El otro día, un amable lector del blog escribía en la zona de comentarios el experimento clásico  «El Fenómeno de la Rana Hervida»:

En un primer acto se echa una rana viva dentro de un tubo de agua fria. La rana, aunque confinada a un espacio limitado, se mueve con comodidad. En un segundo acto se tira la rana en un tubo, pero esta vez en agua hirviendo. La rana percibe la crisis y no le queda más opción sino patalear y brincar violentamente para salvar el pellejo. Muchas ranas logran saltar hacia afuera y salvarse, aunque un tanto chamuscada. Otras, menos activas, sucumben en la crisis. Tercer acto: Se tira la rana dentro del tubo de agua fría, pero hay un elemento nuevo: debajo del tubo se coloca una mecha prendida, que va lentamente calentando el agua. Si el aumento de la temperatura es gradual, la rana lo tolera y se va adaptando sin tomar medidas.

Lo que ha pasado en Chipre es que han sido un poco brutos y han querido hacer la rana al microondas y todos sabemos que al final todo lo que cocinamos de esa manera, queda mal. En España como sabemos mucho de cocina la experiencia nos dice que el mejor caldo es el que se hace a fuego lento, muy lento, para que quede condensado y rico rico.

Uno de los elementos clave de la «new cuisine» española, es la deconstrucción, introducida por Ferrá Adriá, cuyo objetivo principal es cambiar la forma pero no el fondo de un plato y eso justo, es lo que han cocinado nuestros políticos. Una deconstrucción del corralito (Aviso, en este artículo voy a utilizar la palabra «corralito» demasiado alegremente, aunque en el fondo es lo mismo, que te quiten el dinero).

Veamos algunos ejemplos que sumados, nos hacen envidiar a los Chipiotras.

Y con esto y un poco de perejil, preparamos un riquísimo «Corralito deconstruido». Buen provecho.