Aún en las ciencias más perfectas nunca deja de encontrarse alguna doctrina exclusivamente mantenida por el principio de autoridad
Santiago Ramón y Cajal
En 1884 Sigmud Freud, de 28 años, quiere renombre y sabe que solo lo puede conseguir con un gran descubrimiento. Así que vislumbra la posibilidad en la investigación acerca de los usos clínicos de la cocaína. En una carta de abril de 1884 escribe:
«He estado leyendo acerca de la cocaína… Un alemán la ha estado empleando para sus soldados, y ha informado que, en efecto, aumenta la energía y la capacidad para la resistencia».
Su idea era ensayar en casos de enfermedad cardíaca y de agotamiento nervioso.
«Estoy tomando regularmente dosis muy pequeñas contra la depresión y la indigestión con el más brillante de los éxitos».
Envía cierta cantidad a su novia Marta, para hacerla más fuerte y dar color rojo a sus mejillas, también la ofrece a sus amigos, colegas y pacientes. En junio escribe un ensayo en donde se refiere a la alegría y la euforia, que en nada difieren de la euforia normal de la persona sana… Se puede realizar un largo e intenso trabajo mental o físico sin ninguna fatiga… No registra absolutamente ansia alguna de volver a tomar cocaína.
Es Freud, un tipo que sabe mucho de temas de los que yo no tengo ni idea, tiene autoridad y por tanto, razón
Tendemos a pensar en la economía como una ciencia, en los economistas como científicos y en sus propuestas como recetas. Tienen autoridad y por tanto, razón. Podemos opinar desde nuestra ignorancia pero son ellos, quienes tienen la información y las soluciones.
Humildemente pienso que hemos tratado la crisis con cocaína, para hacerla más fuerte y dar color rojo a sus mejillas
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