Se supone que un gobierno debe improvisar lo justo, sólo cuando suceden circunstancias imprevistas pero en España tanto el anterior como el actual parecen haber olvidado ese principio. El último episodio que ejemplifica esto es el tema de la luz: un sistema de subastas tan mal ideado que por ejemplo en abril de 2013 provocó una insólita bajada del 17%, sólo se cambia cuando este diciembre arroja una subida del 26%, ¿por qué no se cambió antes?. Podemos pensar que está bien esa intervención ya que ha moderado la subida de la factura de la luz pero es difícil justificar que un modelo creado por el gobierno se pueda anular a su antojo por lo que acabará o en un conflicto legal que es de esperar acabemos perdiendo –ya que ni la CNMC pudo encontrar pruebas de manipulación- o en una compensación “bajo cuerda” para evitar la reclamación. En cualquier caso, la chapuza ha quedado patente y como explica este artículo 2014 tiene toda la pinta de ser un “Annus horribilis” eléctrico.
Y es que el problema del coste de la energía eléctrica es mucho más importante de lo que parece. No atajar el alto precio de algo tan elemental tirará por tierra el afán de nuestros gobernantes empeñados en convertirnos en competitivos rebajando salarios, además de hundir aún más el consumo interno. Y el gran problema no está en las empresas sino en el PPPSOE que llevan años engordando una deuda –el déficit eléctrico- en nombre de todos y que todos debemos abonar. Poco importa ahora si esa deuda tiene sentido o no pero si el estado le debe dinero a alguien, se lo debemos todos. No pagarla sería como hacer default y recurrir a la nacionalización, además de la inseguridad jurídica que provocaría ya que sería ilegal, acabaría con la UE exigiéndonos unas compensaciones multimillonarias ya que no es de recibo expropiar a una empresa para no pagarle lo que le debemos. Así que el primer paso es acabar con el déficit de tarifa. Parecía que por fin en 2013 se iba a dar un gran paso para empezar a acabar con este problema pero llegó Montoro y como vio que si se hacía se incumplía el déficit, se volvió a postergar la solución.
