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    Desigualdad económica

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    Desigualdad económica

    La desigualdad económica se refiere a la disparidad financiera entre varios grupos de individuos. No hay sociedades en el mundo en las que todas las personas pertenezcan precisamente a la misma clase económica. En otras palabras, no todos los individuos tienen la misma cantidad de recursos materiales o financieros. Desgraciadamente, es más frecuente lo contrario.

    En muchos países, algunas personas tienen diferencias tan grandes de ingresos y riqueza como otras que viven en la pobreza extrema. En el otro extremo, los ricos viven con ultra lujo. Esto provoca un gran e intenso debate, ya que los efectos de la desigualdad económica se extienden a otras partes de la vida que normalmente no estarían determinadas por la posición económica de cada uno.

    En la mayoría de las economías y países, hay pobres, ricos y muchos de clase media que viven en el medio. Esto se demuestra más claramente con respecto a la clase más rica. Ganan y poseen recursos sustancialmente mayores que todas las demás clases, sobre todo frente a la inferior. Es todo este escenario el que los economistas denominan desigualdad económica.

    Cuando los analistas consideran estas desigualdades económicas, aparecen dos enfoques diferentes. El primero de ellos es la riqueza. Se refiere a la cantidad cuantificable de dinero y posesiones que tienen las personas. Dicha riqueza afecta de forma masiva al estilo de vida de los individuos, ya que es casi exclusivamente el factor determinante de lo que la gente puede comprar y de las opciones que tiene en su vida diaria y a la hora de hacer planes a largo plazo. Los ricos tienen naturalmente un nivel de vida más alto que el resto de las clases.

    El otro indicador financiero fundamental para medir el nivel de desigualdad económica tiene que ver con los ingresos. Hay una serie de individuos que no poseen ninguna o poca riqueza, ya que no tienen apenas ingresos significativos. En la mayoría de los casos, las personas que poseen la mayor cantidad de riqueza y, por lo tanto, disfrutan de los niveles de vida más altos, son igualmente las que disfrutan de los niveles de ingresos más significativos.

    Es interesante darse cuenta de que este tipo de desigualdad económica es más grave en algunas naciones y regiones que en otras. En las naciones que no cuentan con suficientes servicios sociales, las disparidades son mayores y dolorosamente evidentes. En algunos de estos países, algunos individuos son extravagantemente ricos mientras que otros, en el otro extremo, viven en condiciones espantosas o padecen hambre o, al menos, una grave desnutrición. Otros países cuentan con redes de servicios sociales adecuadas y la diferencia entre los más ricos y los más pobres resulta ser menos grave. Sin embargo, esto no impide que aparezcan diferencias significativas entre los distintos grupos y sus estilos de vida reales.

    El debate sobre la desigualdad económica continúa por diversas razones. Un argumento de peso en contra de las disparidades de riqueza y de ingresos es que éstas repercuten drásticamente en la capacidad de los ciudadanos para obtener servicios básicos y artículos de primera necesidad que deberían estar al alcance de todas las personas. Esto incluye cosas como la alimentación, el agua potable, la representación legal y una atención sanitaria adecuada. Otra queja relativa a la desigualdad tiene que ver con el acceso injusto al entorno político del que gozan los ricos.

    En los últimos años, Estados Unidos ha sido clasificado como uno de los países más desiguales de todos los rivales desarrollados. De hecho, la OCDE sitúa a EE.UU. como el segundo país con mayores niveles de desigualdad una vez que toma los ingresos del mercado y los ajusta para tener en cuenta los impactos de redistribución de los programas de transferencia de ingresos y las políticas fiscales (como la compensación por desempleo y los pagos de la Seguridad Social). Según sus mediciones, sólo Chile tiene un mayor nivel de desigualdad económica de las 31 naciones desarrolladas.

    Del mismo modo, la desigualdad económica de Estados Unidos se ha convertido en los últimos años en la más alta desde 1928. En 2012, el 1% que más gana en Estados Unidos obtuvo el 22,5% de todos los ingresos antes de impuestos. El 90 por ciento que menos gana sólo disfrutaba del 49,6 por ciento de la renta nacional.

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