis financieras profundas. Destinar grandes cantidades de fondos de los contribuyentes a mastodontes financieros no soluciona el problema más profundo de deshinchar la burbuja de una sociedad excesivamente endeudada. Los estadounidenses tomaron dinero prestado y se fueron de compras hasta quedarse sin aliento, en la creencia de que un mercado inmobiliario en ascenso constante limpiaría todos sus pecados financieros.

Despacio, con altos niveles de desempleo, pero da por hecha la recuperación.  Lo que no puede ser es lo del tal Niño Becerra, un economista que directamente se rinde y afirma que no le gustaría ser el vencedor de las próximas elecciones, dando por hecho que según él no hay solución se haga lo que se haga o que las medidas a hacer son tan dolorosas que no le gustaría hacerlas, ¿Para qué sirve entonces la economía, sólo sirve para diagnosticar problemas y no para solucionarlos? No se puede ser tan cobarde, con esa actitud no vamos a ninguna parte, la situación tiene solución y será dura, por supuesto, pero vivimos en un continente que se levantó tras dos guerras mundiales, y que es vecino de otros que tienen unas condiciones económicas peores y sin embargo tienen más esperanza en el futuro. Es cuestión de mentalidad, hay que dejar de pensar en cómo estábamos en 2006, la Historia a veces ha sufrido retrocesos que en algunos casos han durado siglos como tras la caída del Imperio Romano, ahora quizás estemos hablando en el peor de los casos de menos de una década de ajuste. En mi opinión lo mejor que nos puede pasar es que se reduzcan las deudas privadas por efecto del tiempo (España no tiene un problema por el volumen de su deuda pública, si acaso el estado lo tiene por avalar muchas deudas bancarias y responder por muchas empresariales), un lento des-apalancamiento coordinado con una gestión pública austera que intente no gastar más de lo que ingresa. Difícil pero la dificultad no nos debe llevar al desánimo ni a abrazar (y algunos hasta desear) teorías apocalípticas, si se tiene un diagnóstico y una solución y se cree en ellos, hay que desear que se apliquen. Mi temor es que si el camino para salir de esta crisis pasa por insistir en el gasto público irresponsable –estilo Obama- y presionar (desde los gobiernos vía subvenciones y los bancos centrales vía liquidez masiva y barata) para que los consumidores volvamos al nivel de gasto pre-crisis, aquel que sólo se pudo mantener con un endeudamiento masivo, entonces sí que entraremos en un Depresión de duración y consecuencias imprevisibles y para la que España además está muy mal preparada por su alto nivel de paro, déficit comercial, baja productividad, obsoleto sistema productivo etc. etc. Por eso no creo que dé igual que un gobierno aplique unas medidas u otras, quiero soluciones, y no quiero que nadie se resigne y mucho menos que lo haga el próximo presidente del gobierno, sea del partido que sea.

Cambiando de tema, en esta fase de la crisis parece que se ha recrudecido la guerra política por las divisas, todos los bloques económicos quieren su moneda débil para favorecer las exportaciones que, como se ha comprobado con los datos de crecimiento alemán gracias al € débil, pueden mejorar el PIB sin aumentar el gasto público. Japón movió ficha vendiendo masiva y unilateralmente su propia divisa para abaratarla, Obama aprovechó esta circunstancia para presionar a China a que revalúe el yuan (China además de producir barato tiene un cambio de moneda muy competitivo) y el € salió fortalecido -¿perjudicado?- de toda esta situación a pesar de los problemas de Irlanda. Dejando aparte el problema del Yen, el caso chino es de difícil situación, cuando incluyes como actor económico mundial a una dictadura que sólo utiliza el libremercado cuando le interesa, poco se puede hacer. Los dirigentes chinos deciden el valor del yuan y la única respuesta ante su negativa de dejarlo fluctuar libremente o intervenirlo para que se aprecie es imponer aranceles a todas las importaciones que provengan de China, como defiende Krugman. Esta defensa del proteccionismo es doblemente peligrosa, primero porque China podría responder reduciendo sus compras de bonos norteamericanos ( Krugman cree que eso no tiene que ser negativo ya que debilitaría al $ pero perder al mayor inversor foráneo en deuda pública justo cuando el país emite más papel que nunca es cuando menos una postura muy arriesgada) y segundo porque, como defiende por ejemplo Mauldin, el consumidor y las empresas norteamericanas van a seguir encontrando más rentable comprar fuera del país que dentro,  si no es con China negociarán con la India, Vietnam, Taiwan… ya que el problema es la productividad. En cualquier caso es el tema de moda, que todos (Japón, los EUA, la €zona) quieren debilitar sus monedas –algo por otra parte imposible de ocurrir a la vez- y que el yuan se revalúe. Ya hace 6 meses que el Nobel Stiglitz advirtió:

En una guerra comercial no hay ganadores. Por ello, Estados Unidos debe tener mucho cuidado de no iniciar una en medio de una recuperación global incierta por popular que pueda ser entre los políticos cuyos electores están preocupados, con razón, por el elevado desempleo y por fácil que sea culpar a los demás. Desafortunadamente, la crisis global se gestó en los Estados Unidos, y el país debe voltear hacia adentro, no sólo para reanimar su economía sino para evitar una repetición.

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Razones para ir, o no, a la huelga

Como era de esperar esta semana se está calentando el ambiente para la huelga de la semana que viene,  y así lo hemos podido observar en los comentarios dejados por vosotros. Por tanto, para mantener la equidistancia que tanto me caracteriza os dejo un resumen con las dos posturas reflejadas frente al paro general para … Leer más

La historia del dinero, capitulo final.

La historia del dinero, capitulo final. 9Tal y como leo aquí, en 1980, Bankunión (antepasado del Banco Urquijo y actualmente del Banco Sabadell) sacó a la luz el comic en el que Mortadelo y Filemón contaban a un tipo anónimo la historia del dinero, con la participación de Súper y Bacterio y su máquina del cambiazo (llamada aquí máquina espacio-tiempo).

Fue tal la aceptación de este álbum «aislado» que 2 años después contaría con una nueva edición obra de Bankunión y del Banco Hispano Americano (ambos se fusionarían en 1984) con el lema Bruguera, la historia volvió a aparecer a razón de dos páginas por número en un suplemento de tebeos de el Periódico de Cataluña. Y es en 1989 cuando La Caixa adquiere los derechos de la Historia del Dinero, y edita el álbum en tapa blanda, remontando la historia y añadiendo algunas páginas que explican, por imposición de La Caixa, que son las cajas de ahorro.

Lejos quedan aquellos años de Mortadelo, el Banco Hispano Americano y los fajos de billetes de 5.000 Pesetas. No cabe duda de que el dinero tal y como lo conocemos cada vez se usa menos en la medida en que el plástico de las tarjetas de crédito y débito ocupa su lugar. Tanto es así que incluso algunos países, como Suecia estudian directamente eliminar el dinero y como representante de los nórdicos veamos que nos cuenta Bjorn Ulvaeus, ex integrante del grupo ABBA

No hay razones prácticas claras, hasta donde puedo ver, para seguir utilizando billetes y monedas.

El otro día también lo comentaban en El País, sugiriendo al país nipón como un buen laboratorio para experimentar sobre los nuevos usos del dinero.

Francisco Cortés, profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de Almería, considera que Japón es el banco de pruebas «ideal» para llevar a cabo este experimento, tanto por su situación macroeconómica como por su desarrollo tecnológico. «La población nipona está muy avanzada en esta materia: el uso de tarjetas de crédito y del móvil es muy habitual en las transacciones comerciales». Sobre la posibilidad de que esto acabe por extenderse, reconoce que sería muy difícil, sobre todo en España. «Nuestro país cuenta con una escasa cultura financiera. El ciudadano de a pie todavía considera el billete como único activo asociado al dinero. Además de verlo como un instrumento para el fraude en un sistema donde la economía sumergida representa el 20% del total».

Entonces, ¿cómo hemos llegado a esta situación tan inimaginable hace años de pensar en eliminar el dinero en efectivo? El primer culpable lo tenemos en las tarjetas de crédito. Sin ir más lejos, en plena crisis este año su uso se ha incrementado en un 6.7% y pese a reducirse un poco el número de ellas en España tenemos nada menos que 75 millones de tarjetas de crédito, más de 2 por persona mayor de edad.

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