Imagina que vas a pagar tu compra del supermercado y, de repente, ni la tarjeta ni el móvil funcionan. No hay Bizum, ni cajero automático, ni forma de hacer una transferencia. Esto no es un escenario de película, sino lo que ocurrió en España el pasado abril durante un apagón que paralizó buena parte de los pagos electrónicos del país. Ante este tipo de situaciones, el Banco Central Europeo (BCE) lanza una recomendación clara: tener efectivo en casa puede marcar la diferencia entre poder comprar lo esencial o quedarse bloqueado.
Aunque la digitalización avanza a pasos agigantados, el efectivo sigue siendo un salvavidas en tiempos de incertidumbre. Así lo aseguran Francesca Faella y Alejandro Zamora-Pérez, economistas del Banco Central Europeo, en un artículo que se publicará en el próximo boletín económico del BCE. El mensaje es claro: ante apagones, ciberataques o conflictos geopolíticos, los billetes siguen siendo la herramienta más fiable para garantizar que la economía doméstica no se detenga.
El reciente apagón en la península ibérica, que dejó fuera de juego a sistemas de pago durante varias horas, ha servido como ejemplo claro de lo que puede pasar cuando todo depende de la tecnología. Durante el incidente, el gasto con tarjeta cayó entre un 41% y un 42%, mientras que el comercio electrónico se desplomó un 54%. En total, el consumo español bajó un 34% en solo un día, con pérdidas estimadas de hasta 1.600 millones de euros en términos de PIB, según cálculos de CaixaBank Research y BBVA Research.
El efectivo, un activo estratégico en tiempos de crisis
Para el BCE, el dinero en efectivo no es solo un medio de pago, sino un “activo refugio” que cobra un valor especial en situaciones límite. Los datos lo respaldan: cada vez que se ha producido una crisis —desde la financiera de 2008, pasando por el colapso de Grecia en 2015, la pandemia del COVID-19 o la invasión rusa de Ucrania en 2022— la demanda de efectivo ha aumentado significativamente. La incertidumbre lleva a las personas a buscar seguridad, y el papel moneda ofrece justamente eso: control, autonomía y certeza.
En este contexto, el BCE recoge ejemplos de otros países que ya han interiorizado esta necesidad. Holanda, Austria y Finlandia recomiendan a sus ciudadanos tener entre 70 y 100 euros en casa por cada miembro del hogar, o el equivalente a cubrir las necesidades esenciales durante al menos 72 horas. Aunque el BCE no da una cifra concreta, avala plenamente estas directrices.
¿Y si no hay cajeros disponibles? El reto del acceso al efectivo
Uno de los problemas que señalan los expertos es que el acceso al efectivo es cada vez más complicado. El cierre de sucursales bancarias y la reducción del número de cajeros automáticos dificultan la retirada de dinero, especialmente en zonas rurales. De hecho, solo en Austria se están tomando medidas específicas, como la instalación de cajeros automáticos en áreas menos pobladas, una iniciativa promovida por el propio Banco Nacional Austríaco. En el resto de países de la eurozona, esta responsabilidad recae principalmente en los bancos privados, muchos de los cuales priorizan la rentabilidad por encima del servicio público.
Durante el apagón de abril, muchas personas descubrieron que no podían acceder a sus cuentas digitales, pagar con el móvil ni sacar dinero. Solo aquellos que ya tenían efectivo en casa pudieron hacer frente a los imprevistos. Según datos del BCE, un 39% de los hogares españoles disponía de reservas de efectivo, lo que les permitió mantener cierta normalidad en medio del caos.
Este fenómeno también dejó una huella en el comportamiento de los ciudadanos: el mismo día del apagón, las retiradas de efectivo aumentaron en las zonas no afectadas por precaución, y también se dispararon en las áreas afectadas durante los días siguientes. La desconfianza generada por un fallo de esta magnitud ha vuelto a poner en valor la importancia de tener siempre una pequeña reserva de billetes y monedas en casa.
