Jackson Hole vuelve a ser el epicentro económico del verano. Desde este jueves, los presidentes de los principales bancos centrales aterrizan en Wyoming para asistir al simposio que organiza anualmente la Reserva Federal de Kansas City. El escenario, idílico; la tensión, máxima. Este año, más allá del título oficial —centrado en los mercados laborales y su evolución demográfica y productiva—, los focos están sobre Jerome Powell, que llega al encuentro con la presión directa de Donald Trump y la economía estadounidense lanzando señales contradictorias.
Powell comparecerá el viernes, y los mercados esperan cualquier gesto que anticipe el rumbo de los tipos de interés en EE. UU. La última reunión de la Fed mantuvo sin cambios el tipo de referencia, pero las cifras de empleo e inflación recientes han abierto la puerta a un posible recorte. Lo que diga o insinúe Powell en su intervención será clave no solo para Wall Street, sino para todas las economías endeudadas que aún dependen del dólar barato.
La reunión se produce justo un mes antes de que el comité de la Fed vuelva a sentarse, el 17 de septiembre. Hasta entonces, los datos macro —y las palabras que salgan de Jackson Hole— pueden mover expectativas. Las presiones de la Casa Blanca añaden un componente político inusual: Trump ha redoblado sus ataques personales contra Powell en los últimos meses, lo que añade ruido a una Reserva Federal que insiste en defender su independencia.
El simposio también marcará el regreso público de Christine Lagarde, que hablará el sábado en representación del Banco Central Europeo. Su última aparición pública fue en julio, tras una reunión en la que el BCE optó por no mover ficha, dejando los tipos en pausa. Europa espera alguna orientación de cara al 11 de septiembre, cuando se volverá a revisar la política monetaria, en un contexto donde el euríbor ha vuelto a descender y el crédito empieza a dar señales de reactivación.
Aunque el foco mediático está en Powell y Lagarde, Jackson Hole funciona también como termómetro global. Las reuniones informales, las conversaciones de pasillo y los discursos improvisados han adelantado en ocasiones giros de guion que luego marcaron años enteros de política monetaria. En un momento en el que las grandes economías parecen haber salido del pico inflacionista, el reto ahora está en sostener el crecimiento sin volver a recalentar la demanda.
Para los hipotecados europeos, este tipo de encuentros no son solo un ejercicio teórico. Lo que diga Powell influye de forma indirecta en las decisiones del BCE, y por tanto en el euríbor. Si la Fed recorta antes de lo previsto y Lagarde interpreta que hay margen, la senda descendente del índice de referencia podría acelerarse. Hoy por hoy, se sitúa en torno al 2 %, una cifra que alivia, pero que aún queda lejos del entorno cero al que muchos se acostumbraron durante más de una década.
