Estajanovismo
Llegué a la primera clase, eran chicos de 3ero. de EGB. Me di cuenta de algo: me miraban ávidos de preguntar. ¡Dios! ¡Que sensación más agradable! ¡La máxima expresión de la curiosidad! ¡Desde que entré ya levantaban las manos! Fue precioso. Increible. Nunca se debería perder esa curiosidad, esas ganas de preguntar. Lamentablemente, el sistema educativo actual asesina la curiosidad innata de los niños. No está bien preguntar. No se puede criticar a la autoridad. Se debe aprender sí o sí, lo que otros han decidido que debemos aprender o que se supone que es interesante para nosotros, perdiendo por el camino la ilusión por las cosas que realmente nos gustan. En fin, dejémoslo porqué esto nos llevaría muchas horas. ¡Al turrón!
Esto es lo que nos contaba el autor del blog “Cerebros no lavados” tras dar una charla a unos niños de primaria y cuánta razón tiene, parece que llegados a una edad nuestra curiosidad se pierde y entramos en una etapa en la que más que aprender lo que nos toca es enseñar. Hacer las cosas cada vez más complejas porque las ideas sencillas suelen ser banales.
Así que me hice una pregunta ¿Cómo arreglaría la crisis un estudiante de bachillerato? ¿Qué se les enseña de economía para que puedan entender una recesión?. Buscando me encontré con un artículo en el blog de 1º de bachillerato de un colegio de Pamplona.
Hola a todos:
ayer os comenté algunas falacias de la Historia, y también hablamos de algunas verdades que hemos/han creído y que luego se han descubierto como falsas. Lo que aquí viene es el caso de un tal Aleksei Stajanov, un minero que extrajo en un día, lo que equivalía a 14 veces la extracción normal, pasándolo a la actualidad, pongamos que un trabajador de la Volkswagen es capaz de poner 100 espejos retrovisores en 8 horas de trabajo. Imaginemos que otro obrero pone 14 veces esta cantidad, es decir, 1400 espejos en el mismo tiempo.
Lo que para nosotros quizás sea impensable, ocurrió en una mina de la Unión Soviética, y este ejemplo fue exaltado por los dirigentes como algo imitable y ejemplarizante.
Esto dio lugar a un movimiento obrero socialista, llamado estajanovismo, y que propugnaba el aumento de la productividad laboral, basado en la propia iniciativa de los trabajadores.
El movimiento estajanovista comenzó en 1935 anunciado como una nueva etapa en la idea de la competencia socialista. Fue tan llamativo el caso, que su récord fue superado poco después por sus propios seguidores. El 1 de febrero de 1936, se informó de que Nikita Izotov había superado Stajanov.
En realidad, el movimiento estajanovista fue una maniobra propagandística. En 1988, el periódico soviético Pravda afirmó que se exageraron los ampliamente publicitados logros personales de Stakhanov – el periódico informaba de que Stakhanov había usado ayudantes en tareas de apoyo, mientras que los resultados sólo se los apuntaba él. No queda claro si Izotov hizo lo mismo.
Hoy en día, aún cuando hay trabajadores así, imagino que muchos compañeros (en determinadas empresas) le verían como algo “raro”. Sin embargo, recordemos que en Japón , cuando hacen huelga, trabajan más de 8 horas, para que haya excedente de producción y no se pueda vender el producto, con la consiguiente pérdida para la empresa. Aquí, cuando hay huelga, no se trabaja.
Distintas mentalidades.Pregunta para clase: ¿Pensáis que un trabajador que consiga 14 veces lo planificado por la empresa o fábrica en un día tendría cabida hoy en día? ¿Vendría bien en tiempos de crisis una política de enaltecimiento del trabajador o no están los tiempos para eso? Pensad un poco.
Como bien comenta el artículo, ese incremento de productividad fue una maniobra propagandística ya que ese incremento en 14 veces lo planificado lo realizó Stajánov junto con otras 6 personas. Lo cuál no deja de ser un engaño pero si hacemos números, vemos como de media los 7 obreros ¡duplicaron su productividad!.
Independientemente de que el movimiento fuese un fraude o no y de los números reales de producción, me gustaría haceros una pregunta y que me contestaseis con total sinceridad (y anonimato) en la zona de comentarios. ¿Podrías ser más productivo en tu trabajo?. No tienes por qué multiplicar tu producción por 14, basta con que se una 5%.
Éste va a ser el reto para la economía española, no trabajar lo mismo por menos, habrá que trabajar más por lo mismo y trabajar más no significa hacerlo más horas si no hacerlo de manera más óptima. De momento, parece que no lo estamos logrando ya que España pierde competitividad respecto a la zona euro en los nueve primeros meses del año. ¿Aceptarías trabajar más por lo mismo? (ojo, esto implica que te den los medios y formación para hacerlo)
Escrito por Carlos Lopez el 10 de noviembre de 2011 con
162 comentarios.


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Carles Capdevila / Periodista
Educar debe de ser una cosa parecida a espabilar a los niños y frenar a los adolescentes. Justo lo contrario de lo que hacemos: no es extraño ver niños de cuatro años con cochecito y chupete hablando por el móvil, ni tampoco lo es ver algunos de catorce sin hora de volver a casa.
Lo hemos llamado sobreprotección, pero es la desprotección más absoluta: el niño llega al insti sin haber ido a comprar una triste barra de pan, justo cuando un amigo ya se ha pasado a la coca.
Sorprende que haya tanta literatura médica y psicopedagógica para afrontar el embarazo, el parto y el primer año de vida, y que exista un vacío que llega hasta los libros de socorro para padres de adolescentes, esos que lucen títulos tan sugerentes como Mi hijo me pega o Mi hijo se droga . Los niños de entre dos y doce años no tienen quien les escriba.
Desde que abandonan el pañal (¡ya era hora!) hasta que llegan las compresas (y que duren), desde que los desenganchas del chupete hasta que te hueles que se han enganchado al tabaco, los padres hacemos una cosa fantástica: descansamos. Reponemos fuerzas del estrés de haberlos parido y enseñado a andar y nos desentendemos hasta que toca irlos a buscar de madrugada a la disco. Ahora que al fin volvemos a poder dormir, y hasta que el miedo al accidente de moto nos vuelva a desvelar, hacemos una siesta educativa de diez o doce años .
Alguien se estremecerá pensando que este período es precisamente el momento clave para educarlos. Tranquilo, que por algo los llevamos a la escuela. Y si llegan inmaduros a primero de ESO que nadie sufra, allá los esperan los colegas de bachillerato que nos los sobreespabilarán en un curso y medio, máximo dos. Al modelo de padres que sobreprotege a los pequeños y abandona los adolescentes nadie los podrá acusar de haber fracasado educando a sus hijos. No lo han intentado siquiera.
Los maestros hacen algo más que huelga o vacaciones, y la educación es bastante más que un problema.
Pido perdón tres veces: por colocar en un título tres palabras tan cursis y pasadas de moda, por haberlo hecho para hablar de los maestros, y, sobre todo sobre todo, porque mi idea es -lo siento mucho- hablar bien de ellos.
Sé que mi doble condición de padre y periodista, tan radical que sus siglas son PP, me invita a criticarlos por hacer demasiadas vacaciones (como padre) y me sugiere que hable de temas importantes, como la ley de educación (es lo mínimo que se le pide a un periodista esta semana).
Pero estoy harto de que la palabra más utilizada junto a escuela sea ‘fracaso’ y delante de educación acostumbre a aparecer siempre el concepto ‘problema’, y que ‘maestro’ suela compartir titular con ‘huelga’. La escuela hace algo más que fracasar, los maestros hacen algo más que hacer huelga (y vacaciones) y la educación es bastante más que un problema. De hecho es la única solución, pero esto nos lo tenemos muy callado, por si acaso.
Mi proceso, íntimo y personal, ha sido el siguiente: empecé siendo padre, a partir de mis hijos aprendí a querer el hecho educativo, el trabajo de criarlos, de encarrilarlos, y, mira por donde, ahora aprecio a los maestros, mis cómplices. ¿Cómo no he de querer a una gente que se dedica a educar a mis hijos?
Por esto me duele que se hable mal por sistema de mis queridos maestros, que no son todos los que cobran por hacerlo, claro está, sino los que son, los que suman a la profesión las tres palabras del título, los que mientras muchos padres se los imaginan en una playa de Hawai están encerrados en alguna escuela de verano, haciendo formación, buscando herramientas nuevas, métodos más adecuados.
Os deseo que aprovechéis estos días para rearmaros moralmente. Porque hace falta mucha moral para ser maestro. Moral en el sentido de los valores y moral para afrontar el día a día sin sentir el aprecio y la confianza imprescindibles. Ni los de la sociedad en general, ni los de los padres que os transferimos las criaturas pero no la autoridad.
¿Os imagináis un país que dejara su material más sensible, las criaturas, en sus años más importantes, de los cero a los dieciséis, y con la misión más decisiva, formarlos, en manos de unas personas en quienes no confía?
Las leyes pasan, y las pizarras dejan de ensuciarnos los dedos de tiza para convertirse en digitales. Pero la fuerza y la influencia de un buen maestro siempre marcará la diferencia: el que es capaz de colgar la mochila de un desaliento justificado junto a las mochilas de los alumnos y, ya liberado de peso, asume de buen humor que no será recordado por lo que le toca enseñar, sino por lo que aprenderán de él.