Comentaba el economista John Kenneth Galbraith en su libro de El Dinero lo siguiente:

Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad cometiendo algún error espectacular

Está claro, que estos últimos años, por la cantidad de errores cometidos, están siendo el de «Los inmortales de la banca» y al igual que en la famosa película del año 86, «sólo puede quedar uno» y así lo hemos visto con la caída constante de bancos, como si fuese una lucha entre ellos para ser el elegido.

Quién sabe, si acabaremos como en la peli, con esta voz en off:

Lo has hecho muy bien, aunque te llevará tiempo continuar. Generaciones enteras nacen y mueren continuamente. Tú estarás con los que viven mientras quieras, los pensamientos y los sueños de cada hombre son tuyos ahora. Tienes más poder de lo que se pueda imaginar. Utilízalo bien, amigo mío, no pierdas la cabeza.

Como el resto de los mortales poco podemos hacer, nos limitaremos a aprender de ellos y que mejor manera que hacerlo de sus errores, hoy vamos a ver 5 lecciones financieras del desastre bancario.

No inviertas en lo que no entiendas

En los años previos a la crisis financiera, muchas instituciones financieras en auge invirtieron una barbaridad en obligaciones de deuda garantizadas, conjuntos de hipotecas troceadas de diversa calidad conocidas como CDO en sus siglas en inglés. Cuando el mercado hipotecario se vino abajo, los valores de las CDO se derrumbaron, empresas de Wall Street como Merril Lynch cayeron en picado. En retrospectiva, está claro que las empresas no entendieron los riesgos inherentes a las complejas CDO. Lamentablemente, los inversores individuales que invirtieron en títulos que no entendían también se pueden encontrar emboscados por las grandes caídas de sus inversiones.

A nivel personal debemos saber siempre dónde va el dinero, qué retorno razonable puede obtener, cuánto riesgo está asumiendo, cuánta volatilidad hay en la inversión y si se trata de una inversión adecuada para ti. Si no lo sabemos, podemos meternos en líos. Si el del banco no es capaz de explicarte la inversión para que la entiendas, entonces es que ni él mismo la entiendas.

En definitiva, si a los mejores bancos de inversión se la colaron con los CDOs y demás siglas ¿Qué no harán contigo?

La prosperidad repentina de las inversiones son peligrosas

Durante el punto álgido del auge inmobiliario, muchas instituciones estaban tan preocupadas por perderse esta prosperidad que subestimaron seriamente, y en algunos casos ignoraron, los riesgos. Lamentablemente, las grandes instituciones no fueron las únicas que se quemaron en la cuestión inmobiliaria a medida que la crisis financiera se extendía.
Normalmente los inversores individuales ignoran el riesgo porque temen perderse grandes ganancias. Cuando hay mucho debate en la calle sobre una inversión se traslada mucha presión sobre el inversor medio, que siente que necesita participar o se lo va a perder. Recuerda, si tu vecino te habla de una inversión, ya es demasiado tarde.

La caída nunca está tan lejos como uno se imagina

Las más grandes y brillantes  mentes financieras de Wall Street, no la vieron venir. Auténticos lumbreras financieras, como Warren Buffett y a Alan Greenspan, admitieron que no se habían dado cuenta de las señales de advertencia. Tanto los poderosos corredores de Wall Street como los inversores individuales, se ven sorprendidos con mayor frecuencia de la deseada por algún tipo de crisis, bien sea una estafa piramidal a lo Madoff o una guerra en algún país con petróelo. No las vemos llegar. Incluso cuando hay gente llamándonos la atención sobre lo que está pasando, hay tantos incentivos para seguir la corriente que la gente no presta atención.
La mejor manera para evitar arruinarse en una crisis es invertir sabiendo que la siguiente puede estar a la vuelta de la esquina. Todos pensamos que sabremos cuando salir, que de algún modo veremos una señal… Claro, soy más listo que Warre Buffet, que el pobre está ya muy mayor….

Demasiada deuda puede conducir a la ruina financiera

Una característica común de las empresas que quebraron durante la crisis financiera era la deuda excesiva. De 1978 a 2007, la cantidad de deuda en poder del sector financiero pasó de 3 billones de dólares a 36 billones de dólares. Lehman Brothers por sí sola quebró con una deuda de 613 mil millones, según su expediente de quiebra.
El problema de tener tanta deuda es el coste de atenderla. Afrontar los pagos del principal y los intereses pueden dispararse más allá de la capacidad de una empresa para pagar. Muchos ciudadanos también sufrieron los efectos desestabilizadores de la deuda excesiva, que es especialmente peligroso en una economía donde los trabajos de las fuentes de ingresos de los hogares están en peligro. Tener crédito disponible es algo fantástico para un consumidor. Permite tener mucha flexibilidad, lamentablemente, puede volverse contra uno rápidamente y de forma desmedida. Y es especialmente cierto con la deuda a tipos de interés variables, algo demasiado común en nuestro país. En tiempos de subidas de tipos, endeudarse más para pagar las deudas es como echar gasolina para apagar un fuego.

La liquidez es la clave

American International Group, conocida como AIG, se convirtió en una palabra muy conocida después del rescate del gobierno al gigante de asegurador con miles de millones de dólares de los contribuyentes. Dos fueron los factores principales para su caída: AIG aceptó asegurar cantidades masivas de títulos respaldados con hipotecas cuestionables a través de permutas de cobertura por impago, y le faltó el efectivo circulante suficiente para cubrir sus gastos si los acuerdos iban mal.
Pero los gigantes de Wall Street no son los únicos que sufren en ocasiones de reservas de efectivo inadecuadas. También los sufren los inversores individuales si no tienen efectivo cuando los mercados van mal. Cuando se necesita dinero, uno se podría ver forzado a liquidar activos en un entorno de mercado verdaderamente desfavorable. Por tanto la clave es o bien tener efectivo a mano o bien tener inversiones líquidas, de nada nos sirve que nuestros ahorros estén en una casa que no podemos vender en 2 años.

Como veis al final tanto los grandes cerebritos financieros como cuaquier currito que paga con dolor su hipoteca acaba cometiendo los mismos errores. Lástima que las reponsabilidades y los daños sean tan distintos…