“Mi marido cada vez tiene peor humor… Siempre está a gritos y con malos modales. Ya nunca me besa cuando llega a casa”, se lamenta una joven ante una vidente en un spot publicitario de los años setenta. “Bueno, bueno”, le responde ella. “¿Has pensado que tu marido trabaja muchas horas diarias y tiene derecho cuando llega a su hogar a encontrar un agradable recibimiento? Procura que nunca le falte su copita de coñac. Verás como no falla”, le aconseja.
Así era uno de los anuncios del brandy Soberano, cuyo eslogan era «es cosa de hombres». El anuncio se emitía en la televisión (en singular, ya que solo había una) a principios de los 70.
Mucho han cambiado las cosas desde entonces y si ahora escribimos de soberano en un blog de economía no es por el brandy si no por los fondos y es que si el brandy es cosa de hombres, los fondos soberanos son cosa de noruegos.
Echando la vista atrás, no quedan tan lejos los tiempos en los que las grandes empresas comerciales de las Compañías de las Indias, las principales y más poderosas la holandesa, la británica y la francesa, tenían derechos de monopolio en las zonas geográficas de su influencia, con poderes para cobrar impuestos, firmar acuerdos comerciales, encarcelar a delincuentes y declarar guerras.