Vivimos en lo que se denomina «un país desarrollado». Lo llaman así para diferenciarlo de los países tercermundistas o países en vías de desarrollo. Y, aunque nosotros pensamos que nuestros hijos ahora están a merced de muchos peligros, posiblemente mientras no han tenido la edad para ello, nunca han tenido que trabajar para vivir. Seguramente, han tenido una infancia feliz, han ido al colegio y han jugado con otros niños.
Esto nos hace muchas veces ajenos a otra realidad y es que en el mundo, cientos de miles de niñas y niños realizan trabajos que los privan de la educación, la salud, el tiempo de ocio y las libertades elementales. De ellos, más de la mitad están expuestos a las peores formas de trabajo infantil, como el trabajo realizado en entornos peligrosos, la esclavitud u otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas como el tráfico de estupefacientes y la prostitución, así como la participación en conflictos armados.
