Al principio lo hicieron voluntario, decidieron que quien no quería ir físicamente a votar podía hacerlo desde su propio móvil simplemente dándolo de alta en el Ministerio del Interior y estableciendo para todos los móviles nuevos al comprarlos una especie de matrícula que daba derecho al poseedor del aparato a votar con él. Era mucho más barato, rápido y eficaz. Sí, hubo muchas críticas porque decían que las personas podían vender su voto pero claro, también lo podían hacer con el método tradicional ya que nadie garantizaba un reconocimiento facial al comprobar la foto del DNI con la persona que votaba y el sistema de papeles en urnas no era precisamente un ejemplo de seguridad. Tampoco lo era el de voto por correo y sin embargo era el mayoritario en el país que a comienzos del siglo XXI era el mayor exponente de democracia directa (listas abiertas, mayoría de políticos vocacionales, numerosos referendos vinculantes etc.) y participación ciudadana: Suiza
En su inicio, con los votos por móvil se seguían eligiendo diputados y senadores, eso sí, sin circunscripciones electorales. Se dieron cuenta que era absurdo que siguiera valiendo menos votos un escaño en Soria que en Barcelona si al fin y al cabo el diputado elegido defendería las posturas de su partido y no las de su provincia. Así pues, si los votos eran 30 millones y los escaños 351 –mejor un número impar para evitar empates- se establecía que cada escaño costaba 85470 votos, es decir, 30000000/351. Si sólo votaba la mitad de la gente, pues sólo había la mitad de diputados ya que no era justo que si los políticos no sabían motivar a los votantes obtuvieran el mismo resultado. Al transformarse esto, de repente todo el mundo se preguntó cómo era posible que no se hubiera hecho antes. Lo mismo ocurrió cuando desapareció el Senado.