Erase una vez un hombre que se encontró una lámpara maravillosa con un genio dentro y le dijo «Te concedo un deseo» y este le dijo «Quiero no enfermar nunca» a lo que el genio le concedió el deseo y le hizo autónomo.
Seguramente si Zapatero se encontrase con el genio, no le pediría ese deseo (ya que no recuerdo haberle visto nunca enfermo) lo más probable es que con los datos de ayer pidiese «una tasa de paro cero». Como suele ocurrir en la ficción y en los chistes, los deseos del genio suelen estar bastante envenenados.
Aunque parezca que una tasa de desempleo igual al 0% sería magnífica para los ciudadanos de un país, tener un poco de desempleo es en realidad deseable. Para entender por qué, es necesario analizar los tres tipos (o causas) del desempleo:
- Desempleo cíclico se define como aquel que tiene lugar «cuando la tasa de desempleo se mueve en dirección opuesta al crecimiento del PIB. Por tanto, cuando el crecimiento del PIB es pequeño (o negativo), el desempleo es elevado.» Cuando la economía entra en recesión y se despide a los empleados, tenemos un desempleo cíclico.
- Desempleo friccional: Es el que tiene lugar cuando la gente cambia de trabajo, carrera o ubicación. Si una persona decidiera dejar su trabajo para dedicarse a la música, consideraríamos que se trata de desempleo friccional.
- Desempleo estructural: Corresponde técnicamente a un desajuste entre oferta y demanda de mano de obra (trabajadores). El desempleo estructural se debe con frecuencia a un cambio tecnológico. Si al introducir los reproductores de DVD se produce el desplome de las ventas de las grabadoras de videocasetes, muchas de las personas que los fabrican se quedarán sin trabajo de repente.
Al analizar estos tres tipos de desempleo, podemos apreciar por qué tener algo de desempleo es algo positivo.
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