¿Hay un mono loco en la cúpula de la banca?
Antes de que se me ataque de demagógico, que lo soy, quiero dejar bien claro que no tengo nada en contra de los banqueros y bancarios profesionales, serios, sinceros, legales y coherentes, con el mínimo de responsabilidad social que una democracia exige. Para el resto, que cada uno calibre su número, sí tengo cosas negativas que decirles.
Recientemente leía una noticia referente a que algunos bancos en el último año han decidido “buscar alternativas al desahucio”. Que bien. Muy amables, señores, decidir hacer algo cuando se han producido casi 300.000 embargos desde el estallido de la crisis.
A los altos directivos de una entidad financiera hay que exigirles, en una sociedad democrática, al menos 3 requisitos en función del poder que manejan y los sueldos que cobran:
- Integridad profesional.
- Capacidad de gestión del negocio financiero.
- Responsabilidad en caso de administrar mal los recursos de la entidad.
Por integridad profesional entiendo seriedad y responsabilidad es el ejercicio de su profesión, además de cumplir escrupulosamente con la ley y usos sociales. Ser y parecer honesto y capaz. ¿Hace falta mencione banqueros que no cumplen esta mínima premisa?
La capacidad de gestión abarca muchos aspectos, pero desde luego el mínimo es que el banco o caja no tenga que ser intervenido por destinar ingentes cantidades de dinero de sus depositantes en proyectos del todo faltos de expectativas razonables de rentabilidad. Que ahora no haya dinero para la economía real es culpa del nefasto uso de dinero en el ladrillo, sin los mínimos criterios de riesgo y prudencia.
La responsabilidad por una administración errónea, en provecho de unos cuantos o ruinosa, por acción u omisión grave, debería ser castigada de forma ejemplar. Si un empresario debe ser un ejemplo de responsabilidad, éste es el que maneja el dinero de los ciudadanos. ¿Conocemos muchos casos de gestores bancarios que hayan respondido de sus actos?
Dados la situación que estamos viviendo, con un sistema financiero que exige ingentes cantidades de recursos de todos, que tarde o temprano representarán más impuestos para el ciudadano medio (que no para las entidades financieras, visto lo visto), uno se llega a preguntar quién habita los áticos de los edificios centrales de la banca. ¿Un mono loco?, tonto, desde luego no, pero para sus propios intereses.
Ejemplos de maniobras dignas de un primate insano hay bastantes; en esta ocasión iba a comentar la noticia de que los bancos “buscan alternativas a los desahucios”, disculpad que me haya dejado llevar por la etología bancaria. Hace un par de años, que las entidades financieras deberían haberse sentado, juntamente con el gobierno de turno, para analizar las alternativas a dejar a centenares de miles de familias en la calle. No por razones humanitarias, sino económicas. Apropiarse de los hogares familiares no genera ingresos para la banca, aparte de los costes de gestión que conlleva.
Ya no hablo de generalizar la dación en pago ni las hipotecas marcianas, a tanto no creo que llegaran de mutuo acuerdo. Hubiera bastado con automatizar la carencia de capital durante, por ejemplo, 5 años. La cuota baja un 50%, se siguen pagando los intereses al banco y, al pasar este periodo, la deuda pendiente es la misma. Muy simple, el banco no pierde absolutamente nada. Y para las que esta solución no fuera posible, se adjudican la vivienda y dejan a la familia viviendo en la casa con un alquiler reducido, incluso a cuenta de la deuda pendiente que les hubiera quedado.
Un porcentaje pequeño de los propietarios serían malos pagadores compulsivos, pero sin duda sería un mínimo al que, en estos casos, no habría inconvenientes en desahuciarlos por el procedimiento de ejecución normal.
Ahora algunas entidades lo hacen de forma voluntaria, empachadas de casas que generan pérdidas diarias. Tal vez se hayan adelantado a la toma de decisiones de un mono loco, no lo niego. Mis dudas son si han superado en agilidad mental a un simio sano. Pero bueno, es una opinión como cualquier otra. Las familias que no tienen hogar, desde luego, no están para cuentos.
Escrito por Pau A. Monserrat el 14 de diciembre de 2011 con
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