Como vimos el otro día, el origen de la propiedad privada es la base de nuestro sistema económico desde la Prehistoria pero desde entonces, y a pesar de la evidente evolución tecnológica, la Historia avanzó muy despacio… hasta que no llegó la Revolución Industrial. La aceleración de la mejora económica en el mundo empieza ahí porque aumenta nuestra productividad. Entre 1500 y 1820, según datos reunidos por el difunto Angus Maddison, la tasa de crecimiento anual del mundo fue de apenas un 0,32%, y en grandes áreas del planeta no hubo crecimiento alguno. Desde entonces el crecimiento mundial medio ha sido del 2,25%. El que se iniciara en la única monarquía europea, la inglesa, que acabó con la tentación absolutista -ya en 1689- y en el que la separación de poderes se ejercía incluso antes de que los filósofos franceses -inspiradores de la Revolución de un siglo después- hablaran de ella, no es casualidad. Hay una gran relación entre sociedades abiertas y progreso económico y ambas variables se alimentan la una a la otra.

