La semana en los mercados.

El mundo económico, incluidos los “siempreoptimistas” bancos centrales y políticos, parecen convencidos que el final del 2010 será peor que el primer semestre y que está habiendo, cuando menos, una “desaceleración de la recuperación” ahora que sabemos que oficialmente la recesión en los EUA acabó hace 15 meses. Me quedo con las palabras de K. Rogoff, execonomista jefe del FMI;

No hay varitas mágicas. Se tardó más de una década en cavar el hoyo actual, y salir de él también llevará tiempo, una recuperación lenta y prolongada con un paro constante y sostenido es la norma tras las crisis financieras profundas. Destinar grandes cantidades de fondos de los contribuyentes a mastodontes financieros no soluciona el problema más profundo de deshinchar la burbuja de una sociedad excesivamente endeudada. Los estadounidenses tomaron dinero prestado y se fueron de compras hasta quedarse sin aliento, en la creencia de que un mercado inmobiliario en ascenso constante limpiaría todos sus pecados financieros.

Despacio, con altos niveles de desempleo, pero da por hecha la recuperación.  Lo que no puede ser es lo del tal Niño Becerra, un economista que directamente se rinde y afirma que no le gustaría ser el vencedor de las próximas elecciones, dando por hecho que según él no hay solución se haga lo que se haga o que las medidas a hacer son tan dolorosas que no le gustaría hacerlas, ¿Para qué sirve entonces la economía, sólo sirve para diagnosticar problemas y no para solucionarlos? No se puede ser tan cobarde, con esa actitud no vamos a ninguna parte, la situación tiene solución y será dura, por supuesto, pero vivimos en un continente que se levantó tras dos guerras mundiales, y que es vecino de otros que tienen unas condiciones económicas peores y sin embargo tienen más esperanza en el futuro. Es cuestión de mentalidad, hay que dejar de pensar en cómo estábamos en 2006, la Historia a veces ha sufrido retrocesos que en algunos casos han durado siglos como tras la caída del Imperio Romano, ahora quizás estemos hablando en el peor de los casos de menos de una década de ajuste. En mi opinión lo mejor que nos puede pasar es que se reduzcan las deudas privadas por efecto del tiempo (España no tiene un problema por el volumen de su deuda pública, si acaso el estado lo tiene por avalar muchas deudas bancarias y responder por muchas empresariales), un lento des-apalancamiento coordinado con una gestión pública austera que intente no gastar más de lo que ingresa. Difícil pero la dificultad no nos debe llevar al desánimo ni a abrazar (y algunos hasta desear) teorías apocalípticas, si se tiene un diagnóstico y una solución y se cree en ellos, hay que desear que se apliquen. Mi temor es que si el camino para salir de esta crisis pasa por insistir en el gasto público irresponsable –estilo Obama- y presionar (desde los gobiernos vía subvenciones y los bancos centrales vía liquidez masiva y barata) para que los consumidores volvamos al nivel de gasto pre-crisis, aquel que sólo se pudo mantener con un endeudamiento masivo, entonces sí que entraremos en un Depresión de duración y consecuencias imprevisibles y para la que España además está muy mal preparada por su alto nivel de paro, déficit comercial, baja productividad, obsoleto sistema productivo etc. etc. Por eso no creo que dé igual que un gobierno aplique unas medidas u otras, quiero soluciones, y no quiero que nadie se resigne y mucho menos que lo haga el próximo presidente del gobierno, sea del partido que sea.

Cambiando de tema, en esta fase de la crisis parece que se ha recrudecido la guerra política por las divisas, todos los bloques económicos quieren su moneda débil para favorecer las exportaciones que, como se ha comprobado con los datos de crecimiento alemán gracias al € débil, pueden mejorar el PIB sin aumentar el gasto público. Japón movió ficha vendiendo masiva y unilateralmente su propia divisa para abaratarla, Obama aprovechó esta circunstancia para presionar a China a que revalúe el yuan (China además de producir barato tiene un cambio de moneda muy competitivo) y el € salió fortalecido -¿perjudicado?- de toda esta situación a pesar de los problemas de Irlanda. Dejando aparte el problema del Yen, el caso chino es de difícil situación, cuando incluyes como actor económico mundial a una dictadura que sólo utiliza el libremercado cuando le interesa, poco se puede hacer. Los dirigentes chinos deciden el valor del yuan y la única respuesta ante su negativa de dejarlo fluctuar libremente o intervenirlo para que se aprecie es imponer aranceles a todas las importaciones que provengan de China, como defiende Krugman. Esta defensa del proteccionismo es doblemente peligrosa, primero porque China podría responder reduciendo sus compras de bonos norteamericanos ( Krugman cree que eso no tiene que ser negativo ya que debilitaría al $ pero perder al mayor inversor foráneo en deuda pública justo cuando el país emite más papel que nunca es cuando menos una postura muy arriesgada) y segundo porque, como defiende por ejemplo Mauldin, el consumidor y las empresas norteamericanas van a seguir encontrando más rentable comprar fuera del país que dentro,  si no es con China negociarán con la India, Vietnam, Taiwan… ya que el problema es la productividad. En cualquier caso es el tema de moda, que todos (Japón, los EUA, la €zona) quieren debilitar sus monedas –algo por otra parte imposible de ocurrir a la vez- y que el yuan se revalúe. Ya hace 6 meses que el Nobel Stiglitz advirtió:

En una guerra comercial no hay ganadores. Por ello, Estados Unidos debe tener mucho cuidado de no iniciar una en medio de una recuperación global incierta por popular que pueda ser entre los políticos cuyos electores están preocupados, con razón, por el elevado desempleo y por fácil que sea culpar a los demás. Desafortunadamente, la crisis global se gestó en los Estados Unidos, y el país debe voltear hacia adentro, no sólo para reanimar su economía sino para evitar una repetición.

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Paro

Desde que empezó la recesión estamos deseando que termine y como muy pocos imaginan que el futuro económico vaya a ser diferente al pasado, nos hemos convencido que las crisis son cíclicas y que como vienen se van, que ha habido otras muchas y el mundo ha seguido progresando. Ojalá sea así pero hay algunos … Leer más

La semana en los mercados.

Esta semana ha habido varios aniversarios: el noveno del 11-S, el medio siglo de la OPEP, los 2 años del crash de Lehman Brothers… pero han pasado desapercibidos los 3 años de la primera de muchas intervenciones de un banco central en Europa para salvar una entidad financiera privada: el Northern Rock, cuyo auxilio no … Leer más

La inflación como forma de pago

Me llama la atención que muchos crean que esta corriente que defiende la austeridad es nueva cuando sólo lo es para los políticos. Releyendo una semana en los mercados de hace 10 meses me encuentro con estas dos “perlas”:

Los déficits proyectados en el presupuesto de Estados Unidos son demasiado altos y son insostenibles, podrían forzar a un alza en las tasas de interés y alejar la inversión, a menos que el país tome medidas,

declaraciones del jefe de la oficina de presupuestos de la Casa Blanca.

El Premio Nobel de Economía 2005, el israelí Yisrael Robert John Aumann, no solo se manifestó en contra de los planes de rescate estatales a empresas en problemas a causa de la crisis global, es que cree que son inviables en el tiempo.

Aunque aún hay algunos autores como el Nobel Stiglitz que piden una segunda ronda estímulos mejor diseñados y el prolífico –y también Nobel- Krugman, pide que se amplíe el gasto público, parece difícil que les sigan haciendo caso. Y es que está muy cercano el error del gasto masivo mal enfocado que lo único que hizo fue “salvar el culo” a empresas ineficientes y pasar la deuda de éstas a todos los ciudadanos  Lo de ahora era inevitable y por supuesto afectará al crecimiento (Stiglitz piensa que el recorte del gasto público en Europa puede provocar la vuelta a la recesión) pero, ¿qué otra cosa se puede hacer, resolver una crisis de deuda aumentando más la deuda como se ha hecho hasta ahora? Me temo que eso, como dijeron los dos autores que cito cuando no estaba de moda decirlo, es “insostenible”.  Pero los políticos no son los únicos “cambiantes”, también lo es la reacción de los mercados, cuando en noviembre de 2009 la UE decidió que concedía prórrogas a varios países para mantener déficits públicos elevados: España y Francia hasta 2013, Irlanda hasta 2014 y Reino Unido ampliable a 2015, las bolsas reaccionaron al alza. Sin embargo, cuando ahora salen planes de recorte del déficit, también reaccionan subiendo. Y es que hace unos meses la clave era el crecimiento y ahora es la solvencia. Lógico teniendo en cuenta que nunca antes en una situación pacífica había habido tanta deuda pública emitida en relación al PIB:

La inflación como forma de pago 13

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La semana en los mercados

La semana en los mercados 15Cuentan en esta interesantísima web que durante la Guerra de Crimea en 1854, un tipo llamado Charles Lucas formaba parte de la tripulación de un buque de guerra británico cuando un proyectil cayó sobre la cubierta aunque no estalló. Éste comenzó a rodar y todos se tiraron al suelo convencidos de la inminencia de la explosión. En aquel preciso momento, Charles Lucas corrió hacia la bomba, la cogió (caliente como estaba) y la arrojó al mar. Explotó antes de llegar al agua por lo que parece claro que con su rapidez y valentía salvó varias vidas y posiblemente a toda la nave. Por esta acción fue merecedor de la primera Cruz Victoria (la máxima condecoración militar británica al valor) que se otorgó. Difícil encontrar una metáfora mejor de los casi 3 años que llevamos buscando a un “Charles Lucas” que no tema quemarse las manos y aleje de nosotros el proyectil -que amenaza hundirnos- llamado crisis.  Quizás el problema por el que no encontramos nuestro “Charles Lucas” que expulse de nuestra nave a la crisis es porque ésta no es un proyectil lanzado por nadie sino una explosión interna motivada por la acumulación de peligrosas chispas cerca de nuestra santabárbara. Los optimistas dicen que ya hemos podido apagar el fuego y que sólo queda reconstruir, los pesimistas creen que aún hay demasiados incendios…la realidad es que al menos seguimos a flote. Pero no nos ponemos de acuerdo en cómo arreglar los desperfectos ni si afectan a la estructura -y por tanto a la viabilidad- del barco en el que navegamos sin rumbo definido.

Y es que se pueden discutir muchos datos y cifras, tendencias y encuestas, evolución de las bolsas y hasta del riesgo-país pero lo que es indudable es que el problema del paro sigue sin arreglarse. La semana pasada volvimos a ver cifras de destrucción de empleo –obviadas por los mercados, cómo no- tanto en España como en los EUA, manteniéndose las tasas  de parados muy cerca de los máximos de los últimos años y con expectativas de romperlos los próximos meses. Las cifras del país más poderoso del planeta frustran hasta al más optimista: 14.9 millones de parados oficiales, 8.9 millones de empleados a tiempo parcial y una cantidad indeterminada de personas que no salen en las estadísticas porque han tirado la toalla y no buscan trabajo. Las españolas son peores y la situación es más grave al no poder contar con el contexto internacional favorable, con una recesión global como esta sumada a una crisis interna propia, necesitamos más que nunca que la primera potencia económica sea la locomotora que tire del tren. La estadística histórica dice que la creación de empleo es lo último que se recupera tras una crisis…pero también dice que no es normal que tras tanto tiempo no se haya recuperado el consumo, ni la inversión, ni la confianza y que de hecho, estén empeorando las expectativas. Y me empieza a preocupar que el del paro sea un problema más estructural que cíclico, con unas raíces anteriores a esta crisis. David Rosenberg lo argumentaba hace meses ya:

En los EUA hay 129.5 millones de personas trabajando, exactamente las mismas que había en 1999. El número de personas en edad laboral aumentó en estos años en 29 millones, todos peleando por el mismo número de puestos de trabajo, y eso a pesar de todo el endeudamiento del país y de los tipos de interés históricamente bajos.

Nancy Folbre, profesora de economía en la Universidad de Massachusetts, dice que el desempleo es una cifra discutible pero no lo es el número de puestos ocupados; lo ilustra con el juego de las sillas: suena la música, crece la población pero las sillas son las mismas. Y claro, los salarios y las condiciones laborales van a la baja ante tanta oferta. No parece sea un problema que se vaya a arreglar en unos meses precisamente. El único consuelo es para los hipotecados a tipo variable: las estadísticas históricas dicen que la FED no sube tipos tras una recesión hasta el séptimo mes de datos de empleo positivo y nadie cree que BCE mueva ficha hasta que no lo hagan ellos.

Si la semana pasada comenté que el efecto elecciones de Noviembre en los EUA podía ser un factor que impulsara a nuevos estímulos gubernamentales, Obama me dio la razón con un nuevo plan de gasto (que aún debe ser refrendado), que ha sido criticado hasta por la ministra Salgado a pesar de haber defendido esa postura hasta mayo de este mismo año. La verdad es que es el debate de moda, destacando Krugman –que además de ser premio Nobel, escribe un blog que esta semana se ha sabido es el más leído entre los económicos- por su postura a favor de gastar más y olvidarse del déficit. Parece una irresponsabilidad pero él lo defiende con ejemplos como el irlandés. Irlanda ha sido ejemplar en su iniciativa de austeridad: Los salarios del sector público cayeron un promedio del 13%, se subieron impuestos pero sin afectar a la actividad comercial, la población aceptó con resignación el ajustarse los cinturones y adaptarse a los tiempos difíciles (no hubo ningún disturbio callejero ni huelgas ni protestas). Resumiendo –defiende Krugman- Irlanda está haciendo exactamente lo que le dijeron que debía hacer, siguiendo el camino diseñado para Grecia, Portugal y España, con una disciplina admirable y desde hace mucho tiempo. Pero esta semana su riesgo país ha alcanzado máximos históricos, así como el diferencial de su deuda respecto al Bund alemán. Eso sí, he de decir que el motivo no tiene que ver con la austeridad sino con la decisión del gobierno de asumir las pésimas inversiones de sus bancos creando un “bad bank” y que por salvarles a ellos puede hacer caer a todo el país y reconozco que es triste que los mercados no reconozcan el esfuerzo de la población pero sinceramente creo que si no hubieran aplicado todas esas medidas, seguro la situación de los irlandeses sería peor.

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Enron

Enron 17Esta vez no voy  comentar la historia de alguien meritorio como BarreirosBill Gates sino un resumen de un largo –casi dos horas- documental de 2005 titulado “Enron, los tipos que estafaron a América” que, a pesar de ser un tanto tendencioso y algo desordenado, me ha sorprendido por las similitudes que la gestión de aquella empresa tiene con la que a nivel general nos ha llevado a la actual crisis.

Kenneth Lay fundó en 1985 Enron, intentando rentabilizar la liberalización de la energía iniciada por el presidente Reagan (“el gobierno es el problema”) pero, contradicción que hoy vemos generalizada por ejemplo en la banca, aceptando con gusto las subvenciones estatales que su compañía recibía por internacionalizarse. El rumbo de la compañía –que en principio debía ser la típica compañía energética estable que tanto gusta al inversor conservador en bolsa- parece fue decidido por una malversación. Y es que en 1987 la filial Enron Oil reportaba unos beneficios extraordinarios debido a que altos cargos apostaban en el mercado de precios del crudo, aprovechándose de las propias reservas de la compañía para mover los precios. Estuvieron a punto, en una racha de mala suerte, de hundir Enron Oil, y en la investigación posterior se descubrieron documentos falsos y desvíos de fondos a cuentas personales. Kenneth Lay era consciente de ello pero como vio que esta estrategia tan arriesgada daba grandes beneficios no despidió a los operadores hasta que se vio obligado cuando uno de los responsables fue condenado a un año en la cárcel.

El caso es que a partir de ese momento la cúpula de Enron entendió que la especulación era más rentable que la gestión empresarial tradicional de una empresa de este tipo –redes, gasoductos etc.- y en 1992 ya era el mayor comprador y vendedor de energía del mundo. De fechas tan lejanas comienza una tendencia contable que marcará la historia de la compañía ya que valoraban expectativas de precios futuros –demostrables por los precios de estos productos, muchas veces manipuladas por ellos mismos- a las posiciones presentes, presentando unos beneficios irreales que acabarían generando un descuadre de la tesorería casi continuo. En esta época el fundador de Enron había cedido los poderes ejecutivos a Jeffrey Skilling, un personaje que sabía venderse a él mismo y a Enron muy bien a pesar de algunas tácticas no precisamente populares como por ejemplo despedir a más de un 10% de la plantilla cada año por votaciones del resto de empleados. Aunque fue el máximo responsable hasta unos meses antes de la quiebra, en la comisión parlamentaria que investigó ésta negó tener responsabilidad en el crash, al igual que otros directivos, y si bien un empleado íntimo amigo de Skilling se suicidó agobiado por los remordimientos, él aseveró que “No hice nada malo, en todo momento trabajé para el beneficio de la compañía”.

Otro factor que impulsó el amor al riesgo y el olvido de la economía real fue la fuerte tendencia alcista bursátil  de finales del siglo pasado, lo que motivó aún más la política de aumentar dividendos como fuera. El artífice de las cuentas era el director financiero Andrew Fastow, que durante años consiguió que una empresa que perdía liquidez, aumentara beneficios trimestre tan trimestre ocultando una deuda de 30 mil millones de $ con cientos de compañías fantasma que la escondían en sus propios balances. Hacía lo que sus jefes querían y además se embolsaba una buena comisión para él mismo. Llegó a vender a 96 bancos –algunos eran los principales del mundo- un fondo que sólo invertía en Enron, siendo él el responsable de ambas compañías y garantizado todo en una expectativa irreal de beneficios –repito- de una sola compañía. Es decir, no sólo el auditor, Arthur Andersen, cayó en la trampa: banqueros, abogados y contables hicieron la vista gorda, ¿tan ineptos eran o más bien es que todos cobraban? Parece lo segundo ya que se descubrieron mails entre empleados de los bancos que demuestran que sabían que los números de Enron no eran claros. De hecho, Merry Linch fue condenado a posteriori porque a finales de 1999 compró activos en Nigeria a Enron para devolvérselos a los 5 meses y que en ese tiempo desaparecieran del balance de la empresa. ¿Habría otras operaciones así que no salieron a la luz? Es difícil de entender que nadie se extrañara de un aumento constante de los beneficios cuando la realidad era la contraria ya que sólo era rentable el “power bróker” (un famoso lema publicitario de Enron), es decir, la intermediación, pero no compensaba las grandes inversiones en industrias y extracciones por todo el mundo que no daban beneficio. Por ejemplo, una enorme factoría en la India que siempre generaba déficit ya que en aquella época el precio al que podían vender energía a la población del país era más barato que el coste. En esa época la publicidad de Enron era similar a la de los bancos islandeses de hace dos años y la clave era más convencer a inversores bursátiles que a clientes ya que los bonus de los directivos estaban ligados y eran abonados con acciones. De hecho, semanas antes del cierre de trimestre milagrosamente siempre aparecían beneficios.

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