Hoy tenemos con nosotros a Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la UAB, y habitual columnista en medios financieros. La verdad es que cuando me planteé qué preguntas hacerle a un catedrático de economía el principal dilema que me surgió fue qué no preguntar así que la mayor dificultad está en la selección que seguro no varía mucho de las que le suelen hacer sus propios estudiantes.
Usted ya avisó en 2008 que la crisis sería más grave en España que en otros países. Tres años después, ¿Cuándo cree que dejará de cumplirse ese vaticinio?
Los desequilibrios acumulados en la fase expansiva anterior en España, que se reflejan en una balanza exterior muy deficitaria que expresaba un excesivo endeudamiento con el resto del mundo que financió el boom de la construcción y del consumo, todavía no se han reabsorbido más que parcialmente. Ello hace más lenta la recuperación española de ritmos de avance del PIB en los próximos años
¿Podemos decir que hemos visto ya lo peor, tanto en España como en el mundo?
Continúo creyendo que lo peor en España lo dejamos atrás en algún momento de 2009, aunque a la luz de la crisis del euro de este verano y del frenazo de la economía americana no puede descartarse una segunda fase de reducción de la actividad.
Pero si la inversión pública debe reducirse para poder colocar nuestra deuda en los mercados, si las grandes empresas y bancos que disponen de más capital prefieren invertir en otros países, si las pymes apenas pueden acceder al crédito, si el consumo interno está lastrado por nuestras altas cifras de paro, ¿Cómo podremos crecer y cuando lo suficiente como para crear empleo?
Las bases del crecimiento de la expansión han desaparecido para no volver: crédito muy barato y muy abundante, choque demográfico (de nuestros baby boomers y de la inmigración) y, finalmente y como combinación de esos dos factores, explosión del mercado inmobiliario y del consumo privado. Además, el sector público también estuvo creciendo a ritmos más elevados que los del PIB. Estos elementos internos no van a regresar en, al menos, una década. Además, la expansión nos ha dejado pesadas mochilas: excesivo apalancamiento del sector privado (hogares, empresas no financieras y empresas financieras) y, ahora, excesivo endeudamiento público, junto a un sector de la construcción con un exceso de capacidad y producción evidentes y una tasa de paro de difícil reducción (de los 2,3 millones de empleos perdidos, 1,3 millones proceden de la construcción). En este contexto, la demanda interna va a crecer muy modestamente los próximos años. Y el avance del PIB hay que centrarlo en el sector exterior, cosa que ya estamos haciendo (tanto en mercancías como en servicios). Esos sectores son los que van a generar empleo y, aunque sea modestamente, en 2012 deberíamos generar ocupación neta, si la situación internacional no empeora sensiblemente.
Otro tema que nos preocupa mucho, ¿Es posible hacer frente al conjunto de nuestra deuda pública y privada manteniendo los pilares de nuestro “estado del bienestar”, ayudaría que se pudiera canalizar ese 20% del PIB que se dice es fruto de la economía sumergida para que aumentaran los ingresos fiscales?
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