El Jueves pasado, la gente de Unience me invitó a ver la peli de Wall Street 2, la secuela del clásico de Oliver Stone de 1987. La película ha de tomarse como un mero entretenimiento que toma como base la crisis financiera, no esperemos un tratado sobre el capitalismo, porque no lo es. Veamos que nos cuenta la crítica de El País.
Paradigma del tiburón de cuello blanco de unos años ochenta regidos por la ley de la codicia desaforada y del subidón especulador, el Gekko que aquí reingresa en la vida civil se reformula como gurú financiero sobre el paisaje de un preapocalipsis económico propiciado por formas más sofisticadas y amorales de sí mismo. Cuando Stone comenta, con la imagen de unos niños jugando en Central Park con pompas de jabón, la secuencia en que Frank Langella le expone a su discípulo (Shia LaBeouf) la teoría de las burbujas financieras, incluso el espectador más cándido intuye que la película no va a esforzarse demasiado para ser tomada en serio. No es, pues, una lúcida disección de la crisis, sino la respuesta crepuscular -pero de final incomprensiblemente optimista, y ultrakitsch– al modelo de western con agentes de Bolsa que podría haber fundado el primer Wall street.
Sin duda, lo mejor de esta película es que te obliga a ver de nuevo la primera parte, los años en el que los brokers Newyorkinos eran los gurús a emular por los jóvenes de medio mundo, en el que los inversores mandaban a los ordenadores y no al revés, cuando los móviles tenían el tamaño de un ladrillo y cuando se fumaba en los hospitales. Muchas cosas han cambiado desde entonces, aunque muchas también siguen igual…
Me pareció muy interesante ver como el protagonista de la película daba una gran importancia a una ilustración sobre la Tulipomania (la burbuja de los tulipanes), me recuerda de alguna manera a lo que hacen algunos cuando quieren adelgazar y se ponen un foto, con algunos kilos de más, en la nevera. Es imprescindible, tanto para los especuladores profesionales como para los inversores particulares, tener en mente siempre los errores cometidos tanto por nosotros como por los demás en cualquier momento histórico. Por otro lado, hay que ser realista sobre la causa de la crisis y es algo que Gekko lo deja claro, la culpa de la crisis a la codicia de la sociedad entera. Mientras escribo este artículo, estoy escuchando en la radio el programa de Carlos Herrera en Onda Cero y entrevistan a un minero, una profesión que parece estar en las antípodas de la banca, el entrevistado habla acerca de lo golosa que es la mina, lo bien que pagan las horas extra por lo que uno intenta trabajar, arriesgando incluso su propia salud. No hace falta irse a Wall Street para encontrar la codicia, la tenemos en todos lados y la codicia en si no es mala, es la que nos permite alcanzar muchas de las metas que nos ponemos, pero la codicia puede convertirse en algo dañino, tanto para la sociedad como para uno mismo. Esta es la base de ambas películas y como esta codicia te puede llevar tanto a lo más alto como al mismo infierno en cuestión de horas.
Una vez vista la moraleja, pasemos a 5 lecciones más que podemos sacar de las 2 pelis de Wall Street
1. El dinero nunca duerme
Cita: «El dinero nunca duerme amigo. Acabo de ganar 800.000$ en oro de Hong Kong. Ha estado enganchado a ti, juega con ello. Lo hiciste bien, pero tienes que seguir haciéndolo. Te enseñé cómo funciona el juego, ahora el colegio se acabó.»
Lección: Esta frase la pronunció Gekko por primera vez en la película Wall Street original, cuando estaba enseñando a su protegido, Bud Fox (Charlie Sheen), cómo hacerse rico.
Es cierto, no obstante. El dinero nunca duerme. Mientras uno se va a dormir cada noche, el dinero sigue trabajando, ya sea a su favor a través de una inversión, o en su contra por medio de el tipo de interés sobre un préstamo.
La cita es particularmente cierta en mercados internacionales, porque allí la gente se levanta cuando uno está normalmente durmiendo. Droblo lo sabe y le veo conectado al foro desde muy temprano.
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