El jueves el Banco Central Europeo se reúne de nuevo, y esta vez la apuesta de casi todo el mercado es la misma: no va a tocar los tipos de interés. Después de la subida que aplicó en junio, lo lógico es que el Consejo de Gobierno se tome un respiro antes del verano. Pero hay un ingrediente que complica el pronóstico: la tensión entre Estados Unidos e Irán, que tiene a los precios del petróleo mirando de reojo el estrecho de Ormuz.
De momento el crudo no se ha disparado. El Brent se mueve en torno a los 85 dólares por barril, lejos de los picos de meses anteriores. Y la inflación de la eurozona ayuda: en junio bajó cuatro décimas, hasta el 2,9%, frente al 3,3% de mayo. Ese dato le da al BCE cierto margen para no precipitarse, sobre todo después del giro restrictivo que ya tomó el mes pasado.
Recordemos qué hizo exactamente en junio: subió los tipos 0,25 puntos, la primera subida desde septiembre de 2023. La tasa de depósito quedó en el 2,25%, la de refinanciación en el 2,40% y la facilidad marginal de préstamo en el 2,65%. Un movimiento que pilló a algunos por sorpresa y que ahora obliga a esperar para ver cómo digiere la economía europea ese endurecimiento.
Por qué el BCE probablemente hará una pausa esta semana
Ulrike Kastens, economista senior de DWS, lo resume bien: «no hay urgencia para actuar». Las expectativas de inflación siguen ancladas y el dato de junio, por debajo del 3%, apunta a que la tendencia va a continuar en julio. Vamos, que no hay motivo de peso para apretar el acelerador otra vez tan pronto.
Cristina Gavín, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, coincide en algo parecido: todavía es demasiado pronto para saber qué efecto real ha tenido la subida de junio sobre la economía europea. Y cuando no hay datos claros, lo sensato es esperar. Por eso lo más probable es que el Consejo de Gobierno decida hacer una pausa en el proceso de subidas.
El comodín de Oriente Próximo
Ahora bien, no todo el mundo descarta una sorpresa. Desde ING avisan de que la escalada de ataques en la región —que ha llegado a afectar a buques petroleros e infraestructuras energéticas— podría cambiar el guion. Carsten Brzeski, director global de macroeconomía de ING, lo explica sin rodeos: hace unas semanas la reunión de julio parecía puro trámite, «la última parada antes de las vacaciones de verano». Ya no es tan sencillo.
Según Brzeski, algunos miembros del BCE podrían estar tentados de presionar para una subida ahora mismo, en lugar de esperar a después del verano. Es una posibilidad minoritaria, pero está sobre la mesa, y el mercado la vigila.
La verdadera decisión llegará en septiembre
Aunque el consenso es que julio será tranquilo, todas las miradas apuntan ya a septiembre. Ahí es donde se espera que el BCE marque el rumbo real de su política monetaria para el resto del año, y el conflicto en Oriente Próximo será uno de los factores que más pese en esa decisión.
La mayoría de analistas da por hecho que en septiembre veremos una nueva subida, en línea con las estimaciones que hablan de dos subidas de tipos a lo largo del año. Desde Ibercaja lo plantean así: si las hostilidades entre EE.UU. e Irán siguen afectando a los precios de la energía, eso presiona la inflación al alza y obliga al BCE a mover ficha otra vez, dejando la facilidad de depósito en el 2,50% para después del verano.
¿Por qué el BCE no querría quedarse en una sola subida?
Hay un matiz interesante que apunta ING: el banco central no quiere limitarse a una única subida este año. ¿La razón? Si sube tipos una sola vez, el mercado podría interpretarlo como una reacción de pánico, como si el BCE se hubiera precipitado. Una segunda subida, en cambio, reforzaría la narrativa de que la medida responde a una necesidad real para controlar la inflación, no a un impulso puntual.
No todos están de acuerdo con esta estrategia. Desde DWS advierten de que insistir en una política tan restrictiva podría ser un error, porque no ven presiones salariales significativas ni que las empresas estén forzando subidas de precios de forma relevante. Es decir, la economía no estaría dando señales que justifiquen tanto celo.
En definitiva, el jueves probablemente no habrá sorpresas, pero septiembre se presenta como la cita que de verdad importa. Y ahí, el desenlace del conflicto en Oriente Próximo puede acabar pesando tanto como cualquier informe de inflación.
