Esta imagen pertenece a uno de los artículos del número de Noviembre de Bloomberg Magazine que explica el “renacimiento” de los hedge funds, los fondos de cobertura (según su traducción literal) que en realidad son un instrumento especulativo de primer orden en el mundo financiero. Sus gestores aprovechan su dominio de los derivados para multiplicar las posibilidades de beneficio, ya que exigen menos desembolso de capital que los mercados de contado. Los derivados, curiosamente, nacen en el mundo agrícola, con los futuros que surgen porque permiten al agricultor un precio mínimo al que colocar su futura cosecha y al comprador un coste máximo para el producto meses antes de la transacción real. Chicago fue donde nació el primer mercado de futuros en 1884 limitado a productos básicos, mucho antes de que se negociaran en tipos de interés o en bolsa, al igual que las opciones. En un primer momento eran instrumentos utilizados -como los seguros- para reducir los riesgos de la economía real, pero en el siglo XXI muchos -como Warren Buffet declaró no hace mucho – creen que los derivados son armas de destrucción masiva.
Volviendo a los hedge funds, como en casi todo, generalizar es muy inexacto y todo tiene dos caras -al menos- pero es interesante intentar entender cómo funcionan. Voy a poner los dos ejemplos de gestión más famosos, que aún persisten, relatando dos hechos que tuvieron una importancia histórica tan notable a finales del siglo XX que su influencia aún pervive:
-El llamado método Soros.- Reconoce que él gana dinero aprovechándose de la ineficiencia e irracionalidad del mercado, de la “ignorancia de millones de inversores porque el espíritu humano es proclive a la euforia y el desfallecimiento”. Esa es la filosofía de su famoso hegde fund, intentar ser más listo que los demás participantes en los mercados intentando adivinar el comportamiento de éstos, digamos que su mejor arma es la información (análisis fundamental) y la psicología de masas. En 1992, aunque el volumen de negociación diario de la libra era de 1 billón de $, con 10 mil millones de $ consiguió forzar al gobierno a devaluar la libra, entonces anclada por los lazos de la UE al valor del marco, lo que la hacía estar sobrevalorada para desgracia de los propios británicos. En este caso él ganó muchísimo dinero aprovechando una ineficiencia del mercado que muchos economistas ya habían visto. Curiosamente su apuesta –por supuesto egoísta- ayudó a Reino Unido ya que, como ocurre en la actualidad, una divisa más barata para un país exportador era algo deseable.
Demostró que un especulador inteligente y con capital podía vencer a un banco central, a un gobierno y a unos acuerdos económicos internacionales, un antecedente peligroso y que demostró hace casi 20 años el inmenso poder de los mercados financieros.
El ejemplo de Soros –nadie, ni él, es inmune a los vaivenes- no significa que no haya miles de apuestas diarias equivocadas, al igual que las hay económicamente dañinas y también beneficiosas. La apuesta especulativa que consiguió expulsar a la libra del Sistema Monetario Europeo es una de las pocas jugadas que han llegado al gran público pero es imposible conocer la influencia –positiva o negativa- que a lo largo de los años han tenido los comportamientos de algunos gestores de hedge funds en su búsqueda del mayor beneficio para sus clientes… y de su bonus de fin de año, claro. Precisamente buscando la perfección se intentó eliminar esa subjetividad e irracionalidad humana utilizando la capacidad predictiva de las matemáticas, calculando que en un sistema perfecto sólo habría un desplome bursátil 1 vez cada 4 millones de años, eran:
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