Ufano y satisfecho como el cuervo del viejo cuento se encuentra el ejecutivo tras lo que considera uno de los logros de su legislatura: la reforma laboral tan necesaria. Bajo su árbol se hallan, no ya el zorro, sino la legión de aduladores como grandes empresas, patronal, bancos, etc. lisonjeando la medida hasta que el trozo de queso le explote en la cara con los cada vez más alarmantes datos del paro.
Por mucho que se empeñe la plana mayor del ejecutivo la reforma llevada a cabo no funciona. Las cifras del paro han seguido aumentando porque las medidas adoptadas se enfocaron desde el punto de vista de abaratar el coste del despido, no para abaratar el coste del trabajo: a las empresas no les sale tan caro despedir como mantener los puestos de trabajo, a pesar de la bajada general de salarios habida.
Por ejemplo, imaginemos un empresario que desee contratar un trabajador al mínimo coste posible. Obviamente ofrecerá el salario mínimo: 752,85 € por 12 pagas (no 14 como es el dato que habitualmente aparece), por el cual cotizará a la Seguridad Social la cantidad mínima de 225,10 €. Además ha de tener en cuenta que este trabajador tendrá un mes de vacaciones en el que será sustituido por un trabajador temporal o por horas extras de sus compañeros, lo que suma 81,50 € mensuales. Por otro lado, la empresa debería prever un posible despido de este trabajador, lo que generará a la empresa un coste de aproximadamente una mensualidad más por año trabajado; suponiendo una posibilidad de cada tres de que este despido se produzca, supondría unos 250 € más anuales (casi 21 € al mes). Por último habrá que contemplar el coste de un seguro de convenio (si es obligatorio, dependiendo precisamente del convenio de la empresa) y de una mutua de accidentes, costes con gran variabilidad, pero que creo que pueden reflejarse con la cantidad de 25 € mensuales. Todos estos cálculos nos dan un resultado de 1.105,28 € al mes de coste para la empresa: un 47% más sobre el salario que percibe el trabajador. Es decir, la empresa paga casi un 50% más cara la miseria que ofrece a un trabajador. Traducido esto al principal motor del empleo de este país, que es la PYME, le supone normalmente un coste inasumible en estos tiempos tan inciertos, con lo que se suele arreglar con la plantilla que tiene, exigiendo horas extras que muchas veces no se abonan y, en momentos puntuales, con trabajadores sin contrato.



La renovación política que no llega tiene, además de muchas causas, muchos efectos que ya se están dejando notar. Así, es curioso que en estos momentos en que la sociedad presenta una falta de fe en la política y, sobre todo, en quienes la ejercen, se estén creando nuevas formaciones en un esfuerzo por llenar el vacío de credibilidad que existe con las actuales.