La fe del avalista de un préstamo hipotecario

La fe del avalista de un préstamo hipotecario 2Ser avalista de los hijos, de una pareja o de un tercero es un acto de fe. No de fe cristiana, pero sin duda de fe patrimonial.

Muchos padres han avalado a sus hijos, que compraban su primera vivienda junto a su pareja; en muchos casos parejas jóvenes y recientes. Un acto de bondad y confianza, dirán unos. Jugar a la ruleta rusa con la economía familiar, diría yo.

Avalar un préstamo hipotecario es poner a disposición del acreedor todo nuestro patrimonio presente y futuro, sin por ello adquirir ningún derecho en absoluto. Ni de propiedad ni de otro tipo. Lo único que podemos exigir al banco es que nos tenga informados de la situación de pago de la hipoteca, poco más.

Si la figura en si ya es exigente, las entidades financieras la endurecen aún más incluyendo en las escrituras el aval solidario, con renuncia a los beneficios de orden, división y excusión. En román paladín, nos colocamos en una situación frente al banco idéntica a la del deudor principal, renunciando al derecho que tendríamos como avalistas a señalar bienes del deudor para que se dirigieran primero contra éstos, o que la deuda se dividiera en tantas partes como obligados al pago hubiere.

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La importancia del perfil en las redes sociales

La importancia del perfil en las redes sociales 3La importancia que tienen actualmente las redes sociales en la sociedad que vivimos va aumentando día a día. Ya hemos hablado de la importancia que tienen las redes sociales en la búsqueda de empleo, en el sentido de que tanto empleadores como futuros empleados utilizan internet como fuente de información sobre los candidatos y sobre la empresa respectivamente, pero sorprendentemente, una encuesta de Manpower, revela que el 80% de los desempleados no cree que su perfil en las redes sociales pueda afectarles en un proceso de selección.

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Información, seguridad, estímulo y crecimiento

Información, seguridad, estímulo y crecimiento 5Imaginemos que al gobierno le da por ofrecer garantías de préstamos para todas las empresas que apuesten por el coche eléctrico, desde fabricantes de automóviles hasta talleres y parkings. Cualquier compañía, incluyendo las nuevas, podrían beneficiarse. El gobierno llevaría a cabo algunas auditorías aleatorias, sólo para determinar si la empresa en cuestión podría invertir el capital que obtuviese en proyectos reales  vinculados con coche eléctrio en vez de dedicarlo a otras cosas como sería bastante común en nuestro país.

¿No constituiría dicho programa un estímulo a la economía? Si el sector es medianamente atractivo, muchos emprendedores se lanzarían a la piscina y crearían en poco tiempo empresas con muy poco patrimonio neto y muchas deudas baratas garantizadas.  Dicho programa podría ser una forma bastante directa de estímulo fiscal. Aunque los políticos y los financieros se diviertan fingiendo otra cosa, el pasivo sigue siendo pasivo, y ofrecer garantías de préstamos a todos los que iniciaran proyectos arriesgados es, de algún modo, sólo una forma más de financiar un gasto del gobierno equivalente a las pérdidas esperadas del programa.

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