El Banco Central Europeo mantiene la cautela y confirma que el actual nivel de los tipos de interés en la eurozona es el apropiado dadas las condiciones actuales. Así lo ha afirmado Luis de Guindos, vicepresidente del organismo, quien ha recalcado que las decisiones futuras seguirán guiándose exclusivamente por los datos económicos, sin trayectorias predefinidas. Es decir, si el escenario cambia, también lo hará el rumbo del BCE.
Tras varios trimestres de inflación moderándose y con el euríbor a 12 meses en torno al 2%, el mercado da por descontado que no habrá más subidas y que los tipos han alcanzado ya su techo. El BCE, sin embargo, insiste en no dar por hecho ningún movimiento. Guindos ha recordado que aún existen incertidumbres importantes, como las tensiones geopolíticas, los acuerdos comerciales pendientes o la evolución del tipo de cambio. Todo ello puede condicionar la inflación en los próximos meses y, por tanto, la política monetaria.
Uno de los elementos que más preocupa al BCE es el posible desfase entre la percepción de los mercados y la realidad económica. Guindos ha señalado que los activos financieros, especialmente la renta fija, presentan valoraciones muy ajustadas, con primas de riesgo extremadamente bajas. Esto podría indicar una complacencia excesiva de los inversores, que confían en que las rebajas de tipos en Estados Unidos seguirán, que los conflictos comerciales se disiparán y que el crecimiento no se verá afectado. Pero el BCE ve estos supuestos con escepticismo.
En paralelo, la situación del sistema bancario europeo parece estable. Según Guindos, los créditos dudosos están en niveles históricamente bajos y el coste del riesgo ha caído de forma notable, lo que ha permitido una mejora en la rentabilidad del sector. Aun así, advierte de que el entorno sigue siendo frágil y sensible a cualquier shock externo, especialmente si llega por el lado fiscal.
Precisamente en este terreno, el BCE observa ciertos riesgos que van más allá de lo estrictamente económico. Por un lado, el aumento del gasto en defensa en Europa, que pasará del 2% al 3,5% del PIB, exigirá ajustes presupuestarios considerables. Y por otro, la creciente inestabilidad política en algunos países de la eurozona dificulta la elaboración y aprobación de presupuestos, lo que podría lastrar el cumplimiento de los objetivos fiscales.
En un contexto así, el mensaje del BCE es claro: prudencia. No hay intención de precipitar decisiones, pero tampoco de comprometerse con una senda concreta. La inflación ha bajado, pero no está todo hecho. Y mientras la política fiscal y los mercados no se alineen con ese entorno de estabilidad, el BCE mantendrá el pulso firme, incluso si eso implica sostener los tipos actuales durante más tiempo del previsto.
