Una de las guerras más absurdas de la historia de América ocurrió de 1932 a 1935: unos cien mil soldados de dos de los países más pobres de Sudamérica, Paraguay y Bolivia, se dejaron la piel disputando un territorio árido, casi inhabitable, el Chaco; fue quizás la primera vez que alguien definió un enfrentamiento bélico como «dos calvos peleando por un peine». Algunos economistas piensan que esa expresión podría ser adecuada para la actual “guerra de divisas” Y es que hay cierta polémica con los supuestos beneficios de las devaluaciones ya que cuando un país devalúa su moneda, los demás tienden a seguir su ejemplo y el resultado es que nadie logra beneficios comerciales a largo plazo (por ejemplo, la debilidad del € impulsó las exportaciones alemanas la primera mitad del año y los EUA han reaccionando con medidas que devalúan el $ y favorecen las suyas), y hay quienes afirman que el impacto al alza sobre los precios de las materias primas de esa devaluación sí es más difícil de revertir. En concreto hay quien duda si el impacto positivo en el PIB norteamericano de la debilidad del $ se compensa con la fuerte subida de precio de las importaciones de crudo. Y a nivel global, como las materias primas están denominadas en $, su devaluación encarece los productos a todo el planeta a veces más que la ventaja que se obtiene por comprarlos con una moneda más fuerte. Krugman, gran defensor de la devaluación del $, llama «Los peores economistas del Mundo» a quienes piensan así pero lo cierto es que puede que estas razones, y algunas más, ayuden a que se pueda llegar a un acuerdo en la reunión del G-20. ¿Mi opinión? Los EUA ya han movido ficha. China no hará nada que empeore sus exportaciones, Japón ya ha comprobado que el efecto de intervenir en los mercados se diluye en días, a BCE le falta respaldo político para actuar y del resto puede que alguno unilateralmente comience a aplicar aranceles… pero lo que es el G-20, seguro acaba con buenas palabras, buenos propósitos y confianza en que la situación actual no cambie demasiado.
Estos días también se ha conocido y analizado el dato de PIB de los EUA, un +2% que podría ser aceptable en otras circunstancias pero que está muy lejos de lo que sería normal casi 20 meses después de finalizada la crisis “oficial” e insuficiente para crear empleo. Como recuerda J. Mauldin se necesitan alrededor de 100.000-125.000 nuevos puestos de trabajo al mes para poder seguir el ritmo de crecimiento de la población, y la mayoría de los economistas creen que para ello la economía más importante del mundo debería crecer en torno al 3,5%. Además, gran parte de ese 2% procede del aumento de los inventarios por las empresas cara, sobre todo, a elaborar los productos de consumo navideño. Como el consumo probablemente no crecerá más el primer trimestre de 2011 respecto al último de 2010 no aumentarán esos inventarios estos meses por lo que restarán en lugar de sumar en el dato del PIB del 4 º trimestre. No obstante, las encuestas ISM –manufactureras y de servicios- han salido bastante positivas indicando expansión económica tanto en los EUA como en el resto del mundo (excepto España) y contradicen la justificación de la FED para su amplio programa de compra de bonos cuyo comunicado se puede resumir en “la economía marcha de forma muy decepcionante y lenta”. Es curioso porque normalmente son las instituciones las que pecan por ser excesivamente optimistas y no al revés. En cualquier caso, es una buena noticia para el Euribor porque todo apunta que los tipos bajos durarán mucho tiempo.
Esta semana se esperaba que serían claves las elecciones norteamericanas, el tamaño del programa de compra de activos de la FED, los rumores sobre la reunión del G-20 del próximo fin de semana…y sin embargo el protagonista que más nos ha afectado ha sido Irlanda. Al fin y al cabo lo anterior salió como se esperaba: victoria republicana pero sin el control del Senado, 75 mil millones al mes que sumarían 600 mil más casi 300 mil por reinversiones dejando la puerta abierta a más, el $ ha seguido debilitándose… Pero el que ya haya dos países de la €zona (Irlanda y Grecia) en las 3 primeras posiciones del ránking mundial de posibles estados que no puedan pagar sus deudas y que Portugal esté en el sexto lugar amenaza directamente a Europa y especialmente a nosotros. Mientras estos problemas pueden frenar la apreciación del €, algo positivo para Alemania que además puede seguir colocando su deuda a tipos bajísimos gracias a su consideración de valor refugio, a nosotros nos puede encarecer las emisiones españolas que quedan en 2010 y estropearnos con ello las previsiones de déficit. Lo curioso es que el empeoramiento de la situación irlandesa viene por los mismos motivos que llevamos meses repitiendo: salvar los pufos de sus bancos está pudiendo con la solvencia del pequeño país.
En España hemos vivido de nuevo la polémica con el dato de paro y sus divergencias (esta vez EPA mejor e INEM peor) de las que ya hemos hablado, y me gustaría hacer hincapié en lo exagerada que es la tasa de paro juvenil (superior al 40%) que nos asigna la EPA y que es tan difícil de creer y que en los números del INEM es de sólo el 11.2%. Eso demuestra que en realidad hay miles de menores de 25 años que forman parte de la población activa porque no estudian pero que no se han apuntado al INEM por lo que tampoco parece que busquen un empleo legal. Como todo, está la lectura positiva de que no son tan malas como parecen ciertas cifras y la negativa de la cantidad de “ni-nis” (jóvenes que no hacen nada –ni siquiera estudiar- o se dedican a actividades no reguladas) que existen en nuestro país.



La figura de este escocés nacido a finales del siglo XVII tiene algo de personaje literario de novela de aventuras: hijo de un banquero o un joyero (según las fuentes), jugador empedernido, de gran atractivo físico, mató en un duelo de honor al marido de su amante (que se dice años atrás lo había sido del rey Guillermo III de Inglaterra) y eso le llevó a huir a Amsterdam, la entonces capital de la innovación económica. Hacía ya 100 años que en esa ciudad existían las sociedades accionariales de responsabilidad limitada (lo que hoy conocemos como acciones de bolsa), inventadas para poder financiar los mercaderes de forma conjunta la construcción y equipamiento de barcos que hicieran los largos y peligrosos viajes a las Indias, ya que los onerosos rendimientos requerían una amplia inversión. Con lo que aprendió allí elaboró unas ideas propias (¿por qué limitar el número de acciones a la venta, porque no crear un banco público que emitiera el dinero que hiciera falta?…) que supo llevar a cabo en Francia, país en el que llegó a ser el más querido y el más odiado en pocos años y que le hizo rico y también acabó convirtiéndolo en un fugitivo que murió en Venecia, según algunos en la casi indigencia, según otros invirtiendo su amplio capital en obras de arte, siempre sin dejar de jugar a las cartas como en su juventud.