Vaya por delante que no soy de los que abogan por pagar entre todos los contribuyentes las malas inversiones o decisiones de financiación de la gente. Si cada uno no se enfrenta a las consecuencias de los riesgos que asume, el sistema incentivaría asumir un nivel inapropiadamente alto de volatilidad. Dicho esto, siento cierta proximidad con determinadas reclamaciones de una parte de los clientes bancarios que han salido a la calle a manifestar su situación.
Y menciono un caso real que me comentó una hija justamente indignada:
Mis padres de 80 años dependientes y con asistencia permanente, han visto como su caja les ha bloqueado sus ahorros, que tenían guardados para sufragar sus gastos de dependencia. Les colocaron con dolo participaciones preferentes y deuda subordinada.
Y este es un caso verídico de los muchos que se van conociendo. No estamos hablando de que se haya perdido dinero por una inversión que no ha salido bien. Se trata de que hay miles de ahorradores que estaban convencidos de tener su dinero en un producto igual de seguro que un depósito que han descubierto que en nada se le parece y ahora, en el caso de las participaciones perpetuas, o bien no pueden disponer de éste o se ven forzados a hacer un canje por bonos convertibles en acciones o similares que no les interesa.