Algunos dan por muerto al Euro al igual que muchos han dado por muerto, varias veces, al dólar y lo único cierto es que las monedas «globales» o de reserva, van y vienen casi a la misma velocidad que sus imperios.
Ironías de la vida, el dracma de plata, emitido por la antigua Atenas en el siglo V a.C., fue problablemente la primera divisa que circuló extensamente fuera de las fronteras de su estado emisor, seguida del áureo de oro y del denario de plata emitidas por Roma, incluso las divisas ateniense y romanas circularon de forma simultánea durante algún tiempo. El dominio de las monedas emitidas por Roma acabó cuando el largo ciclo de inflación que caracterizó la economía del Imperio Romano desde el primer siglo d.C. hasta comienzos del siglo IV condujo a una devaluación continuada de las mismas, dando lugar a que fuera cada vez menos aceptadas fuera del Imperio Romano. En última instancia, el áureo se apreció por su peso más que por su imputado «valor nominal», cotizándose más como una materia prima que como una divisa fuera del Imperio Romano y abriendo camino al pesado sólido de oro del Imperio Bizantino que se convirtió en la divisa dominante en el comercio internacional del siglo VI.

