A los ciudadanos del mundo les está empezando a resultar antipático el país de Trump y muestra de ello es que los últimos datos turísticos confirman un cambio de tendencia drástico en los viajes globales: Estados Unidos cerró 2025 con cuatro millones de visitantes internacionales menos, lo que supone un desplome del 5,5% en turismo extranjero. Esta caída se nota en los aeropuertos y, sobre todo, en la caja, ya que el gasto de los viajeros de fuera cayó en más de 8.000 millones de dólares. Si quitamos el parón de la pandemia, es el mayor descalabro anual que sufre el sector en casi dos décadas.

El bajón es generalizado y afecta a mercados clave como Alemania, India, Francia, Australia, Chile o China, pero el golpe más duro viene de al lado: Canadá. Los datos de geolocalización de móviles apuntan a que los viajes de canadienses a las principales ciudades de EE. UU. cayeron hasta un 42% el año pasado, aunque el dato oficial de los cruces fronterizos, siempre más conservador, rebaja el descenso al 25%. Aun así, la cifra sigue siendo preocupante para todas las economías locales que dependen del visitante del norte.

Detrás de esto no hay una crisis global que impida viajar, porque los informes del Consejo Mundial del Viaje y el Turismo muestran que el sector vive una época dorada, con unos 80 millones de personas más viajando por todo el planeta respecto al año anterior. El problema es que esos turistas esquivan los destinos estadounidenses por la situación política interna, el discurso de la Casa Blanca y la escalada de tensión en Oriente Medio, sobre todo con Irán.

La ruptura con Canadá es el ejemplo más claro de este desgaste. La relación bilateral se ha tensado por las propuestas de aranceles al acero, el aluminio y los coches canadienses, además de varias declaraciones polémicas sobre la soberanía del país. El impacto comercial ya se nota en destinos muy específicos como Las Vegas, donde el mercado canadiense es vital y donde estas disputas han provocado una caída del 17% en las visitas, arrastrando la facturación de la ciudad.

A esto hay que sumarle el conflicto con Irán, que ha encarecido la energía a escala global y ha terminado de minar la imagen de Estados Unidos como un socio predecible. De hecho, los sondeos reflejan que una parte importante de los canadienses ve ahora a su vecino del sur como una fuente de inestabilidad internacional, un cambio de percepción profundo para dos países con tantos lazos históricos. El desinterés por cruzar la frontera es el reflejo de un aislamiento que va más allá de los despachos y que ya se palpa en la calle.