Cualquiera que eche gasolina al coche con cierta frecuencia conoce esta sensación: en cuanto el petróleo se tensiona en los mercados internacionales, el precio del surtidor reacciona de un día para otro, el efecto es instantáneo. Pero cuando el crudo se hunde —como ha ocurrido estas últimas semanas—, la rebaja en la gasolinera llega con cuentagotas, céntimo a céntimo. Aquí pasa algo raro.
Lo que estamos viviendo estas semanas ilustra el problema mejor que cualquier teoría. El barril de Brent se ha desplomado hasta el entorno de los 73 dólares, su nivel más bajo en casi tres meses, tras la distensión del conflicto con Irán, la reapertura del tráfico por el Estrecho de Ormuz y una licencia estadounidense de 60 días que permite a Irán volver a vender crudo en los mercados. En apenas un mes, el Brent ha cedido alrededor de un 20%.
¿Y en el surtidor? La gasolina 95 ronda de media los 1,46 €/litro y el diésel se mueve cerca de 1,49 €/litro. Una bajada, sí, pero modesta (y debida en gran parte por la. rebaja de impuestos) y lenta en comparación con el batacazo del crudo. Esa desconexión entre la velocidad del mercado mayorista y la del minorista es exactamente lo que describe el efecto cohetes y plumas.
Qué dice la teoría: la asimetría que cumplió ya más de 30 años
El término «cohetes y plumas» nació en 1991, cuando el economista Robert Bacon estudió el mercado británico de carburantes y describió cómo los precios minoristas «suben como cohetes y bajan como plumas» ante cambios en los costes. Desde entonces, la literatura económica conoce el fenómeno como transmisión asimétrica de precios (asymmetric price transmission): el precio final reacciona rápido cuando el insumo encarece, pero se resiste a bajar cuando el insumo se abarata.
La idea de fondo es sencilla. Si el mercado funcionara de forma perfectamente simétrica, una subida y una bajada del crudo de la misma magnitud deberían trasladarse al surtidor con la misma velocidad. La realidad, en cambio, muestra un sesgo direccional: en condiciones de volatilidad, distintos estudios han documentado que la velocidad de ajuste al alza puede ser tres o cuatro veces mayor que a la baja.
Conviene una matización honesta: no toda la investigación encuentra asimetría en todos los mercados. Algunos trabajos sobre datos internacionales no hallan el efecto fuera de casos puntuales, y depende mucho del país, del periodo y de la metodología. Pero en mercados minoristas de gasolina, sobre todo en momentos de turbulencia como el actual, es uno de los patrones más reportados.
Las explicaciones: ni una sola causa, ni necesariamente conspiración
La pregunta del millón es por qué ocurre. Y aquí conviene desconfiar de la respuesta fácil («las petroleras nos roban»). Hay varios mecanismos, y casi nunca actúa uno solo.
1. Poder de mercado y competencia local. Donde hay pocas estaciones y poca presión competitiva —pensemos en una gasolinera de autopista o en un pueblo aislado—, el operador tiene margen para retrasar las bajadas. La asimetría es sistemáticamente mayor allí donde la competencia es débil o donde el conductor tiene pocas alternativas. En zonas con muchas gasolineras compitiendo, la rebaja llega antes porque alguien la usa como reclamo.
2. La «banda de inacción». Un trabajo reciente sobre el mercado estadounidense (2000–2023) describe un hallazgo elegante: existe un umbral por debajo del cual los movimientos del crudo son demasiado pequeños para mover el surtidor. Lo revelador es que ese umbral es asimétrico: las subidas pequeñas del petróleo se trasladan enseguida, pero hace falta una bajada bastante mayor antes de que el minorista recorte. El listón para bajar está, literalmente, más alto.
3. Costes de inventario y desfase físico. Entre el pozo y el depósito de tu coche hay refinado, transporte, almacenamiento y distribución. La gasolina que repostas hoy se compró hace semanas a un precio anterior. Cuando el crudo sube, el operador anticipa que su próxima reposición será más cara y ajusta ya; cuando baja, todavía tiene en el tanque combustible «caro» que quiere agotar antes de bajar precios. El desfase no es neutral: tiende a beneficiar al margen.
4. Comportamiento del consumidor (búsqueda asimétrica). Cuando los precios suben, el conductor busca activamente la gasolinera más barata: compara, se enfada, se mueve. Cuando los precios bajan, se relaja y deja de buscar. Esa menor presión de la demanda en la fase bajista permite a las estaciones sostener precios algo más altos sin perder clientes.
5. «Costes de menú» y precios pegajosos. Cambiar precios tiene una pequeña fricción operativa y psicológica. Sumada a las anteriores, contribuye a que el ajuste a la baja sea más perezoso.
El gran amortiguador: los impuestos
Hay un factor que en España (y en Europa) suaviza ópticamente toda esta dinámica: la fiscalidad. Una parte muy grande del precio del surtidor son impuestos —Impuesto Especial de Hidrocarburos más IVA— que son fijos o porcentuales y no se mueven con el Brent. El crudo es solo una fracción de lo que pagas; el resto son impuestos, margen de refino, logística y el margen del operador.
Esto tiene una consecuencia matemática importante: aunque el Brent caiga un 20%, el precio del surtidor nunca puede caer un 20%, porque buena parte de ese precio no depende del crudo. Conviene tenerlo presente antes de gritar al cielo: parte de la «lentitud» percibida es, simplemente, que el petróleo pesa menos en el total de lo que la intuición sugiere. Eso no anula la asimetría real —que existe—, pero la pone en perspectiva.
A esto se suma el efecto divisa: el crudo cotiza en dólares y nosotros pagamos en euros, así que el tipo de cambio EUR/USD puede amplificar o amortiguar el traslado al surtidor con independencia de lo que haga el barril.
Entonces, ¿nos están timando?
La respuesta sincera es: ni tanto ni tan poco. No hace falta una conspiración para explicar el fenómeno. Buena parte se debe a la estructura del mercado (competencia desigual, inventarios, búsqueda asimétrica del consumidor) y a la aritmética de los impuestos. Pero también es cierto que, donde la competencia es escasa, el operador aprovecha esa estructura para estirar el margen en la bajada. Las dos cosas conviven.
La lección práctica para el conductor es doble. Primero: en fases de caída del crudo como la actual, la rebaja existe pero llega con retraso, así que no esperes que el surtidor replique el desplome del Brent ni en velocidad ni en porcentaje. Y segundo: la mejor defensa contra la asimetría es justo lo que el efecto predice —comparar precios y crear competencia con tu elección—, porque donde el conductor busca, la pluma cae un poco más rápido.

Leí una noticia que decía que a partir del uno de Julio la gasolina podría subir hasta 30 centimos por litro si no se renovaban las medidas del gobierno, así que supongo que a fin de mes las gasolineras harán su agosto…
Aunque, la verdad, espero que este, por tantos «amado», gobierno (sarcamaso) prorrogue las medidas aunque sea un mes o hasta el fin del verano, si no a muchos se les van a fastidiar un tanto las vacaciones…
Como mi plan es, ha sido, y futuriblemente será el «staycation», pues…
Respecto a las subidas y bajadas, la explicación es más simple, avaricia aparte:
– Cuando sube, el importador sube el precio porque sabe que los próximos pedidos van a ser más caros de comprar.
– Cuando baja, aún le queda gasolina cara que vender, así que no puede bajar el precio hasta que haya vendido ese lote.
Pero, claro, nunca hay que descartar la avaricia…